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lunes, 4 de abril de 2016

PRESENTACIÓN DEL CONCIERTO DE LA A.M. SAN JUAN DE BAILÉN

Debido al día en que se realizó, no he podido hasta hoy compartir con ustedes la satisfacción que me supuso que el pasado Viernes de Dolores la Agrupación Musical San Juan de Bailén contase con mi humilde colaboración para presentarles el concierto presentación que como cada año realizan de cara a la Semana Santa. Un concierto que fue algo más allá de la mera interpretación musical que contó con el baile de Beatriz Madueño, la saeta de Ana Carmona y la poesía de Francisco Antonio Linares. Un concierto además que venía de cierto modo a homenajear una efeméride especial para la formación musical como son los veinte años de la trasformación de la antigua banda de cornetas y tambores a agrupación musical, al estilo “Guardia Civil” como se le ha venido denominando a este estilo.
Tristemente no pude responder a un deseo de la banda por esta efeméride que era la de pregonar este acontecimiento, los diferentes encargos no me dejaron tiempo, pero pude sacar a ultísima hora un rincón para llegar hasta la misma Semana Santa envuelto en estos menesteres de la oratoria cofradiera, por ello, me sentí más que satisfecho de poder colaborar con esta formación que sin lugar a dudas forma parte de mi historia personal en el mundo de la cofradías y donde tengo la sonrisa y amistad de muchos de sus integrantes.
Por ello les dejo con los textos preparados para la ocasión y unos videos donde se me puede escuchar, los cuales grabó y tuvo la deferencia de realizar mi buen amigo Antonio Pradas aunque no tenga los audios de las marchas.

PRESENTACIÓN CONCIERTO DE SAN JUAN
Como olvidar, como obviar que tú formas parte de aquellos pellizcos que, siendo un niño, bajando de la mano de mi madre la calle al profesor Salcedo Guillen, levantaban esa sensación inenarrable que me anunciaba que se aproximaba aquella semana que no es una simple semana. Como olvidar con la pequeñez de mis sentidos como se entrecortaban entre la Limpia y Pura y la fuente del paseo de las Palmeras aquellos hombres que volvían a un reencuentro estipulado en los tiempos, sobre todo cuando lanzaban al aire cortos y escuetos sonidos del percutir en un parche de tambor o el agónico sonido musical que, como alguien acertadamente una vez definió, era la misma agonía de Cristo al trinar de cornetas en su semana de pasión.
Es mi recuerdo más patente de ti, al que los años irían sumando escenas y momentos para el recuerdo mientras te revestías de negra y verde túnica y dibujabas la estela perfecta tras el discípulo predilecto. Erais seguramente de sus más predilectos amigos, porque vuestra oración musical sin lugar a dudas le lanzó una de las señas de identidad más patentes al aquel jovenzuelo que se erige como el más antiguo vecino del viejo camino real. Cuantos años de música siendo el dosel perfecto donde le bordabas notas doradas al caminar del Señor bailenense, a su Santísima Madre y por supuesto, al que os sigue dando nombre. Cuantos años de música banda de San Juan, cuantos años de sentimientos, cuantos años deteniendo el tiempo cuando a través de vuestros instrumentos le hablabais a los sagrados titulares de esta tierra. Hoy me presto como humilde servidor de ustedes para venir a presentaros, y os lo aseguro para mi es mucho más que un honor, porque sin duda mi vida cofradiera no se puede escribir sin estar vosotros presentes. Pero tampoco estamos aquí para ello, porque vuestra alma lleva viva en Bailén más de medio siglo.
Pero dejándome tantas y tantas estampas voy a intentar situarme  en aquellos momentos decisivos que queréis conmemorar en el presente año, cuando ese viejo, plano y agónico sonido comenzó a declinar en busca de una mayor riqueza musical y mucho más allá, en la transformación de un colectivo que abandonaría los escuetos modos cuaresmales para lanzar esta bendita afición a una cultura que se cala por los huesos del alma cada día del año y cada segundo de vuestra existencia amarrados al amor de vuestro inseparable compañero, vuestro instrumento, para realizar la quizás música más especial de las que existen, aquella que se crea para mayor gloria, honra y veneración de Dios.
Como olvidar aquellas primeras marchas que rápidamente os hicieron más grandes en el sentir del bailenensismo cuando los perfiles del barco sanjuanero enmudecían y traspasaban a su paso cuando “La Saeta” o “Alma de Dios” rasgaba la fibra sensible del pueblo. Llegaron las trompetas, y después los trombones y las cornetas legionarias dieron paso a las do-re y el sueño acabó convirtiéndose en deseo cuando una estela de Pasión os enamoró allá por la ciudad renacentista a la que cantó Machado.
Sin cerrar los ojos aun puedo sentir los escalofríos en aquellas frías noches de enero, y no precisamente por el frío, cuando casi a escondidas, sentado sobre un banco de la estación de autobuses me dabais el placer de no tener que recurrir al cassette para escuchar aquellas marchas que vosotros trajisteis a Bailén. Sueños de este humilde capillita al que le daba igual el frío o que, el que pasara me preguntara que esperaba a esas horas, claro como decirle a cualquiera que estabas allí escuchando sones que me sabían a la misma gloria. Estaremos hablando de un periodo comprendido entre esos veinte años que ahora celebráis, en aquellos donde os admito que pensaba que nunca habría en Bailén una banda como la que vosotros decidisteis construir. Y así, quedándome absorto en aquellas melodías de “Oh, Bendita Estrella” o “Reina de mi Amargura” atronando en la techumbre metálica de la estación fuisteis creciendo y vuestras caras fueron haciéndose indispensables en mi memoria aunque os admito que muchas de ellas me hubiesen gustado que estuviesen aquí, porque hoy me dais la oportunidad de daros mi escueto homenaje y mi admiración por todo el duro trabajo que con los años habéis cargado, como cada cruz de nuestra existencia, a todas esas personas a las que de verdad se merecían que menos que mi aplauso. Como pasa el tiempo, cuantas caras nuevas, y lo que más me gusta es que sois jóvenes que estáis superando esos límites que antaño se ponían, que al hacerse hombres esto pasaba a ser como algo de niños. Hoy le dais más planta, más madurez, ya no es solo la ilusión de unos cuantos locos de las bandas e incluso la mujer bailenera también se siente música sanjuanera.
Vuestra música se fue calando cada vez más hondo por las arterias de la gracia en esta vieja Baecula y llegaron los uniformes, ¿recordáis que os decían que parecíais policías? Ahora que venga una banda a Bailén sin uniforme, a ver lo que dice Bailén de ellos. Fuisteis adelantados, la evolución en Bailén entró al compás de vuestra música y aquí seguís un año más presentándoos a vuestro pueblo al que lleváis por toda Andalucía grabando a fuego el nombre de esta legendaria tierra de batallas y sin olvidar el aliento, sea como sea de aquel que apoyó su cabeza en el pecho del Señor.
LA SAETA
Hoy apoyo yo la mía sobre el vuestro y me abro a lección teológica que con vuestra música nos brindareis y que mejor que volando a aquel punto de inflexión, a aquel punto de partida con una oración que escribió el mismo Machado y que Serrat le puso música para que las agrupaciones musicales la convirtieran en himno inconfundible del caminar musical del Señor en Andalucía. Cantar del pueblo andaluz, cantar vuestro para mayor gloria de esta Semana Santa, ¿Quién no se estremece aun con los años en la melancólica melodía? ¿quién no siente un escalofrió electrizante con la culminante fuerte tonada de las cornetas? No se ponen de acuerdo si fue para Granada o para Sevilla, porque su compás nació para un Dios de morena estampa. Resurge la historia, que volvéis a recrear en cada interpretación, alzar las trompetas y decirnos si se puede creer en el Dios que caminó la mar sin antes haber tenido siempre sangre en las manos, haced que una primavera más busquemos escaleras, banda de San Juan llevarnos a la gloria soñada de un Domingo de Ramos con “La Saeta”.

ORANDO AL PADRE Y ESTRELLA, REINA DE LOS CIELOS.
Y la búsqueda de aquel sueño hecho realidad trajo la universal música del estilo al que os inscribís. Apellidos que nos hablan de música para paso de cristo y con ellos para agrupaciones musicales comenzaron a sonar por estas calles apoyándose en los atriles de vuestras oraciones musicales, como el genio de José Manuel Mena Hervás. Os juro que para mí es un orgullo presentar por primera vez marchas de este músico de Dos Hermanas que sentó las bases de la evolución del estilo en los años noventa con su música al que he admirado desde que escuche por primera vez aquella “Oh Bendita Estrella”. Emblema sin duda del estilo, autor de muchas de esas marchas que os aprietan el nudo cuando tú Bailén te sumerges en el paso de las cofradías y San Juan le pone música. Aquel del que siempre se ha dicho que con el manejo de simples notas creaba sublimes oraciones sobre pentagramas. Oraciones al señor, porque los músicos tienen esa extraña forma de rezar con un instrumento cuando bajo los relentes de la noche hacen mella y la fatiga elevaba la mirada al que en lo alto de los pasos no declina su camino. En un momento así pudo nacer la primera marcha de las dos que nos van a interpretar con el sugerente título de “Orando al Padre”. Pero aunque sois lo que se viene a definir como bandas de pasos de cristo, a su Madre tampoco os la dejáis de lado, ella que es el enlace perfecto para que nuestras palabras las escuche su Hijo bendito. Ella que es la gracia inmaculada desde que plantó sus pies en este mundo, la alegría de los que encuentran el consuelo en la tierna mejilla de su cara. Sin duda la ternura de la Madre de Dios se sentirá en la amorosa melodía del maestro Mena Hervás que nos vino a decir con su música que la Virgen es el mayor lucero que nos ilumina desde el cielo, donde Ella es la Reina Soberana y sobre todo Nuestra Madre y en su título lo encierra todo… “Estrella, Reina del Cielo”.

PADRE NUESTRO
“El pan nuestro de cada día, y salud que nunca falte Señor, perdónanos. Que debajo de tu canastilla se olvida el rencor, y líbranos del mal y la tentación, amén”. Si Jesús nos enseñó como rezarle a Dios con el Padre Nuestro, la gracia cofrade también se sacó de la manga su personal Padre Nuestro cofradiero, el de la misa cofrade lo llamaron. No es que el sentido difiera mucho, pero el lenguaje de las cofradías se hizo rezo cantado para el que dentro de unas horas comenzará a caminar por Andalucía. Los Cantores de la vieja Híspalis nos enseñaron a rezar como cofrades y ellos le pusieron como siempre el compás. El clasicismo y la memoria me vuelve a sumergir en aquellas cintas de casete cuando las agrupaciones musicales rezaban con más ahínco el Padre Nuestro, ese que decía una gran verdad y es que debajo de un paso, incluso cuando una banda comienza a sonar, todo pasa a un segundo lugar, se masca una experiencia diferente, se arrima el hombro y todos somos más hermanos, la música hará nuevamente el prodigio de olvidar el rencor cuando el canto jubiloso nos lleve a rezar por las calles de Dios. Escuchen esta oración sin palabras, aunque tenga letra y vibren al compás escuchando y piensen en plural porque el que tienes al lado también es tu hermano para eso invocamos al cielo al que es Padre de todos haciendo sonar el Padre Nuestro.
ACOMPAÑANOS DESDE EL CIELO
Toc toc toc ¿Juan estas despierto?
-Pedro bien sabes que yo nunca duermo, que aquí solo hay luz y no tinieblas que levanten el sueño…
Es verdad amigo mío, pero es que ya sabes…
-Si Pedro llegó otra vez la hora.
Yo ya me he puesto mi túnica ¿y tú? ¿llevarás la bordada para las grandes ocasiones que te bordaron las hermanitas de los pobres?
-Si amigo, como siempre, de rojo y verde.
Estamos todos esperándote, el de la Sentencia nos ha concedido el permiso y el palco nos está esperando, pero bien sabes quien sin ti no nos sentamos ahora que podemos estar contigo para siempre. Aún quedan horas, aún quedan días, pero es que los chicos de la banda vienen a presentarse con la alegría de celebrar veinte años con esa nueva música con la que tanto disfrutas.
-Ay Pedro, ¿cuánto tiempo llevas aquí y aun sientes retazos de gloria que vienen desde la tierra?
Bien sabes que cuando aquel día estabas junto al Pescador de Hombres esperándome sentí la felicidad más grande de mi vida que hasta al jefe del universo aun siente cierta envidia, pero es que allí aprendí a quererte, no puedo olvidar como siendo la más humilde disfrutábamos de ti como si fueses el más grande, bueno que no se entere nadie, tú eres el más grande.
-Ay ¿mis baileneros sanjuaneros, que hice yo para ser tanto en Bailén? Que más tiene que deciros el Maestro para que prefiráis estar toda la eternidad charlando conmigo.
No sé San Juan, bueno, Juan, aun no me acostumbro a hablarte con tanta confianza. ¿No has escuchado a Paco Linares? Que está aquí su abuelo hecho una magdalena, por bajar aunque sea una vez nada más. Yo es que no se explicártelo, yo solo quiero que un año más te asomes con nosotros al balcón del cielo para que escuches lo que muchos sanjuaneros no puede gozar como nosotros que es tenerte bien cerca con la felicidad eterna por bandera. Ya sabes que allí abajo no entendieron muy bien porque tan pronto me vine contigo, si ellos supieran…que es estar contigo siempre disfrutando a tu vera. Ellos fundieron los metales con el amor y desde abajo me siguen hablando con el sentimiento de su música, qué menos que asomarme porque otra vez quieren que haga lo que hago siempre, como si a mí escucharlos me cansara que es estar siempre con ellos para eso me pidieron… Acompáñanos desde el Cielo…

SEÑOR DE SAN ROMÁN
Y para acabar os invitaré a vibrar como vibraba en aquellas noches frías de hace tantos años cuando un quejio de metal retumbaba en el eco de la techumbre de la estación. Os conté algunos ejemplos, pero era la siguiente marcha la que me hacía bajar un día si otro también. La piel de gallina envuelto en el abrigo cuando la instrumentación anunciaba su llegada y la cornetería presentaba la agonía del Dios moreno a quien está dedicada. El sosiego de la melodía que apagaba la mente para masticar cada matiz, de la trompetería y la gravedad de los trombones y nuevamente contestaba la agonía de ese tormentoso camino al calvario, la corneteria haciendo temblar la uralita y los vecinos cerrando las casas a cal y canto. Bendita música la que se perdían cuando la trompeta marcaba la templanza ante la apoteosis final cuando el llanto de Cristo hecho solo de corneta avisaba de que estaba por llegar ese sublime final que cada noche me llevaba a escucharos amigos míos para poder alcanzar esa gloria anticipada que volverá al volver una esquina. Qué mejor final a este día que con la que es mi marcha favorita, gracias San Juan por incluirla, gracias por darme el honor de presentarla e invitar Bailén a perderse en la gloria de sus compases. Marcha dedicada al que vive en un santuario con su duquesa, al hijo de María Angustias, la emperatriz morena, al dios de la morena estampa, al que se le quedan grabados en su túnica los rezos calés, al señor del yunque y el bronce, al que sus gitanos llaman Undebel y también Emmanuel, al que llega como llega siempre y siempre es diferente, al que cierra la Madrugá repartiendo salud, para eso es el Señor de la Salud, nazareno y gitano y al que le bailan con sones de Serrat y bulerías de aquella plaza que aun suena a su figura, siéntanlo con el estruendo final y quédense con el que fue y será por siempre el Señor de San Román…


lunes, 17 de agosto de 2015

EXPLOSIÓN DE FE EN CANTILLANA.

En el mundo de las glorias sabía desde hace años que en Cantillana tenía que pasar algo fuera de lo común con sus devociones letíficas, curiosa la circunstancia que una dolorosa sea la patrona y cómo se vive la desbordada devoción con dos glorias, cuanta fe repartida para poco más de diez mil habitantes. El día 15 de agosto, “día de la virgen de agosto”, era uno de esos días en que la procesión de la Virgen de la Asunción tenía que desprender un no sé qué como para que los ecos de una procesión de un pueblo pequeño traspase tanto los dominios capillitas andaluces y más allá. La Virgen sube al cielo en su festividad en Cantillana, la que da nombre a la parroquia, la que ocupa su altar mayor como durante toda la noche nos recordaban los cantillaneros que viven su fe, tal vez poco comprendida para los ajenos a su idiosincrasia, divididos en la pasión a María pero en un solo icono, como si las demás representaciones mundanas y artísticas de la Virgen no lo fueran… ni con la Macarena y Triana he visto algo semejante... Procesión obviamente de altas temperaturas que se desarrolla casi en la madrugada, motivo por el que hasta la fecha nunca me había decidido ir a conocerla cuando se tiene que trabajar al día siguiente. Este año cayó en sábado y además hizo un fresco que hizo más amena la visita.



















Me levantaba como cada sábado que trabajo a las 04:30, que yo no tengo días festivos, ilusionado de que la Asunción de Cantillana me quería cerca de Ella este año. La ilusión que se respiraba en el autobús, en excursión organizada por la hermandad de la Virgen de la Cabeza de Linares –gracias Mari Ángeles  por las atenciones- que nos recogía cerca de las tres y media de la tarde en la explanada del bailenés hotel Zodiaco y nos llevaba en un quizás largo viaje y algo caluroso hasta este rincón de la provincia de Sevilla. Me resultaba extraño contemplar el mismo camino de tantos días de gloria y no alcanzar la vieja Híspalis, sino quedarme en sus dominios pasando por algunos de sus pueblos que nunca había conocido. Cantillana era un pueblo normal andaluz de la baja Andalucía, pequeño, parecía impasible a cualquier fenómeno extraordinario, eso sí, engalanado por doquier con banderas azules y blancas, el color de los “asuncionistas”. En una plaza bajo la presencia imponente de la torre de su parroquia costaba asimilar lo que estaba por venir mientras los músicos de la Agrupación Musical “Muchachos de Consolación” de Utrera me trasportaban a aquellos años de músico durante tantos viajes por la geografía andaluza mientras afinaban sus instrumentos. Una empinada cuesta nos llevaba a una desértica iglesia donde en apenas una hora cambiaria todo y de qué manera. Tomando un refrigerio en una zona que da al mismo campo que nos habla de la condición agrícola de la zona, con la mismísima Torre Pelli en la larga distancia comenzó a palparse lo que entre unos y otros hablaban de lo que pasaba cada 15 de agosto en Cantillana.
Si por algo también es conocida, es por su cuadrilla y sobre todo por su martillo. Pasado todo lo que voy a intentar contarles pensé qué sería de aquello cuando quien dirigía a los hombres que ya comenzaban a aparecer de pantalón azul asuncionista, don Manuel Santiago Gil, Manolo Santiago para las eternidades costaleras cuando su sencillez y lenguaje lleno de gracia se entremezclara con la espontaneidad del pueblo cantillanero ante la Madre de Dios. Así comenzó todo cuando nos avisan que la iglesia estaba abierta y se podía entrar en ella. En el corto camino me encuentro a uno de sus costaleros, que a su vez es un grandísimo capataz cordobés, que puedo decirles si es mi voz delante del Santo Sepulcro de Córdoba. Curro, costalero de los Santiago se preparaba para darse otra chapuzón de Asunción. Ya en la igualá del “muerto”, que venía de una extraordinaria de la Asunción me hizo ver que la Asunción de Cantillana tenía que tener algo demasiado especial. Y su gente –Arce, Gallardo, Sony, etc…- por todos lados, en el interior de la iglesia, incluso portando medallas de la hermandad. Manolo Santiago les brindó conocer esto y ellos se enamoraron de la Asunción para siempre.
Ya en el interior comenzó todo, la belleza de la misma, el altar de cultos en el altar mayor y la Virgen detenida esperando tomar vida para llenar de vida a todo sus devotos, que como ellos les aseguro que no he visto otros, supongo que la Virgen será muy feliz cada día 15 de agosto con sus cantillaneros porque muestras de amor desbordado como esas pocas he visto. Un pueblo pequeño que mostró una personalidad y un nivel de acogimiento de sobresaliente. Nunca nos sentimos extraños, parecía como si fuésemos por Sevilla que no saben quién es quién, ¡qué digo!, en Sevilla me han dicho fuera que no eres del barrio y allí éramos todos iguales, como en esas burbujas benditas, las que la Virgen ya tenía formadas en el interior de la casa de Dios. Se podía ver salir el paso desde dentro, y digo bien, en lugar de cortejo, porque esta procesión traspasa las fronteras de lo popular. Así como se los cuento, no había cruz parroquial, ni cortejo, ni simpecado, ni ciriales y de eso tenían y de los buenos. Las varas corporativas se perdían y se balanceaban entre la bulla que rodeaba siempre al paso. Pueblo engalanado, detalle que me encantó, los hombres de traje aunque hubiesen alcanzado el termómetro los 50 grados. Visita en la iglesia a la Divina Pastora, y no me gusta decirlo así… “la rival” y a una hermandad penitencial, la Misericordia, donde rápidamente advertimos por improntas que el crucificado seria de Lastrucci y la dolorosa de Buiza, luego tranquilamente he podido comprobar que es la hermandad que tiene el antiguo paso de las Penas de San Vicente, curioso, después en la calle me presentaron a un excostalero de esta hermandad de la capital.
Pero había que conocer el don de la Asunción de Cantillana cuando sonó el martillazo del pasazo donde magistralmente se conjugaba la madera en pan de oro con la plata y donde han trabajado José Gil – que no es “currito el dorador” como apuntan en la web de la hermandad-, Antonio Vega, el más de actualidad Verdugo, Borrero o el mismísimo Sebastián Santos con el impresionante trono de nubes y ángeles que elevaban a la inconmensurable talla de la Virgen, la cual es una obra anónima, según ellos del siglo XVI, desde el sepulcro de su dormición y tránsito y subida a los cielos en cuerpo y alma como creemos los católicos, devoción que insufló en el pueblo el reconquistador San Fernando, el cual iba en el paso –el sepulcro está inspirado en el suyo de la catedral- y que vimos reflejado en todo el pueblo al paso de la procesión. Basta con leer en su web la introducción a sus aspectos técnicos y artísticos para intentar asimilar la pasión que levanta entre sus devotos, sin olvidarse nunca de las pullitas a los “rivales”. Lean y lo comprobaran: “No tiene la Hermandad de la Asunción mayor tesoro, mejor joya, más valioso patrimonio que su Imagen Titular. Como tal tesoro, luce incomparable, día tras día del año, en el lugar de mayor privilegio del pueblo; el Altar Mayor de su Parroquia, largamente ansiado...
La Asunción de Cantillana llega al corazón de cuantos la contemplan. Su dulce mirada, sus brazos abiertos, sus manos grávidas, sus rodillas postradas,... nos hablan de su glorificación. Todo aderezo es inútil para resaltar esa belleza que solo es posible en la Madre del Redentor, tan magistralmente representada en esta singular efigie cantillanera.
La Asunción de Cantillana es una maravillosa escultura del siglo XVI, de autor desconocido.”




























































Aun cuando la banda de Utrera, la que abría… “la comitiva” interpretó sus sones en el interior del templo –transportándonos al Porvenir- se mascaba una rara tensión de espera pero como decía sonó el martillo y la cuadrilla de Antonio Santiago comenzó a subir muy despacito a la que se eleva a los cielos como Reina y Madre del cielo y de Dios. Sonó la música de la banda de la Soledad de Cantillana que rayó durante toda la noche a un altísimo nivel y con un gusto musical aún más exquisito, en sí, para mí eso es lo que más me llena, calidad en el arte efímero que fue digno de empaparse y presumir de la Virgen como tantas veces diría Curro. Y ahí empezó todo, parecía como si el populacho llevase siglos conteniéndose, parecía que no podían más y las muestras de fe de la más popular emergieron de los labios, las miradas, la exaltación, con todas sus fuerzas. El caminar de la Asunción está siempre dibujado por manos al cielo vitoreándola, de gritos de pasión, de palmas incesantes. Guapa, reina, perfecta, Asunción gloriosa, categoría, elegante, orgullo del pueblo, asuncionistas, etc… fueron palabras que aún están machacadas en mi cabeza y creo que tardarán mucho en borrarse.
En el interior de la iglesia no había prisa, la Virgen tenía que traspasar el dintel a las nueve y quince minutos antes ya parecía flotar por las naves de su casa. Las caras de hombres y mujeres eran indescriptibles, se notaba que los ajenos a esto no podíamos parar de observar la reacción de la gente que sacaba todo lo que tenía dentro ante la Virgen. La verdad no hay palabras para describir aquello, ni paso, ni arte, ni cuadrilla, ni música, era la pasión cantillanera la que dejaban a los demás sin palabras, sin saber que decir, sin poder expresar las sensaciones. Mis compañeros baileneros comentaban con envidia sana para la nuestra pero la idiosincrasia popular es imposible de copiar, eso nace de muchas cosas durante muchos años. El “Ave María” de Schubert enmudeció en la medida de lo posible bajo el umbral hasta que a tierra salió a Cantillana, según los presentes, su reina, yo lo cuento desde la imparcialidad y la gran marcha de Pedro Braña en su honor comenzó a dibujar las chicotás esperadas de los Asuncionistas de Cantillana y más allá. Comenzamos el periplo de momentos hasta que me crucé al que me faltaba, el grande de Federico que con su familia al completo volvía ante una de sus citas sagradas con la Asunción de Cantillana. Nos salió bien la jugada acompañando a tan buen cicerone asuncionista que no paraba de saludar a cantillaneros, y su gente, como el bueno de Morillas y en un cambio de relevo nos venía Curro bajo un costal. Le dije que nunca lo había visto antes así, que solo de negro pero no es cierto, en la Reina de Todos los Santos lo he visto de costalero. Qué mejor recuerdo que una foto con ellos y la Asunción viniéndonos con “Hiniesta coronada”. La Madre de Dios se respiró por todos los poros del pueblo, me sobrepasó pero he de admitir que para mí sigue teniendo la cara de la que vive en San Gil. El nudo fue grande cuando sonó “Madrugá Macarena” y sobre todo cuando “Como Tú, ninguna” elevaba los repelucos de la gracia, Javier Prieto guiaba la revirá, y Federico saludaba a la niña de Santiago, y en el trio solo se podía mirar a la Asunción gloriosa, recubierta de elementos reales, con su muñeca de emperatriz y su “perfil inigualable”, la música siempre llamando a la mística para cuando con “Macarena” de Abel Moreno se nos marchaba la Virgen tocada de una singular toca que me embriagó –“una así para quien tú ya sabes Pedro…”- y de un playero Pradas nos acordábamos y es que como me decía Federico con su sorna califal, nosotros en vez de irnos a la playa nos vamos de cofradías.










































El pueblo engalanado hasta por donde no pasaba la Virgen, Ella caminando con su son y la fe de su pueblo al compás. Sonaban sublimes marchas para estrellas, como “Virgen de la Estrella”, esa que escribió “aquel que era tan bueno que vivía en la calle de la Feria de Córdoba” que invocamos con los antológicos apellidos de Gámez Laserna. Un refrigerio que aunque no hacía nada de calor la masa humana sí que levantaba las calderas de la tierra. Nos vino Asunción por Pastora Solís y con “El Corpus” de Uralde levantó la oración que me metió en la burbuja, a ver si quiere echarme una mano en lo que le pedí y llegó un estrecho callejón llamado como de “Josefa la del caco” donde el paso nos apretujó y nos encandiló con el aroma a nardo asuncionista y la pasión se volvía a contener con los solemnes compases de “Hosanna in Excelsis”, por dos veces que hizo romper nuevamente el júbilo de sus apasionados devotos, como en una lata de sardinas, dejándome un cristal de las gafas de sol para la posteridad en aquel rincón cantillanero, observé como una desnuda espalda de una chica, delgadita ella se le tensaban todos sus músculos ante el frenesí que emanaba de su alma gritándole a la Virgen lo que la quería con todas sus fuerzas. Que pueblo más bonito, sobre todo en esta zona, que pueblo de señoriales casas, algunas cerradas a cal y canto y que pocos bares, que paramos en un “sindicato” donde comimos algo para afrentar la más famosa de las calles del recorrido, la de Martín Rey. Era una de las más amplias del callejero cantillanero pero ya estaba a rebosar mientras por Castelar el alto paso movía a la Asunción al son de “Coronación” y el pellizco me elevó a aquel día en el Cerro. Ya perdí de vista a Federico, con la gente de la excursión esperamos paladear el momento esperado por tantos. La entrada valió su peso en oro tras la incesante explosión de fuegos artificiales. Clamor, palmas, era un sin cesar de vítores y las revirás de las cuadrillas de Santiago se fijaban con “Guadalupe” hasta que la Virgen comenzó a inundar Martín Rey con la corneteria y la masa allí apostada se hacía insufrible. No fue nada nuevo para mí estar en ese tipo de bullas, pero lo cierto es que fue duro. Los enfervorecidos devotos cantaban su himno, era un mar de almas, abajo y en los balcones con su ojos puestos en la que “miraba los cantillaneros que están en el cielo”. Nuevamente subió María a pulso, el arranque de la cuadrilla hacia fluir las pasiones, seguramente hoy muchos de ellos estén afónicos, volvió a sonar el himno, y el cante se elevaba al cielo donde María miraba y donde eternamente desde Cantillana ansía partir. Calló la petalada, la verdad las he visto más largas y espectaculares para lo que me habían contado que era esta que cubrió a la Reina del cielo, porque si les enumerara todo lo que le decía sus devotos me faltaría blog. Desgastó en demasía el momento, de apretujones, de empujones pero eso sí, ni una mala cara cantillanera, me quito el sombrero con el comportamiento de los locales, como me apuntó Federico, para ellos es un orgullo lo que arrastra la Virgen fuera de sus fronteras. Al final la Virgen llegó ante un arco de luces donde entró en la calle y se volvió y se depositó bajo el mismo como si de un altar efímero y callejero se tratara. El cuerpo pedía clemencia, para los pies, para el motor de energía, las cuatro y media de la mañana hacían mella y aun nos quedaba bastante por hacer, pero la expedición castulo-baeculense se vino abajo, estábamos más que colmados o eso creo, yo por lo menos acepté poner fin a la experiencia, me fui muy satisfecho, merece la pena vivir el 15 de agosto en Cantillana, daba envidia sana ser creyente y ver cómo se puede vivir esta nuestra religiosidad popular que tanto nos acerca a las cosas divinas. Volvía en la noche, por fin pudiendo hacerlo durmiendo tras tantos viajes conduciendo el coche y es hoy después de lo vivido cuando comienzo a paladear el sueño vivido con un ¡viva la Asunción Gloriosa de Cantillana!
…Dicen que todo el que prueba se envenena de Ella y no puede dejar de ir cada año, pero eso solo lo sabe la Virgen…
Una estampa me regaló una señora y con su salve les dejo:
Salve, de los ángeles Reina
Salve, de los cielos Señora
Pura, cual magnifica aurora
Salve, en tu coronación
Salve, circundada de estrellas
Salve, cual radiante visión
Salve, Madre de Cantillana
Salve Gloriosa Asunción…