Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta RESUMEN 2014. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RESUMEN 2014. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de julio de 2014

DOMINGO DE RESURRECCIÓN... CRISTO VENCIÓ EN LINARES.

Esta Semana Santa de 2014 había sido sin duda la Semana Santa de la vuelta a la gloria, por fin, que ya se veía lejana, habíamos podido en toda Andalucía sacar a Dios y María por sus calles sin el miedo de mirar al cielo. Una semana donde el cielo se vistió del color de la Inmaculada y en la noche se revestía de estrellas y luto como reviviendo aquellos tiempos románticos donde la Semana Santa definitivamente dijo, que quería formar parte importante en la idiosincrasia de Andalucía, en la semana más grande del año para tantos y tantos hijos de Dios como cuenta el sur de España. Pero llegó el Domingo de Resurrección, donde soñé que me despertaría en la vieja Híspalis, seguramente después de a ver contemplado recogerse a la Soledad en San Lorenzo, levantarme temprano y apostarme a la puertas del cielo en Sevilla donde unas palomas blancas, “Angelitas” de carne y hueso, las llenas de la misericordia más eterna que suele poseer la más normalmente efímera del hombre… le cantarían a un Dios resucitado la emocionante canción de Kiko Arguello… Resucitó por fin un año más Jesús, y los cofrades lo recibíamos como siempre, agotados, exhaustos, necesitando un tiempo muerto como en el Basket tras tanta y tanta pasión. Pero la semana de la gloria, donde brilló un sol, que parecía como aquellos románticos que bordaban los talleres de los bordados gruesos, se tornaba gris, con el sinsabor tras una irrepetible Semana Santa soleada y casi veraniega de volver a mirar los partes meteorológicos donde decían que la Semana Santa no iba a salir limpia. Aunque para algunos así fue, no se mojó ni se quedó en casa ninguna de las que ellos querían ver, porque prefieren perderse el ultimo caramelo de la Semana Santa, que en realidad es el caramelazo, porque en verdad es el sentido a tantos nazarenos, tantas cruces llenas de muerte, y tantas lagrimas vertidas por mejillas de dulcísimas Señoras, belleza terrenal para mostrar la belleza espiritual del Hijo de Dios y su Santísima Madre.
Iba a llover si o si, motivo para que no me fuera a Sevilla ni a media tarde del sábado tras haber descansado de la vorágine del jueves, viernes y sábado por la mañana ¿Encima me iba a volver lloviendo sin ver al Resucitado? La gran imagen de Buiza le echo valentía, abogó por el arrebato de ganarle la partida a un cielo que tras tantos días envidiables se cubrió del mayor enemigo de los cofrades y capillitas, pero al poco de salir la Resurrección en Sevilla se quedó para el interior de los templos y lo más profundo del alma. La mente me podía, incluso el viernes en Córdoba a unos compañeros del Santo Sepulcro, costaleros, capataz, etc… del Resucitado de la Carolina, donde también van un nutrido grupo de compañeros cordobeses, entre ellos el capataz Federico… les comenté que este año quizás me acercaría hasta la localidad cercana a Despeñaperros para contemplar la gran cofradía que están conformando entorno al misterio de la Resurrección, como ya dije una vez, en un pueblo más pequeño que el mío... Pero es complicado en ese día viajar hasta La Carolina por la nacional IV. Mi amigo Félix, me comentó que los años que lo sacó tenía que irse por carreteras secundarias, incluso yendo por Linares, Vilches, la Fernandina, etc… es decir una odisea, por la cola que se forma de todos los que vuelve para el norte desde Andalucía tras el puente. Allí se encomendaron a los arrebatos, aunque parece ser que también les llovió, como pasó en Córdoba, o Granada, la resurrección de Jesús estuvo un año más marcada por la lluvia...



Amanecía el Domingo de Resurrección con el color que menos gusta para sentir la gracia del día más importante de la humanidad, aunque los capillitas lo recibamos agotadísimos. No sé si sería por esta nueva Semana Santa experimentada, donde prácticamente no hubo ni lunes ni miércoles y encima me quedo sin ese sábado que en dos años se me han inyectado por las venas de forma aplastante. Creo que es el primer Domingo de Resurrección que me despierto con ganas de más y más, cuando la mente el día anterior me borraba las ilusiones, incluso otros muchos años ni siquiera veo una procesión, y ya solo pienso en estos meses de recordar y de revivir, y saborear los días de la gracia, hasta que llegue esa primavera andaluza que algunos llaman otoño y la chispa adecuada prenda la mecha hacia una nueva semana para los sentidos.
Me levanté con ganas de pasos, por redes sociales y demás preguntaba si en Linares había arrebato. Y lo había, y salte casi de la cama y viaje nuevamente hasta la ciudad donde vive una de las caras en las que veo y siempre veré al Hijo de Dios llamado Prendimiento, descansando ya en su capilla, sin sus retablos errantes por allí… pero bueno, mejor no hablo de Él que se me nubla la vista… 
Pedro Guerrero se me apuntaba y echaba el aldabonazo a una Semana Santa que hace un tiempo le dije, que si me conocía, le podría llegar y le podría cambiar la vida, nunca quise “absorber” la mente de nadie como me dicen que he hecho contigo, simplemente te di la oportunidad de ver y sentir la Semana Santa como yo, y esa atmosfera es la que te ha enganchado, pero bueno, en ti y solo en ti, está la opción a pensar si te ha hecho bien o te he hecho mal. La gracia se acababa, el cielo pintaba mal, podríamos terminar la Semana Santa empapados, incluso yo he visto nevarle al Dios de Víctor de los Ríos que cada Domingo de Resurrección se alza por esta vieja Cástulo, que por cierto no sé qué tendrá de Cástulo cuando la vieja ciudad ibero-romana está a unos cuantos kilómetros del casco urbano linarense.
Seguramente los castulenses que vivieron en la época de Cristo, ni les llegaría el rumor de este tal Jesús que había revolucionado Palestina, llevando contra las cuerdas al mismo imperio romano. Lo que movió aquel pobre carpintero nacido en Belén… que sabrían aquellos castulenses que cuando llegara la primera luna llena del mes Nissan, de esos molestos judíos, las ciudades que se levantarían a su alrededor pasearían para mayor gloria imágenes representativas de aquel pobre despojo humano en que quedo convertido a través del látigo, la cruz y la injusticia… injusticia humana que hizo justica en la gloria. Así buscamos al protagonista y único personaje principal de esta historia que se recrea a Dios gracias cada año. Buscábamos y la cofradía, en su siempre ejemplar actitud con los horarios que debe caminar una cofradía a razón de su recorrido, se presentaba con su paso de misterio en la calle Sagasta esperando para entrar en esa carrera oficial que en verdad, quitando jueves y vienes tarde, no sirve para lo que una carrera oficial se le requiere. Pero bueno puedes ver o esperar sentado a los pasos de cada jornada y así parece que le da más prestancia a la Semana Santa del lugar. Es curioso, la primera vez que vi esta cofradía, fue solo el palio, fue en esta misma esquina, pero entonces era saliendo de la carrera oficial y subiendo en dirección al coso de Santa Margarita para retomar la vuelta a Santa Bárbara, emocionándome de ver un palio a costal en una medida revirá con “Hermanos Costaleros”.
Se elevó el barco de la Resurrección en Linares, procesión matinal que siempre ha contado con la respuesta del pueblo de Linares. En sí, para mí es una de las cofradías punteras de la ciudad, si me permiten la imparcialidad que me da ser un bailenense que escogió una cofradía para salir según sus criterios, donde obviamente no existían ninguna filiación familiar ni devocional, la Resurrección junto al Prendimiento han sido siempre las más exquisitas y más preparadas en lo que se refiere a aquella adaptación a la sevillanas maneras que trajo los años ochenta, aunque aún les queden a las dos mucho camino por recorrer, aunque otras tantas se hayan acercado más en esa búsqueda de la excelencia cofradiera… por favor no se tome nadie esta palabras como una visión competitiva.


Por eso busqué un año más la Resurrección de Linares, y la misma venia sobre el gran barco que le están realizando. Un motivo más de lo que vengo a decir, cambiaron ese primer paso, de más escueta calidad artística por uno realizado por manos más tocadas por la gracia del buen arte. Gran barco que comenzó la revirá a los compases de la agrupación musical de la Pasión de Linares, con unas de sus mejores marchas, “Sangre en tus Clavos”. “Muy rancia va la cofradía” me indicaba un capillita linarense de los tantos que conozco, en la acera, a él que le encanta las hermandades de barrio y por ende esta quizás debería venir más alegre. Pero es lo que manda en la actualidad, los resucitados también se impregnan de esas nuevas modas por lo más serio que parece que comienza a prevalecer. Aun así, es una marcha de tal belleza, que merecía la pena saborear en la revirá, que fue bastante buena, comencé a palpar una grata mejoría en esta cuadrilla, desde la última vez que la vi, síntoma de que queriendo aprender los malos tiempos al final acaban por desaparecer. Pedro, con el que nunca había hablado de la dichosa cuestión con las plumas de los romanos, me comentaba que quizás lo suyo sería un cepillo en lugar del penacho de las grandes plumas de avestruz. Sin duda en la revirá por momentos la dulce cara del Señor, acrecentada por la mano del Luque Bonillo, se perdía entre el mar de plumas de los dos soldados que se espantan al contemplar la primera resurrección a la vida eterna de la historia.
Se abrían paraguas, comenzaba a lloviznar, al final parecía que le Semana Santa acabaría mal, pero la cofradía no perdió el temple, el paso siguió a su mismo son, mientras el perfil extraño del ángel de Romero Zafra, el que dicen que por un lado es mujer y por otro hombre –por aquello de que los ángeles no tienen sexo- alzaba la mirada extasiado mirando al Hijo de Dios abriéndonos las puertas del cielo. Dios se reconciliaba con los hombres entregándose a lo peor del hijo del hombre, que difícil se nos hace reconciliarnos entregando muchísimo menos…






Me gustó mucho como el paso anduvo sobre los pies, y como le abrió el compás suave al galeón de la Resurrección. Me encantó ese son, con esas marchas, con esa gran banda, creo que no necesitaba más, seguí pensando que la mejora evidenció que no les hacen falta cambios para crecer. Es curioso, a su vera, con el cuerpo de capataces caminaba el sevillano Manolo Soto, segundo capataz de la hermandad del Polígono de San Pablo, es más, es el que manda el misterio del Cautivo cuando Zambrano va con la Virgen del Rosario, y de este paso sevillano igualmente pienso lo mismo, le van también el clásico modo de andar, que los cambios estropea una burbuja de la gracia que iba envolviendo a la gente a su paso.
Tras de Él venía su Madre del Amor Hermoso, diríamos que la única dolorosa que se llamaba así en Andalucía hasta que llegó la de la parroquia de San José Obrero de Bailén. Pero para mí no, Ella, sin lágrimas pero bajo palio viene abriendo la gloria tras su Hijo, al que buscó aquella mañana de luz de entre los muertos. Un palio muy vistoso, el de malla por excelencia en la ciudad minera, salido en gran parte de los lápices de fray Ricardo de Córdoba, aunque Felipe López siguiese la línea del fraile capillita andaluz para completarlo. Supongo, que con el buen trabajo que están haciendo, cuando vean dorado su paso de misterio, optaran por el bordado en lugar del recorte. Pero su catedral del Amor más hermoso de María también se movió con finura, quizás a día de hoy es el palio referencia en el compás y movimiento del palio que más me gusta de la ciudad, ellos que no tienen un palio con doce varales maestros, y con los basamentos sueltos para poder salvar el dintel de la parroquia, que también hay que contar con esa suerte.
Tras Ella la banda de María Inmaculada, para la Inmaculada de la Semana Santa linarense, banda que es el fruto del buen hacer del amigo Paco, y ahí están los resultados, y esos resultados se alzaron al cielo de Linares con “Madrugá Macarena” y después con “Hosanna in Excelsis” para plantar a la dolorosa alegre de la ciudad ante el palco de la carrera oficial. A partir de ahí continuamos junto a la hermandad hasta la recogía, chicotá a chicotá, mientras le daba un abrazo al segundo del palio, Justicia, con el que he tenido el honor de compartir trabajo este año bajo el Soberano de Linares, un gran costalero, habría que tener en cuenta porque casi todos los más “capacitados” en técnica costalera de la ciudad están bajo las divinas plantas del Prendido de San Agustín.




Por la calle Carolina o la de la Cruz acompañamos al misterio, que siguió dando alarde de lo que vine contemplando, que andando sobre los pies dominaban al paso y le daban su son, paseando al Señor Resucitado bajo unas nubes que dejaron de llorar para que por lo menos en Linares la Semana Santa si hubiese sido completa. Siempre en los lugares de cofradías te encuentras a compañeros, a amigos, fue grato despedir la Semana Santa con un abrazo o un apretón de manos, quizás hasta el año que viene… la Fuente del Pisar recibía a su cofradía, o a una de ellas ya de vuelta, y por allí me encontraba con David Parra, y poco después con Félix y Toñi que vinieron a echar igualmente el aldabonazo a la Semana de Dios en Linares. Comenzaba la “cuesta del costalero” como la llaman en esta hermandad, derroche de fuerza bajo los pasos con chicotás eternas subiendo San Pedro, enlazando marchas, en los dos pasos. La lluvia hizo que me perdiera el disfrute de contemplar el nuevo banderín de Pasión, una obra que quizás ya sobrepasa los límites artísticos a los que aspiran las bandas. Pedro Palenciano les ha creado más que un banderín, una insignia guion de hermandad con solera, de las “grandes” como diríamos los capillitas, bordado exquisito, por todas las caras, un formato nuevo donde la palabra PASIÓN viene anunciado el resultado de un sueño ambicioso que tuvieron hace casi veinte años ya, unos locos de la música cofradiera en Linares.
Con “Triunfo de tu Santa Cruz” llegaba el Señor a su santa casa encalada, entre repiques de campanas -en ese campanario del que se siente orgulloso el amigo Pedro Muñoz de haber puesto los focos que lo iluminan cada noche-, petaladas y se posó a las puertas de su casa. Sonó la oración hecha cante popular, la saeta, y lo cierto es que la muchacha que le cantó mostró grandes dotes con el complicado arte de la saeta, fue digna de los repelucos. Y los Repelucos aparecieron por mi ser, por mis lagrimales cuando el Señor poco a poco se comenzó a perder al interior de Santa Bárbara, mientras su dulce mirada parecía decirme, que sí, un año más habíamos podido los dos disfrutar de su Pasión, Muerte y Resurrección. Habrá marchas nuevas, llenas de enorme genialidad musical, salidas de los genios de la composición, incluso no aptas para cualquier banda, que Pasión acabó interpretando la dulce melodía, sin percusión de “Chistus Vinci” y el “Cerca de Ti”, así, con canticos tan gloriosos dibujaron la recogía más perfecta, siempre sobre los pies, poquito a poco andando para atrás, cuando los pasos solo tiene que hacerlo, para despedir a Dios y su Santísima Madre del pueblo. La penumbra de los cielos contrastaba con la dulzura del Señor, estaba nublado pero el parecía iluminarlo todo y esa música… ¿cómo describirlo? fue el momento de la gracias, solo nos vale eso, que me perdone mis fallos, mis rencores, ojalá pudiese poner la otra mejilla como él la puso. Un escueto moratón me lo recordaba y la burbuja lo enmudeció todo, éramos solo Él y yo con esa banda sonora indescriptible. Quizás este ha sido el final a una Semana Santa más emotivo que he vivido, no quería que entrara, quería que fuese otra vez Domingo de Ramos pero…

Al final nos llegó María, trabajando sus hombres el compás de María, llenando de júbilo el domingo y las marchas alegres sucediéndose. “Reina de Triana” movía con la gracia de la Cava el palio “calao” de Linares, con sus ecos rocieros la Madre del Amor se aproximaba a su casa de Santa Bárbara. Levantás fuertes y gordas, poderío en la cuadrilla, hay futuro bueno bajo sus trabajaderas y al final ,siempre al final, ese giro para que todo el barrio le viera que en su cara ya no había lágrimas, sonreía casi igual que cuando por el mes de octubre, su “hermana” del Rosario le rindió visita, Ellas, Madre de Dios, Amor o Rosario que hoy me enterado que le han echado una manilla, donde allí arriba más nos tienen que ayudar a una buena devota y enamorada de la Virgen María. Sonaba “Encarnación Coronada” –curioso que su hija se llame Encarnita- para una de las Vírgenes de Linares, Ella que hace a su hermandad mariana por excelencia en la tierra de Linarejos y nada más que por eso tenía que sonar el Ave María mientras poco a poco el palio se perdía en la penumbra del letargo, poco a poco se marcha la magia, la chispa de la Semana Santa se iba apagando, un año más ante el jubiloso triste final… sonaba el Himno y los músicos de mi amigo Paco enlazaban con el trio de una marcha que el mismo le dedicó al Amor Hermoso “En tu Inmaculada Concepción”, de alegre y fresca melodía, muy gloriosa para las glorias de María… se me marchó la semana más esperada, siempre las más corta del año, dura y de gloria, de mucha gloria, para afrontar un año más la espera. Vuelve la normalidad, perdónenme a los que mis pastelosas crónicas les hayan hecho olvidar el blog todo el tiempo que ha durado, he querido quizás darle el único protagonismo que me quiero dar en este mundo, el de mostrarles la Semana Santa que vieron mis ojos y sobre todo percibió mis sentidos más sensibles. Con el final llegó el principio de muchas cosas que aún están por llegar, de pensar, de meditar, y esperar para ver donde me llevará el Señor, ya por lo pronto me ha puesto un meta donde como siempre si Él lo quiere intentaré dar lo mejor de mí, siempre, ¡siempre! para su mayor gloria…

jueves, 10 de julio de 2014

MARTES SANTO... EN LA MAGIA GRANADINA. (y IV)

Un video de la subida a la Carrera del Darro de la ya pasada y famosa magna mariana de Granada del pasado año, del paso palio de la Virgen de los Reyes fue el detonante para que me enamorara del momento que estaba a punto de vivir en persona. Aquel día de mayo desistí, riesgos de lluvia pero también la cabeza que no estuvo por la labor de querer que fuera a vivir jornadas de las que me hinchan el pecho de gloria, pasión, felicidad, de disfrutar de mi afición más bendita, porque no le quepa la duda a nadie de que aquel que le gusta la Semana Santa algo más allá de su personal devoción a una imagen es porque la afición puede darse en la religiosidad popular, que una cosa no quita la otra –sino este blog no existiría-, sino que ambas se necesitan para que en pleno siglo XXI todo esto que a muchos les huele a rancio, pero del que huele mal, siga muy vivo, qué digo, para que viva en Andalucía su época más gloriosa. Sean capillitas sin complejos, los que nos llaman así despectivamente, aunque les guste la Semana santa, es por la inseguridad que les da su mente, quieren dar a entender al mundo lo que no son. Y es que aunque no nos demos cuenta, nuestra mente pude ser nuestra peor enemiga, a veces hay que combatirla también, porque nos vence y nos hace no sentir lo bueno de la vida.
Por eso aquella noche de Martes Santo me dispuse a medio arreglar aquel fallo de mayo de 2013 para abrirme al estruendo de la gracia, si ya el video te llamaba a la Effetá, ¿cómo sería en vivo? San Gil y Santa Ana esperaba como testigo mudo la llegada del Gran Poder y la Esperanza mientras apagada contemplaba pasar nuevamente el palio de cajón albaicinero, encendido de gloria de vuelta a esos rincones del Albaicín que en la noche levantan el embrujo más indescriptible que creo que se puede contemplar en este mundo. Nuestra inmortal España, con sus encantos se abrían para dibujar lo impensable, eso que sorprende a propios y extraños, españoles y guiris rellenaban los pocos huecos que la calle más bella del mundo permitía para poder ver pasar a la gracia, la magia, el pellizco. Plaza Nueva, algo más tupida despedía a la cofradía con el sonar de las campanas de la Chancillería, ¡Cómo se puede dejar la cofradía ahí cuando entra en la Carrera del Darro!













Si los diletantes, los amantes de la estética, de la belleza, nos enmudecemos, nos detenemos en el tiempo, observamos a cámara lenta el paisaje bajo la luz del día, incluso bajo la lluvia, como sería esa calle que en la noche solo recorrí una vez en taxi algo pasado de vueltas, en esas noches de fiesta que también ofrecen como reclamo al mundo la ciudad universitaria por excelencia del oriente andaluz. La oscuridad, la escueta iluminación, la tranquilidad… era un marco complicado de describir, imposible de pintar… mientras entre todo esto, pareciendo como si la Virgen recorriese un perfil montañoso entre las tinieblas, pareciendo que Ella bajaba a los infiernos a rescatar almas, pero no solamente seguía su son de todo el día, nunca dio opción al conteo de adoquines, como las buenas hermandades de negro aunque ésta el ruan no lo utilice. Los cipreses de Santa Ana se erguían mientras parecían que querían convertirse en las jarras cónicas de la Virgen, más rancio sobre rancio. Querían adornarla en su luctuosa pena, la escena era completamente de otra época. Nos dispusimos delante del paso como si una hermandad bullanguera pareciese. Un diputado vestido de paisano a veces nos miraba como diciendo que ahí no deberíamos estar aunque también me daba la sensación que de que le encantase de ver que había gente que prefería embobarse con este arte con el que quizás la Cañilla, más “trianera”, estaba agolpando a más multitud para su recogía, él fue quien nos dio la estampita de la Señora con la carita enmarcada en los ancestrales rostrillos del pasado. Pero el bueno gusto se palpaba delante del paso, que no le perdía la cara a la vuelta, ahora cuesta arriba y empujando, la banda de música Ángeles de Granada desglosando buen hacer, sacado esas marchas que como ayer mismo a bien leía hay que mostrar más al mundo cofradiero para que de una vez comprenda la gracia de toda esta esencia, ahora que pasa malas horas con las marchas de baja calidad. Ha pasado ya tanto tiempo que solo puedo recordar el momento en que el palio se alzaba a la misma vera de la Vela alhambreña y comenzaba a sonar esa marcha que muchos expertos dicen que no es solo fúnebre, si no que engloba todas las esencias de la Semana Santa. El palio lamia los varales, con finura, comiendo calle al compás medido, se notó una mejora en el movimiento desde la magna y desde todos los rincones la belleza era suprema cuando parecía que de la nada surgía la banda sonora de la ida y “Soleá Dame la Mano” se daba eso mismo, de la mano con la Virgen para recrear una subida que nos envolvió en la burbuja hasta que la diosa Alhambra se embelesó nuevamente entre la oscuridad de la gracia que su ciudad nos legó, con sus viejas cofradías, sin olvidarme claro con el ingrediente sevillanizado que  simplemente ha venido a elevar  a la Semana Santa andaluza, como dije, hasta su tiempo más glorioso, época dorada que en nuestras manos está seguir elevando hasta la cotas más supremas que los tiempos contemplen. También recuerdo “Quinta angustia” quizás “Ione” o “Mater Mea”, la verdad ¡cómo no pueden haber videos de aquella subida!, seguramente fue porque lo que se habría ante nuestros ojos hipnotizaba y no te hacia nada más que pensar en los sueños que se dibujaban por la calle más bella del mundo, tal como digo en Sevilla, estas calles tan embrujadoras son para verlas con cofradías por ellas... lo mismo que con Córdoba, o el viejo Jaén, etc… son el mejor momento del año.










Tanto nos atrapaba Santa María de los Reyes que casi nos olvidábamos de su Hijo, que estando casi rozando el Paseo de los Tristes nos lo encontramos inmerso en el pellizco de su pasado que aún sigue respetando su hermandad. Encendido en la aurea luz de su paso –que me hizo soñar con uno muy familiar a este que yo me se…-, con su presencia tan angustiosa y de amargura, el silencio más que nunca espesaba el ambiente. Se encontraba detenido y desde un balcón un sacerdote turiferario lo alababa y adoraba con el perfume del incienso, el que aún no había nombrado, pero que sin duda se palpaba cual es el modelo a seguir de esta cofradía, cuando olíamos, porque las cofradías también tienen olor a hermandad rancia de sevillanas maneras. Bella estampa en el sobrecogimiento, mientras el humo sagrado hacia las delicias de los que nos embriagamos con estas estampas tan hundidas en las raíces de nuestra cultura, que el cura parecía como uno de esos angelotes que turiferan las iglesias desde las lejanas noches de los tiempos. Abajo en la calle, Dios se elevaba y más que nunca parecía seguir su camino por la cuesta de la amargura, entre el canon por el que nació para mayor gloria de Granada, entre el rezo del vía crucis. En este último y embelesador tramo la hermandad “decana”pierde un poquito el sentido del silencio y evocado a sus orígenes hace de la estación de penitencia un vía crucis. La cuadrilla caminaba, y el lenguaje de los capataces -en este momento iba el capataz general de la hermandad Dionisio Martínez- me retrotraía a mis ensayos con el Sepulcro de Córdoba. Se palpaba cuadrilla de oficio, de afición, si es que es el mejor recurso que manda en la actualidad cuando la devoción talibán como yo la llamo no es la única premisa para sacar a Dios y Maria. Que más dará los motivos que mueva al costalero para meterse debajo, si con la mayor profesionalidad que le da la pasión por el costal, el Señor y su bendita Madre estaban repartiendo baberos por Granada. A los que buscaban el consuelo en sus miradas, ni se pararon siquiera a pensar en estas cosas. “Había que seguir para terminar bien la cofradía” les apuntaba por el fastuoso respiradero bordado el que sería el segundo capataz, ese es el idioma del arte del costal, porque sin su arte, la magnificencia de todo lo que veíamos no se podría haber dado… buenas imágenes, buena estética, buen paso, paisaje increíble como sacado de un cuento, pero no sería lo mismo si un paso viniese arrastrando los zancos en lugar de como venía, con los kilos arriba, como horas antes, eso es lo que da ser costalero con afición, que no es contrario a salir por devoción.
Dios, porque era eso, bueno su imagen representativa, evangelio plástico errante por la ciudad, parecía seguir el triste destino de aquellos que le dieron denominación inmortal al Paseo del Padre Manjón. Era ya tarde, me estaba colando de hora, pero el programa ya no iba con lo que estábamos viendo. Pensaba que la podría haber visto entrar, pero me tuve que despedir contemplando las impresionantes estampas que dibujaba Jesús de la Amargura con la Alhambra iluminada bajo la luna del Nissán en un paseo que parecía más que nunca de los tristes, como triste era ese guiri borracho que le hacia “la peseta” al Señor mientras pasaba, ante la ignorancia y talante de los creyentes o no que estábamos allí, mientras éste pensaba dos cosas: o arrearle una que fuera a por los dientes al palacio de Carlos V o que dos mil años después, Jesús seguía recibiendo mofas por su incomprendida misión redentora, seguramente ese guiri algún día se encuentre con la cara que Mora sacó de un sueño imaginero allá en el reino donde se premia lo bueno y te recuerdan lo malo por este valle de lágrimas, ni ahí Jesús permitió que sacáramos la cara por Él…










Había que volver al pueblo, que el reloj superaba las doce y media de la noche y había que bajar hasta los Escolapios a por el coche. Llegaba el palio de cajón encendido como un ascua, con su mismo son, nosotros tomábamos la marcha contraria mientras íbamos distinguiendo los diferentes instrumentos de la banda interpretando nuevamente “La Madrugá”. Bajábamos nuevamente al compás del Darro y daba pena despedirse de ella, por plaza Nueva la Señora que nos abrió el día buscaba nuevamente su lugar de descanso, con la misma marcha; “Coronación de la Macarena” donde quizás ya caería rendida, como sus ojos nos venían anunciando durante toda la jornada.  Nos despedíamos de la Esperanza con su mirada desplomándose, así casi iba uno también, porque el vieja fue de una hora, pero también se me hizo pesadísimo en los párpados, de una Semana Santa esta la mía de mucho viaje y aun parecía que no había ni empezado. Otra vez tarde a la cama y nuevamente a trabajar en un Miércoles Santo que solo me dejaría ver unas cuantas chicotás del bello paso que han conformado los Estudiantes de Linares, con el nuevo Cristo, el compás largo y serio y los sones del Rosario de Linares. No dio el día para más, la cena en el “Jamón” y el Real Madrid alzando la copa, que parece ser no va a ser de momento la última del Rey, me llevó a dormir unas horas, para a las cinco de la mañana comenzar dos o casi tres días de intenso movimiento, entre trabajo, dos pasos que sacar y más trabajo sin apenas descansar, que me dejó sin Sábado Santo en Sevilla, ni hasta Granada nuevamente me permitió mi mente, ya se los dije al principio, ir a conocer la impresionante Piedad de la Alhambra que comandan los míticos Carvajal, pero la Semana Santa acabaría como Dios manda, con pellizco, emoción, casi lágrimas, quizás nunca antes sentí en el mismo Domingo de Resurrección las ansias de comenzar de nuevo…