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martes, 28 de julio de 2015

MENUDOS SON TUS FAVORES SEÑOR...

En Granada, volviendo a la petición de un buen amigo para que hable de otros tantos lugares cofradieros, hay un Cristo al que especialmente se le reza o sobre todo se le pide, también por ello se puede llevar muchas gracias. No es el Señor de Granada, pero su advocación algo tendrá que ver con su devoción. El Viernes Santo procesiona un portentoso crucificado salido con total probabilidad del entorno artístico de aquel legendario alcalaíno –cuanto bueno por Jaén y que poco lo parece- llamado Pablo de Rojas a la que la ciudad invoca con aquello a lo que nos suele llevar la necesidad y la desesperación… no habrá otro en Granada tan presto a conceder los “Favores” de sus hermanos.
Y es que este Cristo de la iglesia de San Cecilio, guardián más oculto de la maravilla realejeña que es el Campo del Príncipe, puro granadinsismo, prendió la mecha en la ciudad en la búsqueda de una excelencia más absoluta de esa su Semana Santa, que desde el origen de la hoy albaicinera hermandad del Vía Crucis sabía que emulando a Sevilla o Málaga equipararía su puesta en escena y elevaría su atractivo a las mayores cotas. No es nada nuevo, pero los granadinos pusieron su granito de arena aunque no fuera hasta los años ochenta en que el punto de inflexión tendría que tomar uno de los dos caminos más decisivos.
Hace poco he contemplado como “neocostumbristas” granadinos parecen que han olvidado que es hoy su Semana Santa desde los ochenta cuando la idiosincrasia cofradiera sevillana se plantó a las faldas de la Alhambra. A mí me resulta curioso como gracias a esto hoy exista cultura cofradiera en la ciudad, o que las cofradías están de moda por decirlo de una forma más clara, a la vez esos cultos pareciesen querer negar todo lo bueno –tal vez por culpa de lo malo- que Sevilla o llamémosle “la sevillanización” insufló a la grandiosa Granada. El Cristo de los Favores es una portentosa obra de la vieja escuela local que se asienta sobre un canasto del canon hispalense y se mueve como en Sevilla y a costal y la música que marca su triste caminar es igualmente la salida de la esencia sevillana en sus dos grandes vertientes.
No sé ustedes, pero a mi contemplando los videos o el año que bajé a conocerlo, me parece un éxtasis para las pupilas como Granada es engrandecida con Sevilla hasta tal punto que quizás en Granada hay ciertos sectores de sabiduría y buen gusto que más quisieran muchos de los hoy regidores de los destinos cofradieros sevillanos, gracias a Dios alejados de los catetismos que hasta a los más eruditos afectan en las continuas batallas entre ciudades.
El Cristo de los Favores es el que da los favores de los que piden salud, trabajo, amor, paz, etc… de todo lo que se le reza al Señor y Él a veces nos suele conceder el milagro, nos hace el favor. Pero Él también le hizo un favor grande a la ciudad cuando Pepe Carvajal la cambió para siempre, cuando se “cargó” la tradición como el mismo expresaría que “aún no sabe cuál era”. Con el ritmo que impone la vida, tal vez no con el que planificamos su revolución es hoy santo y seña de la Semana Santa granadina aunque a algunos pareciese que les gustaría ver la Semana Santa como en las fotografías de los años veinte. Los Favores fue el embrión del todo que a mi parecer le faltaba a la Semana Santa de la ciudad que duerme sobre el hombro de la luna.
Estética, costaleros, los Favores caminaron por Granada hasta incluso para hacer andar a sus Dios verdadero de cada jueves de Corpus. Cuando comencé a aprender detalles –nunca mejor dicho, así se llama el primer libro que tengo de Granada- de la Semana Santa granadina me encontré que el mismo era acompañado por cornetas y tambores, el Despojado creo recordar. Incluso tengo otro libro sobre la música cofradiera de la ciudad, que con ello quiere decir que la música llegó también a Granada y sin detenerme a leer el referido libro, recordar nuevamente las palabras de Carvajal hablándonos de uno o su gran maestro en el noble arte de portar al Señor como los viejos “gallegos” del puerto de Sevilla.

Puede presumir Granada del favor del Señor aquel 14 de marzo de 1987 cuando Manolo Santiago se le puso mal cuerpo al pensar lo que tenía que dar a una cuadrilla de costaleros subir la cuesta de San Cecilio. Estaba en el Campo del Príncipe, Pepe Carvajal le pide un favor, nunca mejor dicho, para que le busque una banda de música para el palio y este no lo consigue, pero a cambio, el legendario capataz poeta los visita con dos de sus costaleros míticos y les regala con la sorpresa de traerle “un camión lleno de músicos”, expresión de la sencillez de Santiago -el que una vez más llenó de fuerza con sus palabras aquellos costaleros granadinos-, que deleitaría a los allí presentes. Aquellos músicos era la agrupación musical “Jesús Despojado” de Sevilla, su banda indisoluble en la Resurrección, la actual Virgen de los Reyes que sembraron la semilla para acrecentar la bella realidad cofradiera granadina. Había costaleros en Granada y con esto nacía la ilusión de que hubiese bandas sevillanizadas de granadinos. Nacieron las agrupaciones musicales granadinas y Granada se convirtió en otro paraíso agrupacional hasta que la cultura capillita creció y todo lo que en Sevilla se hiciese, se extendía rápidamente por Andalucía, quizás esa parte “mala” de la que se lamentan ahora algunos eruditos. En esa época tal vez es cuando pongo mis ojos en Granada viendo como los platillos dan paso cada vez más al agónico trinar de las cornetas. Sería lo lógico, pensarían muchos al contemplar un Cristo crucificado muerto, pero los Favores renacieron al compás de Eritaña o Arahal –califiquen ustedes mismos- y volvieron a aquel origen, y de qué manera.

De aquel día del ochenta y siete nació una relación histórica de los Reyes con Granada, marchas y hasta acompañamientos a sus imágenes como en los Gitanos con su inmortal partitura de “Consuelo Gitano”. Es curioso que la banda que sigue hoy los pasos del crucificado del Campo de Príncipe fuese la que me hiciese conocer la marcha que Jesús Despojado regalaría al que da los favores en Granada, aquella marcha del corte de la época, el clásico como decimos. Antonio Velasco escribiría “Cristo de los Favores”, marcha que a su vez rescataría de un cierto olvido la Pasión de Linares en su segundo disco, elevándola quizás a un segundo y nuevo protagonismo desde su creación que entró nuevamente en muchos repertorios de Andalucía y quién sabe si fue un motivo en el seno de la hermandad del Realejo para volver al origen y ver caminar a su Cristo nuevamente con agrupación y que fuese la Pasión de Linares. Una apuesta importante, ya que Granada no suele apostar por el pago de grandes cachés, fama de ello tenia, y Pasión obviamente entra entre las grandes agrupaciones andaluzas, lo que le da más calidad al tándem que se dibuja cada Viernes Santo cuando Granada parece volver a sonar a aquellos años ochenta y a esta nuestra actualidad cuando Pasión interpreta las nuevas marchas, sobre todo las más fúnebres creando uno de los más significativos contrapuntos de la actual Semana Santa en Granada. Así camina Dios al compás de Pasión, recreando el origen cuando ante tantos favores, menudo fue el que le dio a los músicos granadinos…

domingo, 31 de mayo de 2015

GRANADA CORONÓ A SU AMARGURA...

Justamente fue un año después cuando inmersos en el principio de la gran montaña a escalar para alcanzar la cima de la gloria, aun en la misma primavera que intentamos volver a conquistar en el alto pico de la gracia, la espera se hizo nuevamente más agradable cuando todo pareció que volvió a hacerse. No se hizo la Semana Santa como me tocó este año pregonar en un rincón de Andalucía, en el mismo que me vio nacer y desde donde escribo lo que les empiezo a contar. Pero en nuestra tierra volvía a hacerse la magia de Dios y su magnetismo lo volví a sentir en el balanceo mimoso y sublime de unas bambalinas donde su Madre volvía a alzarse como Reina de su tierra, para eso la llaman de María Santísima. Que mejor ocasión, aunque fuese algo fugaz para enamorarse nuevamente por las calles de aquella que como dijo el pregonero, pequeño y grandioso pregonero parece siempre “dormida bajo el hombro de la luna”, pareció que nuevamente allá por los confines zaidineros que pintara el maestro Pradilla nos esperaba Boabdil como en los atardeceres de los tiempos esperó a Fernando y aquella que se llamaba con el sublime nombre de mi abuela y nos dijera aquello de “tomad las llaves del paraíso”.
Volví fugazmente a la bella e enigmática, vieja y aun con retazos de eterna chiquilla, siempre sensual… Granada, la de los “malafollás” y la de la multiculturalidad, la que aun rezuma a Alá y la que florece al Dios de los Raxis, Siloé o Mora por las esquinas. Ante su magna diosa, montaña hueca de piedra renacentista que embelesaba a mi buen amigo Cristóbal que rememoraba aquel día de la última cena y tal vez como yo, en cada segundo se enamoraba más de ese no sé qué, que aunque no sea Sevilla, tiene Granada. Y es que la vieja tierra nazarí volvía a rezumar a los días de la gracia y a los días de fiesta. ¿Cuál fue la última procesión triunfal de coronación a la que asistí? ¿Palma del Buen Fin? No lo sé… si yo supiera –como dijo otro enorme pregonero-, pero otra vez volví a sentí el amor de esta tierra andaluza y su forma de sentir a la hora de querer a María, y es que su Hijo, pongámosle la cara agónica del que ora con los grafismos de Sánchez Mesa,  nos dijo: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” y eso ¿excluye a Dios y María? Que vá señores y señoras, podemos colarnos lo que queramos queriendo a María, que queriendo a su Madre, Jesús ya se siente reconfortado. Ayudemos y es que ayudamos al prójimo, pero somos así andaluces de Jaén, de Sevilla, de Málaga o de Granada, nos gusta así demostrar cómo queremos a María. El murmullo incesante en Pasiegas y las copas de balón haciendo de la suyas, salía el cortejo, tarde, entre aplausos, se pueden creer que el paraíso que decía Boabdil se acurrucaba entre relámpagos, pero quiso salir María, tras un largo cortejo de banderas corporativas y salió la Amargura  de los granadinos a zambullirse con ellos de amor y también por qué no a seguir ayudando a aquel que lo necesita de esta sublime Dama divina que nació de esa nueva conversión del paraíso que trajo el rey de castilla, crestería y bambalinas que pareciesen bordadas por los conventos de los decimonónicos tiempos a orillas de la Alhambra, pero son de ahora, tras “superarse” la mera copia, ahora Sevilla es el canon y Granada la fuente. Pero aún queda… costó callar a los de la copa de balón que discutían y discutían de banalidades cofradieras mientras la Amargura casi se les va entre el cantar de la saeta del que pregonó su coronación, como hacían los viejos pregoneros, desde un balcón y un recital que emergía entre la multitud de una chavala que el “metralleta” de Salteras casi se encarga de tapar mientras la misma banda que justamente un año antes me hizo sentir el aliento materno del cielo ponía banda sonora, con sendas marchas himnos donde el cante llenó de júbilo glorioso el penar de Maria, pero hoy si le cabía, hoy era fiesta, hoy era María, daba igual si lloraba, hoy Ella estaba en la gloria y ese sabor de Andalucía le encajaba tan bien como esa gloria de plata en el cielo de su palio.









Los toldos anuncian los tiempos sofocantes y el día grande de una ciudad que ya comienza a saborear el paladar de la eucaristía con forma de noria allá en el norte de Almanjáyar anunciando que pronto tendrá la salida la custodia divina, portadora del Dios verdadero que me comanda el bueno y dicharachero capataz Pepe Carvajal. Bajo esos toldos de gloria caminó María al son profundo del Carmen de Salteras, por Dios que profundidad, como se nota, las bandas de Sevilla y perdónenme nuevamente la idolatría, y es que hasta maestro Alonso, impregnado en la piedra de la catedral comprendía el sabor de aquella tierra donde lo enseñaron a ser eterno. Qué cosas, ahora rememorándolo, venia María bajo palio coronada y sonaba “Coronación” del maestro Marvizón, sabias Amargura que ya estaba allí, ya nos habíamos hablado y entre los cirios de tu candelería ya me vislumbraste la frente despoblada y sonó pues la marcha de mi primera coronación en aquel sueño en el moderno barrio que se levanta sobre el Cerro de las Águilas de Sevilla.
La hermandad del Huerto, la del convento de las Comendadoras de Santiago coronaba canónicamente a su bella Virgen, joya que saboree y paladee cada vez que pasó delante mía, genialidad de esa escuela barroca de la ciudad que nunca debe pleitear con la de la otra orilla de la A-92, simplemente deben unirse para elevar el éxtasis de los que amamos a Dios a través del arte. El dolor contenido de su sonrosada cara se movía bajo un palio que conocía por vez primera, el que antes me parecía algo bajo aunque más bien creo que el efecto lo produce el considerable tamaño de las nuevas bambalinas como nos pasa en Linares con el del Rosario. Por la Alhóndiga nos venía rompiendo con “Triana de Esperanza” buscando las puertas de San Antón, rememorando aquel agosto de juventud y Papa con Jesús Despojado en mi mente. En la revirá sonó su marcha, que la está haciendo universal mientras Granada parecía gritarle “Mi Amargura” que detuvo los pulsos, que casi calló el fin de Recogidas, que casi parece hacernos sentir que ya es la hora, pero no era la hora, era otra cosa… a través del whatsapp cumplía mi promesa a mi amigo Guerrero y escuchaba como el redoble de Salteras mecía el palio a su antojo, como diría mi amigo Mondéjar, llenando de arte y gracia, y belleza la encomienda de embellecer el compás de María, larga propuesta de pericia con las muñecas que me pareció al Corredera Bailenés que desembocó en “Coronación de la Macarena”, la que acertaba Cris en un arrebato de telepatía con María, como un año antes donde hasta la España del pasodoble suspiró ante la Madre de Dios. Un año después y hoy lo admito estoy atrapado por la marcha de aquel cincuentenario, sabiendo que estaba Salteras no me quería ir sin escucharla y la Amargura granadina me lo permitió mientras se despedía del templo de San Antón, las cornetas se alzaron y su alma militar volvieron a traerme esa marcha, del corte tan macareno y dulce que desde el maestro Morales pocos han llegado a alcanzar, “Como Tú, ninguna” abrió el frasco de las fragancias granadinas mientras mirando al este se marchó como “Estrella Sublime” que atravesó la ciudad. Esa ciudad que en su este tiene el mayor tesoro de su esencia, cómo estar cerca y no volver a pisar su calle más inmortal para algo la catalogan como la más bella del mundo.








Subir y bajar, solamente, por sus adoquines, ante sus iglesias, Cristóbal absorbía información ante una nueva experiencia, Granada en su Carrera del Darro bien merece la pena, contemplarla sentado en la lonja del rio sin reloj y sin calendario. En el bronce Isabel y el colono, uno de los mayores hitos de la historia mientras por San Matías la Amargura hacia historia al coronarse como Reina del paraíso que los morenos del islán dejaron por donde hoy se alza el Zaidín. La Virgen entraba en su barrio que huele a gracia aunque sea el mismo centro. La cuesta nos traería el adiós a este momento fugaz donde intentamos calmar la espera. En el convento carmelita esperaba su hermandad que tenía a su Madre, bendita y sublime Virgen de esa inmortal escuela escultórica. Capitanía General parecía indicarnos que más capitana que la que esperaba en el umbral y la que venía bajo palio coronada no podía caber. La Merced salió al encuentro, ensimismada en su pena y acompañada del discípulo predilecto que se revestía y se hacía fraile carmelita… no sé yo hasta donde esto se puede considerar propio y acertado. Tocaba el fin cuando Salteras emuló su cita de cada Jueves Santo con los angelitos negros de Sevilla mientras Cris me hablaba de cómo era el palio de la “Virgen de los Ángeles” la que sonaba tras la Amargura granadina y aun estando en la universal ciudad universitaria eran las marchas hispalenses las que no cesaron, otra vez “Coronación de la Macarena”, para que no se me olvidara a quien visité justamente un año antes llegando hasta las plantas de Merced donde se cantó la salve, por cierto con fray Ricardo de Córdoba en las representaciones. No me gustó el detallito de una cámara, por pequeña que fuese en el paso, que el altar errante de María no es ninguna máquina de hacer cine y como ven, lo que causó rechazo en algunos ejemplos por Andalucía al final se sigue repitiendo. Se alzó el palio de canon como siempre he dicho de Granada, entre su esencia y Sevilla, por cierto la cuadrilla me gustó, tiene Granada buenos costaleros, que no les quepa la duda y sonó nuevamente himnos de San Gil, el del maestro Gámez Laserna, cornetería de la banda de la Macarena con “Pasa la Virgen Macarena” y la Virgen y la experiencia se nos fue yendo poco a poco, gota a gota y el trio nos sumergió en la burbuja, verdad Cris ¿Qué pareció que todos fuimos iguales? Enhorabuena Amargura, una de las Reinas del Realejo fue también coronada y todo acabó como tenía que acabar, con la marcha que suena allí arriba en su alcoba, de Pedro Morales, “Esperanza Macarena”, así fue como la Virgen me dijo, buen viaje. Lo único malo es que en un televisor de un bar incipiente de noche y fémina belleza granadina ganaba el Barca la copa a la que otra vez pitaron, no podía ser todo perfecto… que se le va hacer.

jueves, 21 de agosto de 2014

TRIUNFO, LA "JARDINERA" DE GRANADA...

En pocos menos de un mes los amantes de la sevillanas maneras podrán disfrutar (D.M) de la presencia blanca, goticista, del compás elegante y la belleza de la Virgen de la Paz del barrio del Porvenir en salida extraordinaria. Un paso palio único en lo estético y en su movimiento en la ciudad de Sevilla, ganando muchos adeptos en los últimos tiempos por esto último. Orfebrería neogótica cubre junto a un palio de malla bordado completamente en plata la que su legendario capataz llamó, con todo el pellizco del mundo, “La Jardinera del Porvenir”, seguramente por ese paisaje tan vegetal del barrio, acrecentado obviamente por el Parque de María Luisa por donde atraviesa la cofradía cada Domingo de Ramos.
Pero en esta ocasión me gustaría detenerme en la que yo tildaría como titula esta entrada, “la Jardinera de Granada”, porque la ciudad de la Alhambra vuelve a estas páginas para mostrar sus más significativos encantos según mis pareceres. Los años ochenta del aun fresco siglo XX  deberían ser considerados como los de la definitiva reconquista para la cristiandad de Granada, y sobre todo de su popular barrio del Zaidín, porque en esa época la Semana Santa de la ciudad, y por ende la religiosidad popular, sin discusión, por la influencia de las maneras sevillanas, del ímpetu de los que quisieron trabajar su ciudad como en la capital de Andalucía, tomó un rumbo hacia un esplendor del que gozan hoy y que seguramente, en pocos años estará aun a mucha más altura. Los Carvajal y compañía trajeron las bases, de una estética y como había que completar esa estética con el movimiento perfecto.






Contemplando hoy día el paso palio de María Santísima del Triunfo, otra bella zaidinera, a mi particularmente, ese primer impacto me retrotrae a la dolorosa de Illanes, donde por cierto sale de costalero el hijo de Pepe Carvajal. Y es que el espíritu de la Paz sevillana creo que está muy presente en el palio, de esta Virgen que se encuadra entre esas imágenes marianas que pareciesen dolorosas, pero en realidad están dentro ya del periodo letífico, porque la blancura de su ser en Granada esta motivada por ser la Madre del Resucitado de la ciudad o más bien del primero, porque esta ciudad cuenta con la particularidad de procesionar dos misterios de la Sagrada Resurrección.
La Paz de Sevilla lleva un sello tatuado en su alma con el apellido “Santiago”. Manolo Santiago fue el maestro de Pepe Carvajal, el que llevó el bendito veneno de los costaleros a la ciudad que baña el rio Darro. Y del maestro ha salido una pléyade de alumnos aventajados que se están haciendo con los martillos granadinos y consiguiendo implantar esa esencia de Sevilla del capataz que saca varias cofradías y sirven a su vez de imán de muchos costaleros, por sus formas y modelo de trabajar. Uno de ellos es Alberto Ortega, del que poco a poco he escuchado hablar y siempre positivamente de su trabajo.





Y una gran cuadrilla, a mi entender, viendo videos, es la que pasea a esta Señora que gubiase Zúñiga Navarro –que bien le vino el boom ochentero para su trabajo- por el Domingo de Resurrección, antes en la tarde noche y desde hace poco pasando a la mañana del día más importante de la cristiandad y el más triste de los capillitas. A simple vista, en el primer “fogonazo” se palpa el alma del palio del Porvenir de Sevilla. Aunque la orfebrería no sea neogótica, el dibujo de las bambalinas, bordadas en plata junto a la blancura del terno de la Virgen hacen que estéticamente nos recuerde a la Paz, a lo que hay que añadir indiscutiblemente el arte efímero, con ese compás tan medido, elegante, con el palio moviéndose lo justo, calando los rayos de sol granadinos en el domingo del adiós a la gracia y la llegada de la gloria. El Zaidín pone uno de los broches, en este caso de plata, de la Semana Santa con una imagen que desde el principio se tuvo presente su carácter glorioso aunque como pasa en tantos rincones de Andalucía, sus hermanos sigan vistiendo la túnica de la penitencia, siendo Granada la primera ciudad donde se levantó un monumento a la Inmaculada, fue esta dulce Señora, la que viste Álvaro Abril, la que tomó esa esencia inmaculista y advocación granadinísima como María Santísima del Triunfo, la que emergió con un nuevo paso tras perder el anterior en un triste incendio, para que los buenos costaleros que está forjando la ciudad la pasee con tanto mimo y buen hacer, un video en la Magna mariana, además en silencio me llamó la atención poderosamente sobre Ella, entre la estética y el arte efímero, me hizo pensar que era una digna y elegante “hermana” de la Jardinea del Porvenir, Triunfo en Granada y desde el Zaidín, la joya catedralicia ve acabarse la semana de la gracia entre hilos de plata, entre blancura plateada; Triunfo de la vida, Triunfo de las cosas bien hechas…

jueves, 10 de julio de 2014

MARTES SANTO... EN LA MAGIA GRANADINA. (y IV)

Un video de la subida a la Carrera del Darro de la ya pasada y famosa magna mariana de Granada del pasado año, del paso palio de la Virgen de los Reyes fue el detonante para que me enamorara del momento que estaba a punto de vivir en persona. Aquel día de mayo desistí, riesgos de lluvia pero también la cabeza que no estuvo por la labor de querer que fuera a vivir jornadas de las que me hinchan el pecho de gloria, pasión, felicidad, de disfrutar de mi afición más bendita, porque no le quepa la duda a nadie de que aquel que le gusta la Semana Santa algo más allá de su personal devoción a una imagen es porque la afición puede darse en la religiosidad popular, que una cosa no quita la otra –sino este blog no existiría-, sino que ambas se necesitan para que en pleno siglo XXI todo esto que a muchos les huele a rancio, pero del que huele mal, siga muy vivo, qué digo, para que viva en Andalucía su época más gloriosa. Sean capillitas sin complejos, los que nos llaman así despectivamente, aunque les guste la Semana santa, es por la inseguridad que les da su mente, quieren dar a entender al mundo lo que no son. Y es que aunque no nos demos cuenta, nuestra mente pude ser nuestra peor enemiga, a veces hay que combatirla también, porque nos vence y nos hace no sentir lo bueno de la vida.
Por eso aquella noche de Martes Santo me dispuse a medio arreglar aquel fallo de mayo de 2013 para abrirme al estruendo de la gracia, si ya el video te llamaba a la Effetá, ¿cómo sería en vivo? San Gil y Santa Ana esperaba como testigo mudo la llegada del Gran Poder y la Esperanza mientras apagada contemplaba pasar nuevamente el palio de cajón albaicinero, encendido de gloria de vuelta a esos rincones del Albaicín que en la noche levantan el embrujo más indescriptible que creo que se puede contemplar en este mundo. Nuestra inmortal España, con sus encantos se abrían para dibujar lo impensable, eso que sorprende a propios y extraños, españoles y guiris rellenaban los pocos huecos que la calle más bella del mundo permitía para poder ver pasar a la gracia, la magia, el pellizco. Plaza Nueva, algo más tupida despedía a la cofradía con el sonar de las campanas de la Chancillería, ¡Cómo se puede dejar la cofradía ahí cuando entra en la Carrera del Darro!













Si los diletantes, los amantes de la estética, de la belleza, nos enmudecemos, nos detenemos en el tiempo, observamos a cámara lenta el paisaje bajo la luz del día, incluso bajo la lluvia, como sería esa calle que en la noche solo recorrí una vez en taxi algo pasado de vueltas, en esas noches de fiesta que también ofrecen como reclamo al mundo la ciudad universitaria por excelencia del oriente andaluz. La oscuridad, la escueta iluminación, la tranquilidad… era un marco complicado de describir, imposible de pintar… mientras entre todo esto, pareciendo como si la Virgen recorriese un perfil montañoso entre las tinieblas, pareciendo que Ella bajaba a los infiernos a rescatar almas, pero no solamente seguía su son de todo el día, nunca dio opción al conteo de adoquines, como las buenas hermandades de negro aunque ésta el ruan no lo utilice. Los cipreses de Santa Ana se erguían mientras parecían que querían convertirse en las jarras cónicas de la Virgen, más rancio sobre rancio. Querían adornarla en su luctuosa pena, la escena era completamente de otra época. Nos dispusimos delante del paso como si una hermandad bullanguera pareciese. Un diputado vestido de paisano a veces nos miraba como diciendo que ahí no deberíamos estar aunque también me daba la sensación que de que le encantase de ver que había gente que prefería embobarse con este arte con el que quizás la Cañilla, más “trianera”, estaba agolpando a más multitud para su recogía, él fue quien nos dio la estampita de la Señora con la carita enmarcada en los ancestrales rostrillos del pasado. Pero el bueno gusto se palpaba delante del paso, que no le perdía la cara a la vuelta, ahora cuesta arriba y empujando, la banda de música Ángeles de Granada desglosando buen hacer, sacado esas marchas que como ayer mismo a bien leía hay que mostrar más al mundo cofradiero para que de una vez comprenda la gracia de toda esta esencia, ahora que pasa malas horas con las marchas de baja calidad. Ha pasado ya tanto tiempo que solo puedo recordar el momento en que el palio se alzaba a la misma vera de la Vela alhambreña y comenzaba a sonar esa marcha que muchos expertos dicen que no es solo fúnebre, si no que engloba todas las esencias de la Semana Santa. El palio lamia los varales, con finura, comiendo calle al compás medido, se notó una mejora en el movimiento desde la magna y desde todos los rincones la belleza era suprema cuando parecía que de la nada surgía la banda sonora de la ida y “Soleá Dame la Mano” se daba eso mismo, de la mano con la Virgen para recrear una subida que nos envolvió en la burbuja hasta que la diosa Alhambra se embelesó nuevamente entre la oscuridad de la gracia que su ciudad nos legó, con sus viejas cofradías, sin olvidarme claro con el ingrediente sevillanizado que  simplemente ha venido a elevar  a la Semana Santa andaluza, como dije, hasta su tiempo más glorioso, época dorada que en nuestras manos está seguir elevando hasta la cotas más supremas que los tiempos contemplen. También recuerdo “Quinta angustia” quizás “Ione” o “Mater Mea”, la verdad ¡cómo no pueden haber videos de aquella subida!, seguramente fue porque lo que se habría ante nuestros ojos hipnotizaba y no te hacia nada más que pensar en los sueños que se dibujaban por la calle más bella del mundo, tal como digo en Sevilla, estas calles tan embrujadoras son para verlas con cofradías por ellas... lo mismo que con Córdoba, o el viejo Jaén, etc… son el mejor momento del año.










Tanto nos atrapaba Santa María de los Reyes que casi nos olvidábamos de su Hijo, que estando casi rozando el Paseo de los Tristes nos lo encontramos inmerso en el pellizco de su pasado que aún sigue respetando su hermandad. Encendido en la aurea luz de su paso –que me hizo soñar con uno muy familiar a este que yo me se…-, con su presencia tan angustiosa y de amargura, el silencio más que nunca espesaba el ambiente. Se encontraba detenido y desde un balcón un sacerdote turiferario lo alababa y adoraba con el perfume del incienso, el que aún no había nombrado, pero que sin duda se palpaba cual es el modelo a seguir de esta cofradía, cuando olíamos, porque las cofradías también tienen olor a hermandad rancia de sevillanas maneras. Bella estampa en el sobrecogimiento, mientras el humo sagrado hacia las delicias de los que nos embriagamos con estas estampas tan hundidas en las raíces de nuestra cultura, que el cura parecía como uno de esos angelotes que turiferan las iglesias desde las lejanas noches de los tiempos. Abajo en la calle, Dios se elevaba y más que nunca parecía seguir su camino por la cuesta de la amargura, entre el canon por el que nació para mayor gloria de Granada, entre el rezo del vía crucis. En este último y embelesador tramo la hermandad “decana”pierde un poquito el sentido del silencio y evocado a sus orígenes hace de la estación de penitencia un vía crucis. La cuadrilla caminaba, y el lenguaje de los capataces -en este momento iba el capataz general de la hermandad Dionisio Martínez- me retrotraía a mis ensayos con el Sepulcro de Córdoba. Se palpaba cuadrilla de oficio, de afición, si es que es el mejor recurso que manda en la actualidad cuando la devoción talibán como yo la llamo no es la única premisa para sacar a Dios y Maria. Que más dará los motivos que mueva al costalero para meterse debajo, si con la mayor profesionalidad que le da la pasión por el costal, el Señor y su bendita Madre estaban repartiendo baberos por Granada. A los que buscaban el consuelo en sus miradas, ni se pararon siquiera a pensar en estas cosas. “Había que seguir para terminar bien la cofradía” les apuntaba por el fastuoso respiradero bordado el que sería el segundo capataz, ese es el idioma del arte del costal, porque sin su arte, la magnificencia de todo lo que veíamos no se podría haber dado… buenas imágenes, buena estética, buen paso, paisaje increíble como sacado de un cuento, pero no sería lo mismo si un paso viniese arrastrando los zancos en lugar de como venía, con los kilos arriba, como horas antes, eso es lo que da ser costalero con afición, que no es contrario a salir por devoción.
Dios, porque era eso, bueno su imagen representativa, evangelio plástico errante por la ciudad, parecía seguir el triste destino de aquellos que le dieron denominación inmortal al Paseo del Padre Manjón. Era ya tarde, me estaba colando de hora, pero el programa ya no iba con lo que estábamos viendo. Pensaba que la podría haber visto entrar, pero me tuve que despedir contemplando las impresionantes estampas que dibujaba Jesús de la Amargura con la Alhambra iluminada bajo la luna del Nissán en un paseo que parecía más que nunca de los tristes, como triste era ese guiri borracho que le hacia “la peseta” al Señor mientras pasaba, ante la ignorancia y talante de los creyentes o no que estábamos allí, mientras éste pensaba dos cosas: o arrearle una que fuera a por los dientes al palacio de Carlos V o que dos mil años después, Jesús seguía recibiendo mofas por su incomprendida misión redentora, seguramente ese guiri algún día se encuentre con la cara que Mora sacó de un sueño imaginero allá en el reino donde se premia lo bueno y te recuerdan lo malo por este valle de lágrimas, ni ahí Jesús permitió que sacáramos la cara por Él…










Había que volver al pueblo, que el reloj superaba las doce y media de la noche y había que bajar hasta los Escolapios a por el coche. Llegaba el palio de cajón encendido como un ascua, con su mismo son, nosotros tomábamos la marcha contraria mientras íbamos distinguiendo los diferentes instrumentos de la banda interpretando nuevamente “La Madrugá”. Bajábamos nuevamente al compás del Darro y daba pena despedirse de ella, por plaza Nueva la Señora que nos abrió el día buscaba nuevamente su lugar de descanso, con la misma marcha; “Coronación de la Macarena” donde quizás ya caería rendida, como sus ojos nos venían anunciando durante toda la jornada.  Nos despedíamos de la Esperanza con su mirada desplomándose, así casi iba uno también, porque el vieja fue de una hora, pero también se me hizo pesadísimo en los párpados, de una Semana Santa esta la mía de mucho viaje y aun parecía que no había ni empezado. Otra vez tarde a la cama y nuevamente a trabajar en un Miércoles Santo que solo me dejaría ver unas cuantas chicotás del bello paso que han conformado los Estudiantes de Linares, con el nuevo Cristo, el compás largo y serio y los sones del Rosario de Linares. No dio el día para más, la cena en el “Jamón” y el Real Madrid alzando la copa, que parece ser no va a ser de momento la última del Rey, me llevó a dormir unas horas, para a las cinco de la mañana comenzar dos o casi tres días de intenso movimiento, entre trabajo, dos pasos que sacar y más trabajo sin apenas descansar, que me dejó sin Sábado Santo en Sevilla, ni hasta Granada nuevamente me permitió mi mente, ya se los dije al principio, ir a conocer la impresionante Piedad de la Alhambra que comandan los míticos Carvajal, pero la Semana Santa acabaría como Dios manda, con pellizco, emoción, casi lágrimas, quizás nunca antes sentí en el mismo Domingo de Resurrección las ansias de comenzar de nuevo…