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lunes, 26 de octubre de 2015

EN AMPARO 2015...

Cercana la festividad de Todos los Santos, el primero de noviembre, la ciudad de Córdoba se prepara para recibir el inconfundible aroma de la gloriosa Virgen del Amparo. Música fúnebre llenará de gloria la jornada donde la visita a los camposantos dibuja la estampa inalterable de la tradición mientras desde San francisco se hace la magia de la religiosidad popular. Por ello, en este tiempo, su hermandad de la Oración en el Huerto edita y prepara un boletín dedicado al tiempo de su titular letífica. Y la misma ha tenido a bien publicar en el boletín, de edición solo digital y disponible en su página web, un artículo escrito por este humilde, simple y mero capillita que se basa prácticamente en la entrada resumen de mi visita a la ciudad y a la procesión del pasado año. Un orgullo más para la vida, escribir para esta señera hermandad cordobesa con la que posiblemente, si Dios y su Santísima Madre lo quiere me vuelva a encontrar el próximo domingo. Les dejo nuevamente el artículo, para rememorar los sentimientos que despertó en mí la Virgen aquel glorioso día con el magnífico montaje que han realizado.

sábado, 18 de julio de 2015

ANTONIO RUBIO MORENO, AUTOR DE LA FAZ DE JESÚS NAZARENO DE BAILÉN.


Esta es la fotografía y este el documento que han obrado el descubrimiento, los culpables de que por fin puedan anunciar al mundo, y sobre todo a la gente de mi pueblo cual es uno de los padres, tal vez el más esencial, de la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno, la efigie como se decía en la noche de los tiempos que es de vestir, que luce cabellera natural, el que muchos o algunos, no lo sé, seguimos llamando el “nuevo”. Pueden leer el escueto pero contundente contrato donde nos aclara la intervención donde a “Jesús”, como lo llamamos coloquialmente se le realizó la actual cara o mascarilla que llama a la devoción, a la emoción, a la veneración, al sentimiento de sus hermanos y de todos los bailenenses. Es curioso, siempre me contaron que mi abuela María Dolores le tenía cierta devoción o predilección a esta imagen y lo cierto, es que gracias a este documento, me doy cuenta que ella no le rezó nunca a esta cara, porque ella murió mucho antes de aquella Semana Santa de 1980 en que tuvo que ser estrenada.
En Córdoba, a día 15 de diciembre de 1979, en el famoso taller de los Valverde, el imaginero Antonio Rubio Moreno y su suegro, Rafael Valverde Toscano firmaban con dos históricos nazarenos, Alfonso Rangel - que Ntro. Padre Jesús tenga en su gloria- y el veteranísimo Diego Rodrigo, sangre morada a raudales, una profunda restauración que cambiaría sustancialmente el aspecto del segundo Nazareno adquirido tras la Guerra Civil. Se especifica que tallaría una nueva cara, sustituyendo la anterior, la policromaría –aspecto esencial en la historia investigadora de este asunto- y además resanaría la imagen totalmente, lo que se supone visto las fotografías que volvería a policromar todas las partes vistas de la imagen, como manos y pies. Cambiaría la peana de la imagen y realizaría una nueva cruz que suponemos que es la que anteriormente contaba que estaba decorada, todo ello por un montante de 95.000 ptas.

Virgen de la Candelaria de Córdoba.
Con todo esto, a la hora de abordar el autor de la imagen debemos decir que su rostro es obra del cordobés Antonio Rubio Moreno, que aunque conste su suegro en el contrato, era el primero el que acometía en el taller los trabajos de escultura y policromado, siendo la saga de los Valverde los que realizaban las tallas de pasos u tronos. Autores de pasos tan emblemáticos de la capital califal como el de Jesús Caído o el de la Humildad y Paciencia de Puente Genil, una obra singular que se sale de lo más establecido en la realización de pasos o tronos. Antonio Rubio fue un imaginero activo en la segunda mitad del siglo XX, uno de los artistas, tal vez poco reconocido que trabajó la imaginería en la Córdoba de Martínez Cerrillo, Amadeo Ruiz Olmos, Miguel Arjona o José Callejón. Espero en un futuro poder ampliar su vida y corriculum.
Seguramente la cruz del Nazareno, que yo sepa, hoy desaparecida, sustituida por la actual fuese realizada por ellos como consta en contrato, una cruz decorada, tal vez intentando seguir el modelo del Abuelo de Jaén que recordaba en sus extremos las típicas cantoneras de la cruz del Nazareno destruido en la guerra civil. Vuelve a tomar fuerza la teoría que sostengo de que la hermandad entonces tomaría como referencia al Abuelo y que indiscutiblemente quisieron realzar esta imagen y paso ya que dos años después se acomete la hechura del Cirineo, la duda que surge ahora es por qué no acudieron nuevamente para este menester a Rubio Moreno y se fueron, con total probabilidad al andujeño y contemporáneo y de arte tan opuesto al cofradiero, González Orea.


Y es que volviendo a hacer historia hay que partir de la imagen que tal vez se destruyó un día como hoy pero de 1936 para el proceso de realización de esta imagen. De la misma solo se consiguió salvar la túnica de cola bordada sobre terciopelo burdeos o granate y la corona de espinas, que lleva adosadas las potencias al estar realizadas en orfebrería, tal vez en oro, pero este punto no está del todo claro.
Tras la contienda, la rapidez, facilidades económicas y la mayor disponibilidad de los talleres seriados -no sabemos si de Olot- traen, tal vez en 1941 o 42, la imagen de un Cristo cargando con la cruz, que supongo que gustaría pero que en nada recordaba al antiguo Cristo dieciochesco. Levantada la cofradía de sus cenizas, con sus históricos titulares devueltos al culto a través igualmente de imágenes seriadas, la capilla remozada y con su aparato procesional dispuesto, surge ya en 1949 la idea de realizar una nueva imagen por un mismo cofrade, José Palomo Martínez (cara, manos, piernas y pies) que recordarse aquella destruida imagen para que además se le pudiese ataviar con el terno y aditamentos salvados, tal vez siendo esta circunstancia la de mayor peso en la decisión, porque el resto de imágenes nunca más, que sepamos, se plantearon cambiarlas por imágenes, no solo de madera y mayor calidad artística, sino que recordasen a las desaparecidas… a lo mejor la falta de fotografías pudieron obrar este desistimiento. Esto no llego a prosperar. Se sabe que sería en 1951, en concreto el 7 de enero, seguramente una década después de la llegada de la imagen de pasta madera gracias a la labor investigadora de Francisco Antonio Linares Lucena en los archivos de la que es su hermandad, cuando se adquiere la ansiada imagen. Llega uno “nuevo” y se los empieza a diferenciar de esta forma, el otro, con solo diez años más pasa a ser el “viejo”. Aunque alguien antes ya tuvo que verlos, porque de Diario Jaén, de un coleccionable que ya compartí con ustedes (pinche aquí)cita el dato del coste de la imagen -4000 ptas.- y el donativo de un hermano y mayordomo de la mitad del montante total, aunque cita como año el 1953. Fiándonos de la credibilidad investigadora del amigo Paco Linares, él confirma la fecha de 1951 y su bendición el 21 de enero y que el pago se realiza en Málaga, sin constatar más datos que estos y por supuesto sin aclarar el nombre del artista que realiza una imagen de candelero, aunque como es normal en las imágenes de Cristo de esta tipología, con pies y evidentemente con manos, más la cruz.


Aquí se presenta con la anterior mascarilla o cara.
Solo hay dos fotos de aquel periodo conocidas, una por la Plaza del Mercado donde apenas se intuye su rostro y gracias nuevamente a Linares Lucena contamos con esta fotografía de esta imagen con aquella apariencia, es decir toda aquella comprendida entre 1951 a 1979, año en que nuestro novedoso documento nos certifica la remodelación de aquella imagen. Sobre andas, con hermanos vestidos de paisano, seguramente en la antaño tradicional procesión por la festividad de su “velada”, el domingo de Pentecostés vemos a la imagen que fácilmente nos puede parecer lo que tantos hemos conocido, pero no, el rostro que tristemente se intuye dificultosamente es otro, el que en 1979-80 sustituiría Antonio Rubio Moreno en el taller de la calle Abejar, nº 37. Contemplamos igualmente que la imagen porta una cruz arbórea en lugar de la de sección plana. Mientras no tengamos otra fotografía de ese periodo habrá que pensar que esta cruz fue la que portó hasta que Rubio Moreno realizase la de sección plana barroquizante, hoy también sustituida.
Así llega al momento de nuestra historia hasta que en 1996, tras unos años dejando de salir en la procesión del Viernes Santo por la mañana, solo en el Saludo, ante la deficiente estabilidad estructural de la imagen, visible en las mismas procesiones, el toxiriano José Miguel Tirao Carpio interviene la imagen realizándole en el proceso un nuevo cuerpo que sustituye al de candelero, definiendo la anatomía pero no al 100%, respetando manos y pies y en si la cabeza (lo único que queda del obrador malagueño de 1951), la mascarilla de Rubio Moreno y policroma la imagen totalmente, volviendo al procesionismo con una decisión que entonces tomó la hermandad y que se ha convertido en costumbre de alternar sus dos imágenes de Jesús cargando con la cruz entre Saludo y Viernes Santo.
En este punto es donde nuevamente interviene el amigo Paco Linares, sin imaginárselo, cuando me cede muchas fotografías por él recolectadas sobre la Semana Santa bailenense, muchas de ellas ampliamente conocidas y otras menos –como la del Cirineo de la que les hablé aquí- donde figuraba la que abre esta entrada antes del documento de autoría. Esta fotografía es digámoslo bastante conocida, fechada en los primeros años ochenta ya que en 1984 fue el cartel anunciador de la Semana Santa. Yo la conocía, pero hasta este momento no me había parado a contemplarla detenidamente, donde se nos muestra ya con el rostro de Rubio Moreno y además con la policromía salida de su mano, no con la de Tirao Carpio. Fue un momento de flash, de pellizco, de inspiración… no sé, tal vez el de la cruz a cuestas me estaba ayudando nuevamente… mi mente viajó a un pasado bastante reciente, en la iglesia de San Francisco de Córdoba, con mi capataz Federico Jiménez Reloba, ante la capilla de su hermandad, mostrándome a las devociones de su vida y ante la Virgen me dice con su deje cordobés: “La Candelaria la hizo Antonio Rubio, padre del tallista actual José Carlos Rubio Valverde ¿lo conoces? (si, le contesté) que sale también con nosotros de costalero”. Si no recuerdo mal, así fue su afirmación. Mi mirada se clavó en la Virgen que mejor se pasea (para mi) por las calles de Córdoba, y su mirada especial, unos grafismos artísticos únicos se quedaron grabados en mi mente. Eso mismo vino a mi instinto viendo esta fotografía del Nazareno, parecía hijo de la Candelaria, y si era hijo de Ella, en la gubia podía ser Antonio Rubio su padre. Alguno diría que hoy con el documento en la mano me lo estoy “cuajando” pero les juro por el que carga la cruz que es así, que no he tenido antes ninguna otra pista sino lo años de aprendizaje, de seguir queriendo aprender, no por nada, solo para mi disfrute, pero el estudio a simple vista de las improntas – a veces el mejor- me llevó hasta el autor de la imagen o de su cara como ya me ocurriese con la Virgen de los Siete Cuchillos –hasta la fecha tengo el honor de haber documentado por lo menos los rostros de las dos imágenes contemporáneas que hasta la fecha eran anónimas-, que aunque no acerté el autor, si llegué hasta su maestro, un estudio de improntas entre una cronología de tres imagineros, cada uno maestro del siguiente.


Apariencia actual con la policromía de Tirao Carpio.
Una pista a favor de la hipótesis que planteaba –pero tan escasa que más bien te lanzaba a la imaginación- viene nuevamente de aquel coleccionable de Diario Jaén, donde se indica que la imagen había sido “restaurada recientemente” –por entonces 1995 o 96- en Córdoba. La verdad no sabía la fecha de los trabajos y ¡por Dios, nadie de memoria lo recordaba! Algunos incluso sin darse cuenta que al Cristo de su hermandad, de su devoción, se le cambió la cara y ni se dieron cuenta. Pero ya no hará falta, una imagen vale más que mil palabras tal como me indicó el hijo del autor, José Carlos Rubio, para asegurarlo. Algo bueno tendrían que tener las redes sociales, que contacto con él, y cosas de la vida o de allí arriba, después de tenerlo desde un tiempo agregado a Facebook por estas cuestiones que tenía entre manos, lo hago en casi las misma fecha del aniversario en que su padre –fallece en 1999-  partió al cielo a contemplar si el Hijo de Dios tenía la cara que él tantas veces talló en este mundo, tal vez la de Ntro. Padre Jesús Nazareno “el nuevo” de Bailén. Le envié la fotografía y una breve descripción de mi hipótesis. Dios así lo quiso, se vino a mi vera como buen ratón de archivo y José Carlos me envía la prueba que certificaba mi hipótesis y la que le daba luz nuevamente, y lo hago a través de esta mi casa, de una de las incógnitas por resolver de la historiografía artística de la Semana Santa bailenense; quien talló la cara del que muchos de mis amigos dicen, es el “Jefe” de sus corazones.
Me comentó que el documento lo encontró hace tiempo, buscando entre papeles algo que necesitaría para las cosas del día a día y que él busco ese Nazareno de Bailén al que su padre le dio nuevo rostro, no sabemos por qué, tal vez entonces la hermandad consideró que era necesario un cambio, buscando tal vez más belleza, más calidad, la verdad éste que les habla no lo sabe y tal vez con el tiempo pueda ir incrementando esta historia. La apariencia actual del Nazareno con la policromía de Tirao Carpio lo descolocaba al encontrarlo por internet hasta que la fotografía que abre esta entrada lo saca de dudas, esa impronta si era de su padre y se podía decir que la Candelaria podría ser perfectamente su madre, realizada en 1974, es la imagen más coetánea que conocemos, aunque eso sí, desde el mismo Córdoba, Romero Zafra le diese “vida” a la que ya es la Madre de los nazarenos baileneros, Mayor Dolor y Consuelo. Tenía el documento localizado, solo tenía que ir y fotografiarlo para mostrarme que una imagen vale más que mil palabras y tuvo la molestia de hacerlo casi al instante y darme el gozo y también el suyo por poder brindarle una nueva página más a la memoria de su padre y maestro y para gozo de los amantes del arte que viven de la continua absorción de sabiduría y como no, para gozo y eso espero de los hermanos de la cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno y los amantes de la cultura cofradiera bailenense y por consiguiente la cultura de lo bailenés, tal como diría un buen nazareno como es Francisco Antonio Linares.
A partir de este momento esta es la cronología de artistas que han trabajado sobre la imagen:
1951: Se realiza una imagen de candelero probablemente en un taller malagueño, del que seguiré investigando hasta dar con él.
1979-80: Antonio Rubio Moreno sustituye la mascarilla en Córdoba y la peana y repolicroma toda la imagen. Además de realizar nueva cruz que se sustituye en 1993 por la actual.

1996: José Miguel Tirao Carpio, en Torredonjimeno, sustituye el cuerpo de candelero y realiza uno anatomizado y policroma nuevamente toda la imagen, con esta intervención, de 1951 solo queda pies, manos y la cabeza menos la cara que es de 1979-80.

martes, 19 de mayo de 2015

VIERNES SANTO CÓRDOBA... EN EL ENTIERRO DE DIOS.

Llegado el día crucial de la conmemoración, el que como siempre vengo denominando, el día más triste del año, bueno ese más bien es el Domingo de Resurrección pero si el día que conmemoramos la peor inmundicia de la humanidad, por la simple razón de que se trata del viernes en que murió o matamos al Hijo de Dios, porque triste también lo es porque para muchos, para la gran mayoría es el adiós que se consumará con los siempre más desolados Resucitados. Llegó el santo viernes, uno más donde tres bandas bajo mi ventana no pueden desvelarme, mi Semana Santa desde hace muchos años no tiene Madrugá, la que también entregó el testigo del VHS grabador a la comodidad del youtube,  y este aún más porque volví cansado, como volví el año anterior de Linares, con el chit ya totalmente cambiado y mira que el pasado año lo comencé a eso de las 04:30 h de la mañana levantándome para trabajar. Pero este fue distinto, no me explico como este año me pudo dar tanto en lo alto el Soberano que me tiré al sofá al medio día viendo como en San Gil y en la calle Larga de la Cava, a través de la televisión de solo unos andaluces,  las Esperanzas “rivalizaban” absurdamente a ver quién entraba después o a la vez después de una Madrugá movidita… obviamente “rivalizaban” sus cofrades. Cansado sería poco lo que estaba, que casi les digo que buscaba el termómetro a escondidas para que mi madre no me riñera, y es que quería saber si me iba a ir con fiebre al entierro de Dios en Córdoba…
Y es que un Jesús con rasgos de finales del XVI, yacente Él me esperaba en su sepulcro refulgente de sinuosas y perfectas líneas manieristas. Un año más, dos Viernes Santos ya, tocaron dibujarlos de las extensiones de la vieja tierra califal a las faldas del cerro Muriano. Tocó un año más arcángel futbolero y saludo al arcángel del puente, torre de la Calahorra incluida, y también al del Triunfo donde el resbaladizo suelo nos abría imponente la diosa catedral y mezquita aunque quien mande ahí es el Al-lāh de los cristianos mientras parecía que entrabamos por una antigua e imaginaria puerta a la ciudad de Córdoba. Con el coche cargado de bailenenses queriendo absorber la jornada triste de la vieja ciudad volvió el reencuentro, ataviado de la sudadera de Cruz de Jerusalén al corazón que derretía con esta veraniega Semana Santa que hemos vivido, volví a la Compañía donde ya me espera con su sonrisa agotada Federico, ávido por la experiencia de que el corte de tráfico no le hiciera llegar  con la hora justa. Y es que tocaba nuevamente cambio de chit en todos los sentidos mientras por Jesús María me escapaba a contemplar los pasos de la popular y clásica hermandad de los Dolores, donde el Hijo de la Señora de Córdoba venia dibujando y expandiendo su Clemencia hasta muerto en un figurado paso que parecía hacer levantarse al mismísimo Cristo de piedra de la plaza de Capuchinos. Curioso paso, curiosa hermandad y curiosa interpretación de los que es o deberá ser un acolito. Redención llenaba el triste aire del son de agrupación mientras la hora apretaba y en la distancia la inconfundible silueta de la Madre de Dios para el cordobés te trasportaba a los costumbristas lienzos de Romero de Torres.






Y cómo sería un lienzo del genio cordobés si hoy viviese y quisiese plasmar a la cofradía que esperaba levantarse del letargo y salir a enmudecer a toda la ciudad. En la plaza, Curro nuevamente nos daba la charla, pero de esas que gusta escuchar, de esas que activa al costalero, al devoto y al que es los dos en una misma persona. Embutidos en un chaqué, que me gusta este detalle, dan el aldabonazo a la semana que ellos también esperan con ansiedad, haciéndolo con la hermandad del paladar de la ciudad, la que sin duda se puede catalogar como de las del “punto y aparte” o el “primer orden” en la Semana Santa de la ciudad donde se veneran a los Santos Mártires. Nuevo repaso a las séptimas, casi todas tocadas porque casi todos sacan más pasos, es una de las cofradías sin duda donde la afición resalta sobremanera, pero de una devoción muy especial, porque todos llevan a sus mañas y maneras al antiguo Cristo del Santo Sepulcro, a su “Muerto” y también, muchos, llevan esa pequeña Cruz de Jerusalén también colgada a sus cuellos, algo que me gustaría colgase de mi cama todo el año. Gracias Curro (y Fede que lo hizo nada más llegar) por esa felicitación por el pregón y es que para todo sabes estar en las formas y en el momento preciso, que me alegro también que reconozcan a ese pequeño capataz, costalero de María, que un día comencé a contarles tenia a un cierto sector de su tierra en contra por simplemente conseguir el éxito en el trabajo de sacar cofradías que otros no pueden, pero haciéndolo honestamente y con las cosas y los conceptos muy claros… ahora lo nombran cofrade ejemplar.
La plaza de la Compañía se llenaba y este año tocaba hacerse la ropa en la misma, que me hizo recordar historias que he escuchado sobre cómo eran el mundo de los profesiones, donde me hizo el costal, alguien que parece una máquina por la perfección que derrocha con los temas de la ropa, el que me ha hecho este año esa nuevo costal con saco de doble trama que ya apuntan algunos no es apto, algo que curiosamente comentamos y que Alberto me respondió con simpleza: “¿es que no coges kilos?” pues sí cojo, Alberto Montoro, muchas gracias por todos los consejos que me has aportado este año, como a todos tus amigos y compañeros de la Carolina como el Topi, viejo amigo de las fatigas cofradieras y Luismi que fue quien me enfundó esa simple tela, para mi sagrada que me llevaría hasta las galeras de la pesada urna manierista.





















La Compañía rezumaba a esencia, rancidez, elegancia, sabor y ese siempre respeto, casi miedo a no hacer algo que pueda ofender. Los pasazos tenían hambre de calle, donde me acerqué hasta el palio de la sacra-conversación de la Virgen del Desconsuelo a observar de cerca el manto que estaba siendo la comidilla en toda Andalucía, y es que la técnica en que está realizado ha sido nueva para todos los capillitas del mundo, o eso creo, les aseguro que su hermano mayor es un genio de la historia del arte de cuidado. Los nazarenos de ruan salían en estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral y la baja volvíamos a tocar el palo sagrado de este paso netamente de madera donde dormía Dios y nosotros teníamos la misión de no despertarlo. La música de capilla, el golpe seco de llamador, el ruido a plomo al recibir el galeón, el racheo, era la única música cuando el retablo comenzó a dejar nuevamente embobado a la muchedumbre que lo espera mientras parecía nacer por las puertas de la Compañía, el que caminaba con su son cansino, este año estrenándome un poquito más alto, en corriente de tercera donde el Señor me quitó definitivamente el mal cuerpo con que me levanté y me fui para Córdoba, los kilos caían y escocían porque uno ya llega tocado, como todos creo, que me pregunto cómo sería esta corría si saliésemos Domingo de Ramos.
Madera, silencio, las ordenes de Curro, después David Arce y también la de Fede, racheo y más racheo apretando los dientes mientras aun aguantábamos no encender los fogones de las cafeteras. Martin arengando en voz baja a sus “cañoneros”, recordando que por ahí abajo han pasado lo mejor de la historia de las costalería y que había que estar a la altura… que buena gente es este humilde costalero, que no me di cuenta yo solo, este año nuevos compañeros de la escuela de Mondéjar, Nacho y Nieves también se han dado cuenta de quién es pura esencia de la cuadrilla del “Muerto”. Gallardo pidiéndole más paso, pero sin acelerarse, a nuestro son, templado…por cierto para los que hayan visto “La Caja Mágica de la Semana Santa” en la Setas de Sevilla, cuando se ve el besamanos del Gran Poder, quien limpia su mano… ese es Gallardo. Tarde de calor en el entierro del Hijo de Dios que se paseaba en un suntuoso paso que retrotrae como todo en esta hermandad a la noche de los tiempos, como tantas veces he dicho; manierismo en los tiempos futuristas, aquel que muchos de los más expertos señalan como el mejor paso, en arte pero sobre todo en lo que aporta de lo que llevábamos de siglo XXI.
Aunque el encanto es más soberbio cuando pasa por donde pasa, cuando nuevamente en Blanco Belmonte me lo dejé, necesitando refrescar el sofocante calor en la barra del Anticuario del maestro y a las puertas de la catedral, la magnificencia parecía brotar por las apreturas de Deanes. Nuevamente a la “casita” del Dios de la Compañía, a su galeón para entrar en su casa bendita, esa que levantaron los moros y que ahora es epicentro del cristianismo en la ciudad. Visualizando el video que les adjunto he disfrutado de lo que llevo dos sintiendo y no poder verlo. Si alguien me pregunta si he ido recientemente a la mezquita, tendría que decirle que sí, que dos veces en los dos últimos años pero que ver no vi nada, solo sentir el mármol de la casa del Padre. Por el embriagador patio bajaba el retablo errante sorteando los desniveles, quizás por eso es un poco raro el andar hasta que entra y gracias al video por fin me he enterado que es lo que se desarrolla. Entrado hasta el fondo, donde ahí se me ponen los pelos de punta al contemplar con que poderío camina la urna, no me extrañaría que el Señor más que estar en los infiernos, estaría ya soñando dulces sueños en el paraíso que a eso de las doce de la noche volvería abrirnos, casi dos mil años después, un año más. El eco del son en el mármol, las órdenes, allí se me hizo más corto de lo que se vislumbra en la grabación. Los nazarenos rodean las naves del templo y los pasos se quedan al fondo, cuando llega el paliazo del Desconsuelo, a las órdenes de Curro y de Ángel Muñoz, otra gran persona dentro del grupo humano que mueve el discípulo cordobés de Manolo Santiago. Es especial esto, merece muchísimo la pena hacer estación de penitencia, si se puede en una cofradía, porque una estación solo será cuando se estacione, a algún templo, lo demás siempre será una simple procesión. Los sentimientos que volví a vivir llenan del misticismo, de la espiritualidad cargado de kilos hasta arriba mientras escuchaba la voz del cura que cada año nos da la charla en el primer ensayo, supongo que será el párroco de la Compañía, ese que este año dijo algo que me marcó y que deseo que dijeran todos los curas del mundo… “no valoraré el qué os mueve a venir aquí, pero lleváis el evangelio a las calles, en tiempos difíciles para ello, hacéis entonces un servicio a Él y su iglesia y eso hay que agradecerlo…” creo que con esta filosofía, las iglesias estarían más llenas.



















El murmullo del patio de los naranjos nos sacaba de la burbuja mística que solo los que estamos dentro podemos sentir, en la revirá que taladra el alma hasta que manda “venga de frente” y la urna vuelve a rajar el aire del cielo que comienza a vestirse como el día, de luto… corto relevo, la verdad yo creo que la cuadrilla baja es la que saca al Muerto en Córdoba, la alta parece más bien un refresco, eso sí, refresco de categoría y eso se nota en el lomo, sin duda un privilegio, filosofías de cada casa… en Cardenal González lo volvíamos a esperar mientras los niños te bombardeaban pidiendo “papel sagrado”, yo hubiese llevado este año pero si nadie lleva por precaución mejor quedarse quieto. El telón de fondo de la Mezquita y la noche enmarcaba a la encendía urna, parecía un ascua enorme, como un sol flotando por las calles con el son que le daba la alta, donde la magnificencia ya era indescriptible, todo como el año pasado pero todo parecía nuevo. Los kilos caían en buscan de la calle San Fernando, los resoplos que parecen cafeteras aparecían, pero ganándole la batalla, porque aquí sientes que nadie viene a engañar, que todos viene a pelear con el palo. Cuando me salí en la calle de la Feria la oscuridad entre naranjos parecía dibujar un paraíso si allí existiese la noche, la estampa es solo para verla, no hay palabras que la cuenten, porque si salen a ver al Sepulcro de Córdoba hay que verlo enmarcado por el olor de la flor que engalana a su madre bendita subiendo en busca de la carrera oficial la vieja calle de la Feria. Por el palquillo alcanzaba la cruz guía de manguilla, que menos, entre el son de la carraca que nos avisa de la muerte de las muertes entre servidores de otros tiempos y la Señora de Córdoba me dibujaba su estampa por detrás adentrándose en Claudio Marcelo, y caía al estómago un pescado raro que no había visto nunca en un montadito, este año no quería pecar… mientras casi se me cuela el nuevo relevo.
Seguía Dios dormido y el galeón de la Compañía se encaminó a una dura travesía, subir la calle de la carrea oficial hasta Tendillas donde la urna parecía flotar, aunque se apretasen los dientes en cada chicotá. El eco de la amplitud, las blancas luces que estropean el momento se adentraban por los recovecos del manierismo andante junto a la voz de Curro que venía a pasar al Señor por tribuna, con su cortas llamadas, un simple “llama atrás que nos vamos”, que es hermandad de estarse callado, de pedir con la voz del alma y de mirar al frente y tirar para arriba pero antes de atravesar la oficialísima plaza, Curro se sacó de su chistera el arte y dedicó lo que iba a pasar “al primer capataz de esta cofradía, por Gonzalo Santiago el pingüino” algo que desconocía, seguramente el hermano de Manolo Santiago, aquel taxista exclusivo del padre Balboa, el que le riñó bajo la Virgen de los Reyes sobre como rezaba un costalero, sería el capataz de esta hermandad en tiempos de los profesionales supongo, donde comprendí aquello que leí en la magna de que la familia Santiago estaba muy unida a la hermandad y es que no era simplemente porque Curro o la hermandad invitase aquel día a su capataz en glorias, Antonio Santiago y su hijo.
El rimbombante faldón trasero se abría nuevamente para que la alta se despidiese del Señor de la costalería de categoría en Córdoba mientras la urna no dejaba de dejarte mudo con el dosel de la calle que le pusieras, en esta ocasión con los edificios de la calle. Las “columnas” me recibieron un Viernes Santo más, cansado, pero no sé, me sentía mejor que el año pasado donde comenzó la despedida con estos hombres que me hacen quitarme el sombreo del mundo de abajo… qué fácil sería todo si todos los costaleros tuviesen la filosofía que desprenden los costaleros del Muerto, del Dios yacente de Córdoba. Fotos para el recuerdo, conversaciones de corazón sin sentirnos hermanos de esos de puñetazo en el pecho, es bonito aunque sea solo una vez, juntarse para disfrutar del arte de pasear a Dios que venía con son de cansado, aunque fuese dormido, le esperaba mucho ajetreo por allá donde la ciudad despidió hasta siempre al genio de Manolete. Se abrió el faldón y se abrió la caja de los recuerdos, subiendo la rampa, siempre con el rigor de la jornada, con el sabor del entierro volvimos a sentir la alfombra de la Compañía con la esperanza de volver a vivir algo que merecía mucho la pena, solo apto para privilegiados como era ver entrar desde el interior a su Madre bendita. El año pasado lo intenté narrar de la mejor forma posible, la verdad no le hizo justicia, obviamente no se permite ni una cámara pero este año, deseo que no fuese porque yo lo contase al universo cofradiero, nos quedamos debajo, en su casita, apoyando la frente en la trabajadera, no pudimos salirnos, tampoco nadie nos lo dijo y aquí la obediencia y el pico cerrado es el primer mandamiento, solo fue sentir como bienaventurados que nos funciona el oído como vive un costalero la Semana Santa, en ciega galera como diría Barbeito, escuchamos las voces angelicales que dirige ese genio que escribió “La Vía Sacra”, le siguieron las voces de Curro, con su deje tan peculiar y escuchamos el cimbreo del palio de plata y el racheo de sus valientes costaleros mientras en nuestra mente se dibujaba la estampa de los ciriales y del palio llenándolo todo en la prieta revira. Se posó, habló entre el ensordecedor silencio el obispo y se hizo la luz en la Compañía mientras seguíamos en la tiniebla bendita, porque su imagen seguía dormida pero Dios volvía a la vida para el gozo de todos los desterrados. La urna, el galeón de la Compañía volvía a alzarse, y el manierismo dibujaba sus últimas dentelladas de oro y sabor de luto. Lo dejamos en el letargo donde vive la espera tras un telón de su púrpura de Rey para un próximo Viernes Santo de paladar y kilos.




















Curro, Federico, Arce y también Martin no se me escapaban este año, necesitaba esa foto para el baúl de los recuerdos, delante de la joya más conseguida del siglo, la que se mueve a la misma categoría y eso es gracias a este capataz -y su gente- que en tan poco tiempo me enseña a pasos agigantados, y es que es un honor paladear este premio que Dios me ha dado de llevarlo  siempre a su voz, culminando un año más, para ellos en el noble oficio de llevar a Dios y su bendita Madre, como él siempre dice, al pueblo que los necesita, enseñanza que llevo guardada en la memoria que ya a más de uno le he dicho que siempre piense en aquel que sin saberlo le llevamos a Dios y a la Virgen para que le ayuden. Un abrazo fugaz, este año no tenía tanta prisa, esa misma mañana me llamaron para empezar a trabajar el lunes, por ello podría culminar la jornada viendo lo que quedaba de Viernes Santo en la ciudad para acabar la semana volviendo a la vieja Híspalis, a su glorioso sábado aunque ya no sea de gloria y culminar en gloria una semana que fue la gloria junto a Jesús Resucitado que como en Córdoba también sale de una iglesia en honor a Santa Marina y con ojiva.
Una despoblada carrera oficial nos llevaba hasta San Pablo con las columnas del templo romano por mudo testigo por donde comenzaba a entrar la hermandad de la Expiración. Como en Sevilla, aquí también se nota el público de las “rancias” que nos trajo al cordobés paso del Cristo de la Expiración, silente, como había estado toda la tarde como la advocación de su Madre al pie de la cruz. Me gustó la sensaciones que llevo desde entonces, entre Éste y lo vivido en Sevilla con los Javieres volviendo a soñar con un son para el Cristo que lleva más años en mi corazón pero… detrás del Expirante cordobés venia nuevamente su Madre bajo palio, bajo suntuoso palio más bien, estábamos ante otra de las joyas de las cofradías cordobesas. Seriedad suntuosa de palio de cajón bordado hasta “las cejas”, algo cortas vi las bambalinas, entre la orfebrería del “platero Roncero” como le indiqué a mi viejo amigo Juan Pepe, venía recubierta de manto real una de las coronadas de la ciudad, la bellísima Virgen del Rosario. Venia por San Fernando con mucha majestad, que menos con “Valle de Sevilla”, después creo que sonó “Tus Dolores son mis Penas” y así nos llegó el palio con el mismo sabor del día en que le beso su mano, el día de Todos los Santos, de una cofradía que bien mereció la pena acercarse a ver aunque las horas de la madrugada se nos echasen encima. Buen son, vi que su capataz era un costalero de Curro de otras cofradías, se tenía que notar cuando la bella estampa del palio se nos perdió por el compás de San Pablo al son de “Expirando en tu Rosario”, gran marcha y es que he aquí la categoría de esta hermandad que pocos pueden decir que tengan una marcha de Antonio Pantión.














El viernes se diluía como el azahar de la vieja calle de la Feria que está a la vuelta de la esquina en mis manos. En el Compás de San Francisco me quise llevar el recuerdo de estas vivencias, bajo el popular azulejo del Dios de Ortega Bru en la ciudad, con un entorno como su misma advocación señala, en silencio, este año la fotografía no sería en el puente romano, sino en un lugar con tanto sabor a cofradías llevando a gala la Cruz del Santo Sepulcro y yo fui su costalero. En el puente aun retumba a cofradías en esta noche donde Córdoba dice adiós a la penitencia de la gracia. El Descendimiento volvía a la figurada Triana cordobesa, a su Campo de la Verdad. La Virgen del Buen Fin conquistaba casi la Calahorra y antes de llegar a la rotonda de la iglesia el misterio y cofradía que marcan el contra punto de barrio en la jornada se prestaba sin prisa a saeta tras saeta, alcanzando los relojes las dos de la mañana, solo quedó eso si con equivocación a la hora de salir de Córdoba, volver hasta casa a ver como se levantarían los ánimos para echar el aldabonazo a esta Semana Santa antológica para lo que a mí respecta.

Fotos: Juan José Villar Sánchez.