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domingo, 16 de agosto de 2020

LA PLAZA DE LOS DOLORES DE BAILÉN


El pasado día 4 de agosto de 2020 se puede tener como el día oficial de un acontecimiento histórico que personalmente a mí me ha encantado.  En un acto sin anunciar (para evitar posibles aglomeraciones de gente por la pandemia), el ayuntamiento inauguró la remodelación de la antigua Plaza de las Garrotas. Entre los cambios significativos se encuentra que un rincón bailenense se ha rotulado en honor de una imagen devocional del pueblo y además se ha instalado en ella un retablo cerámico con la imagen que desde ese momento le da nombre a la plaza. Y digo bien, porque la que hasta ahora (y no oficial) era solo la “plaza de las Garrotas”, ha pasado a denominarse como la plaza de Los Dolores. Ahora solo queda que el retablo cerámico con la imagen de la Virgen de los Dolores que ha realizado el artista y ceramista local José Antonio Rivas sea bendecido.

El 21 de febrero, la corporación municipal daba la noticia de esta nueva nomenclatura de un rincón bailenense que han querido remodelar y potenciar creando una verdadera plaza, ya que en realidad antes solo era una fuente que hacía las veces de glorieta para la circulación de vehículos. La pandemia del coronavirus paralizó las obras y seguramente la instalación, inauguración y bendición de todo el plan urbanístico que seguramente hubiese sido para las vísperas de Semana Santa. Pero por fin ya se ha podido completar todo el proyecto. Qué duda cabe que a mí me ha encantado la iniciativa ya que se ha tomado en cuenta la esencia de nuestra cultura e historia. Mis seguidores ya sabrán de mi vieja ilusión porque cosas como estas se hicieran en Bailén. Aun en estos tiempos, como dirían algunos, la iglesia y la fe cristiana tiene una innegable presencia en la idiosincrasia del español, y sobre todo en el andaluz. Por ello, creo que dedicarle una calle o plaza a una imagen religiosa (católica), aun entra en las lógicas de nuestras costumbres. Tenemos que dar por sentado que la devoción popular es parte intrínseca de muchos ciudadanos. Pero además hay que tener en cuenta el peso histórico de la Virgen, que aunque los tiempos han visto la sustitución de su imagen en varias ocasiones, el culto a su iconografía y advocación en Bailén se hunde en el mismísimo siglo XVI.
Así que creo, que vecina tan antigua e ilustre se merecía este detalle. Y es que la Virgen de los Dolores (antaño de la Soledad) lleva viviendo en la antigua ermita de la Soledad (el monumento más antiguo de Bailén) desde que se pierde la memoria. Desde que la antigua ermita de Santiago, San Marcos, San Nicasio o la Soledad se encontraba extramuros, es decir, fuera del casco urbano y poco a poco se fue agrandando la vieja villa que crecía y se acercaba a sus dominios.


Pero para este proyecto han querido tener en cuenta la historia. Es decir, se ha podido devolver una denominación de la plaza de otros tiempos. Pero hay que aclarar que la denominación pudo ser popular e incluso transitoria. Oficialmente esta plaza nunca se ha llamado así, si tenemos en cuenta que sería a partir de 1851 cuando el ayuntamiento comenzaría a conformar un entramado oficial de nomenclaturas y numeraciones de las viviendas del callejero bailenense. Hasta entonces todo eran denominaciones populares, que algunas se respetaron y otras se cambiaron. Para aquellos días de mediados del siglo XIX no se la cita con nombre alguno. Hace relativamente pocas décadas se la denominó como plaza de las Garrotas porque al parecer así era llamado popularmente este “llanete” donde había una fuente pública de donde emanaba el agua por una tubería con la forma que recordaba a una garrota. Por ello, cuando se construyó la actual fuente se exornó con caños por donde salía el agua con esa misma forma. Que por cierto, también volverá el agua a fluir de la fuente y se ha restaurado la poesía que contenía su decoración. La autora de la poesía en 1987, María José Cámara Briones, estuvo presente en el acto.
Ya una de las calles que desembocan en la plaza es llamada como una antigua denominación de la ermita; San Nicasio (antaño carrera de San Nicasio) para que entendamos cómo estas cosas echan raíces entre sus vecinos más cercanos de aquella Puerta de Baeza, que creció con la calle Cantarranas y la calle Saeta mientras la actual prolongación de Baeza (no estaría mal otro cambio de nombre) era tan solo el principio del camino de Jabalquinto (atravesado por el camino “rededor”, actual calle Sevilla) donde a sus orillas se asentaba y asienta la ermita. Incluso la actual calle Carpinterías también se la denominaba de San Nicasio para 1851, que es cuando se la cambia a Carpinterías (desde el franquismo García Morato) como nuevamente ha sido rotulada.
¿Pero de dónde sale eso de plaza de Los Dolores? Francisco Antonio Linares Lucena volvió a poner de actualidad en 2013 esta curiosa denominación siguiendo lo descrito por el que fuera Cronista Oficial de Bailén, Matías de Haro Comino que lo reflejó en su “Bailén, su historia y sus cosas”, libro publicado en 1985. De Haro se basa para ello en un viejo artículo del programa de fiestas de 1942 firmado por “maese Juan” (probable seudónimo que utilizase Pablo Morillas), el que nos revela la existencia de alguna relación del callejero de Bailén en el año 1826. Que cite textualmente “tenemos a la vista una relación de las calles de Bailén en el año 1826…” nos da a entender que algún documento encontró para enumerar ese callejero. 
Matías de Haro no consigue confirmar que se tratase de esta plaza, aunque maese Juan la describe entre la calle Cantarranas y Baeza, por lo que podría ser el otro llanete adyacente donde confluyen la calle Baeza y Cantarranas. Matías de Haro expone que cree que tiene todos los visos de que fuera la plaza de las Garrotas por algún tipo de parada que hacía la imagen durante sus procesiones y traslados entre su ermita y la parroquia. Como acostumbraban por entonces nuestros investigadores, no dejaron bien señalizado el lugar donde encontraron estos datos para ahora poder corroborarlo como se merece. Investigué en las actas capitulares y pregunté por cualquier documento sobre censos o padrones que tuviera el archivo municipal de Bailén, pero aún la búsqueda está abierta para saber de dónde maese Juancogió esta información ya que los padrones de vecinos más antiguos que conserva el archivo municipal comprenden fechas en torno al año 1867 y en ninguno de ellos aparece ni plaza de Los Dolores ni nombre de este rincón bailenense.
Sobre ella, maese Juan dejó escrito en 1942 lo siguiente:
Tenemos a la vista una relación de las calles de Bailén en el año 1826. Existían las calles siguientes: Santo, Eras, Plazuela del Mesón, (la de Castaños actual) Calle Real, Calle Carrera, Almendral, Silera, Yedra, Santo Cristo, Plazuela del Olmo, Empedrada, Campo, Cruces, Moya, Cura, Choza, Agua, Real Alta (Falange actual) Álamo, Horno de la Frentona, Puerto, Baeza, Oro, Cantarranas, Carrera de San Nicasio, Plazuela de los Dolores (entre Baeza y Cantarranas), Sardina, Barrancos, Barreruela, (del Prado actualmente) Jaén, Plaza, Amargura, Iglesia, Plaza del Rey (actual de José Antonio) Jesús, Arrabal y Nueva”.[1]
Lo descrito por Matías de Haro es lo siguiente:
N. 12 Plaza de Los Dolores.
Investigué cuanto estuvo a mi alcance. No me ha sido posible hallar con exactitud el punto donde estuvo enclavada la plaza de Los Dolores.
Parece ser que habiendo existido por esta tierra la buena costumbre de dar descanso a las imágenes en esta zona del pueblo y a su paso por dichas calles no se descarta que en yendo la Virgen de los Dolores camino de su Ermita por la que hoy se llama Plaza de San Nicasio, le pusieran el altar para ofrecerle los buenos vecinos un descanso, de donde con el tiempo y el uso le viene este nombre”.[2] 
Antes de aportar nuestra opinión no quiero olvidarme otro de los curiosos recuerdos que nos dejó escritos Matías de Haro como fue la presencia de una capilla de San Nicasio en el mismo entorno. Refería lo siguiente:
Núm. 33 Carrera de San Nicasio.
¿Ven Vdes? Ya tenemos aquí otra Carrera, en esta ocasión nos viene del Sur y no puede ser otra más que la de San Nicasio.
Esta se unía al comienzo con la Calle del Hospital tras haber cruzado la Calle del Oro y haber dejado atrás aquella casa Solariega, donde no cabe duda viviría un señor de cierta identidad.
En cuanto a lo de San Nicasio, debo de advertir que todas las Calles que evocaban a algún Santo, solían tener del mismo una capillita a su final o comienzos. Yo la he visto, ésta la tenía al final, haciendo esquina con la Calle cantarranas y esto era muy bueno, pues ya los vecinos se encargaban de que a la imagen jamás le faltaran las flores de la época correspondiente y hasta incluso sus velas, por aquello de la necesidad que teníamos de que nos «echara una manecita» …”.[3]
Curiosamente, esa casa solariega que nombra Matías de Haro perteneció al prior de Bailén en el periodo comprendido entre finales del XVIII y principios del XIX, D. Juan Pedro de la Chica Valderrama. La nueva casa aun conserva sus viejos escudos de hidalguía de este sacerdote oriundo de Torredelcampo. En aquella casa estuvo guardada la nueva talla encargada en Úbeda en 1779 hasta que el mismo prior la bendijo en el Martes Santo de aquel año.
Hoy no tenemos duda de que la ermita de San Nicasio es la actual ermita de La Soledad, probablemente lo que recordaba Matías de Haro sería una pequeña hornacina callejera donde se veneraría al santo o algún santo. Confiaremos en su recuerdo de que se trataba de San Nicasio, motivo por el cual tomaría más fuerza la denominación de las dos calles que desembocaban en esa esquina de la calle Cantarranas.







Pero lo cierto es que con datos históricos o no de denominaciones del callejero, creo que ha sido de justicia esta dedicación de una plaza con azulejo incluido a la Virgen de los Dolores en su barrio, Ella que es la guardiana de la vieja puerta de Baeza. Pienso que el poder histórico y cultural aglutinador de personas con un mismo fin que atesoran las cofradías en Andalucía es tan patente que todas tendrían derecho a dedicar una calle a alguno de sus titulares, porque al fin y al cabo son iconos que traspasan la fibra de lo bailenés. ¿Quién entiende aquel barrio sin la Virgen de los Dolores?, como desde antaño pasó con la vieja calle Consolación que acabó siendo la de Nuestro Padre Jesús en pleno siglo XVIII. El Santo Cristo le dio nombre a su calle e incluso a tres más, ¿por qué no podría pedirse otra para por ejemplo para el Cristo de Medinaceli, santo y seña de la devoción popular y emblema de la Semana Santa de Bailén? ¿o una calle allá por las Palmeras para nuestro genuino San Juan? ¿Por qué la Mulica no podría celebrar alguno de sus próximos e importantes aniversarios fundacionales con una nomenclatura callejera?
Todo ello es santo y seña de nuestra cultura e historia, no solo de la Semana santa y diría que no solo de los creyentes. No sabemos si fue la plaza de la Garrotas o el Llanete de la fábrica de aceite de “Chavasco”, pero aparte de los datos callejeros, le han levantado un monumento merecidísimo a la historia popular del pueblo y su Semana Santa, porque todo apunta que aquella denominación nos habla de la vieja Semana Santa, con su tradicional recorrido que era llamado como la “estación completa” que llevaba a la procesión del Viernes Santo por la mañana hasta aquel extremo de la vieja villa. En aquel lugar o entorno, probablemente los horquilleros (anderos) y cofrades hacían una parada de descanso dejando las andas sobre algunas mesas que los mismos vecinos, cada año instalaban puntualmente fieles al rito anual de la Pasión. Seguramente alguna ceremonia del antiguo régimen se pudo desarrollar o simplemente los cantes de la pasión (las saetas antiguas) florecían como las flores de la primavera en honor y devoción de sus imágenes pasionistas, donde esta dolorosa era la que lloraba sus congojas en el dieciochesco camarín de su ermita. Esta plaza y azulejo es un homenaje a nuestra historia y la vida bailenense, que nos recuerda que ese ha sido y es lugar de paso imprescindible de nuestra semana santa, por donde María Santísima de los Dolores siempre ha estado ahí escuchando a sus vecinos que la recibían o quien la buscaba por aquellos contornos, en su traslado a la novena, en la procesión de la mañana del Viernes Santo, en la de La Soledad o en la de su fiesta de septiembre, sin contar cualquier procesión de tipo extraordinario que también ha podido realizar. Una estampa que me apretaba el nudo de la gloria era cuando en las luminosas tardes de Saludo Ella dibujaba bajo su palio el mismo firmamento por su nueva plaza buscando a su hijo en la plaza del Reloj para que todo volviese a resurgir en la semana de la gracia…

Fotos: Pedro de Manuel Pérez y Juan Simon Garcia.



[1] Maese Juan: “Para la historia del pueblo ¿Cómo era Bailén?”. Programa de Fiestas de Bailén de 1942. s/f.
[2] DE HARO COMINO, Matías: Bailén, su historia y sus cosas. II parte. La Carolina (Gráf. Ramírez), 1985. pp. 632. 
[3] DE HARO COMINO, Matías: Bailén, su historia y sus cosas. II parte. La Carolina (Gráf. Ramírez), 1985. pp. 640.

sábado, 8 de agosto de 2020

EL INCENDIO DE LA VIRGEN DE LINAREJOS EN 1881


Hoy le daré por el gusto al amigo y compañero de faena investigadora, el linarense Andrés Padilla Cerón, volviendo a escribir algo sobre la historia devocional de la ciudad de Linares. Agosto es un mes especial en la vieja ciudad minera donde sobresale su feria de San Agustín que como en todos sitios, el covid-19 se ha cargado (menos los toros). Esa feria que se celebra bien cerca de la vieja casa donde vive la que tildó un capataz linarense ante las cámaras de la televisión: “la verdadera y única Reina de Linares” … la Virgen de Linarejos (cosas de los piques cofradieros cuando pensamos más que ensalzando nuestra devoción con graduaciones absurdas le vamos a hacer algún favor). Y es que agosto en Linares se abre con la festividad de la Virgen el dia 5.
Que se pueden esperar que se diga de la patrona del pueblo. La imagen de la Virgen de Linarejos, obra del granadino Navas Parejo tras la contienda civil de 36, se cree que puede que sea la cuarta imagen que el pueblo de Linares ha venerado como su patrona. Esta imagen vino a sustituir a la que ardió en las llamas iconoclastas de la Guerra Civil Española. Aquella efigie que se perdió, también tiene entre su historia un episodio con el fuego, pero en esta ocasión, de los que surgen sin mala intención. Sobre este hecho se ha escrito, pero si no falla mi investigación, pocos se han detenido detalladamente en el suceso.
Fue también por este mes, a finales, cuando la Virgen se encontraba lejos de su santuario, en la más antigua parroquia de la ciudad, la actual basílica de Santa María la Mayor. Seguramente en un tórrido día de verano, en las peores horas de calor, uno de los tantos cirios que ardían por la devoción de sus devotos, se volcó y provocó un incendio sobre la imagen.
Esta noticia la sabemos gracias a una comunicación enviada por el párroco D. Juan Pedro Martos el día 21 de agosto al señor obispo para informarle de lo sucedido y las acciones que querían acometer. Este documento se conserva en la sección de cofradías de Linares del Archivo Diocesano de Jaén y una fotocopia del mismo, en el Archivo Municipal de Linares[1]. Aunque este que suscribe ha leído el original, me he servido de la copia (gratis para el investigador) custodiada en Linares para escribir esta entrada y de la que me sirvo para ilustrar esta historia.

Según mi tocayo sacerdote, el suceso ocurrió en torno a las cuatro de la tarde. Nos describe que la Virgen se encontraba en un altar de cultos situado en el altar mayor, en el lado del evangelio. Una arquitectura efímera que por la descripción debía ser ciertamente suntuosa al describir un dosel y gran profusión de cera, sobre todo por la que le llevaban sus devotos deseosos de iluminar a la Virgen para que Ella los ilumine con su gracia ante el Padre, ante su hijo…
El presbítero describe y certifica al obispo la profesionalidad ejercida por los sacristanes en el montaje y cuidado del altar y las llamas de las velas. Pero al final la desdicha hizo que un cirio colocado a la derecha de la imagen cayese sobre ella. Hubo suerte de que un acólito se percatara a tiempo para que desde la sacristía saliese a apagar las llamas el cura Ramón Hernández, los sacristanes y tres devotos, que incluso podría haber afectado al suntuoso retablo mayor que realizó el conquense Diego de Briones a principios del XVIII. Aunque tristemente aquel retablo y la Virgen ardieron en 1936. Una pérdida irreparable (aunque Linares consiguiera dos retablos antiguos para sustituirlos) a la que había que añadir el retablo mayor de la iglesia de San Francisco, una obra que recientemente he podido documentar a la mano del hijo de Diego de Briones, el también tallista natural de Cuenca (afincado en Baeza, entre otras ciudades comprovincianas), D. Antonio Briones y Velasco (pero de eso espero hablar en el futuro y en el papel).
Gracias a la rápida intervención, se describe que el fuego sólo afectó a la policromía de las imágenes (Virgen y niño) por lo que informado el alcalde de la ciudad, el hermano mayor Don José Acosta y Velasco y el Sr. Vizconde de Begíjar que era el alférez, acordaron que la imagen debería de ser restaurada.
En este punto viene la incógnita que han presentado aquellos que ya han tocado esta información: ¿Se restauró o se hizo una nueva talla? En la carta, (que podrán leer en la transcripción que les dejo), informan que al no haber artistas en Linares y comarca deberían llevar la imagen a Sevilla o Madrid para que fuese intervenida. Para ello solicitan permiso al palacio episcopal para poder acometer la restauración (que es lo que se insinúa en la carta), de la que reciben autorización el día 25 de agosto de 1881.
Sin duda, el siglo XIX nos ha dejado pocas pistas sobre artistas de talla religiosa en la provincia de Jaén. Descubrir el autor de las obras de aquel periodo sigue siendo un quebradero de cabeza, de hecho, solo hasta 1845 he podido encontrar a la saga ubetense de los Espantaleón aun trabajando como escultores. Para 1881, es cierto que las casas de arte levantinas (entre Cataluña y Valencia) ya podían estar trabajando para la diócesis giennense, y dentro de estos talleres, aunque no sea la zona geográfica, Madrid era una de esas ciudades donde trabajaban aquellos artistas. Hasta ahora, pocas referencias (por no decir ninguna) hemos encontrado de la escuela imaginera sevillana por estas tierras. Pero llama poderosamente la atención que se plantearan ir a Sevilla. Alguno ha escrito que la imagen (viendo las fotografías que se conservan), no dudan en afirmar que o el retoque fue una auténtica remodelación o se hizo una nueva talla. Recordemos que la restauración científica actual por entonces no existía, tratándose las intervenciones en ocasiones en completas remodelaciones que creaban una nueva visión de la imagen existente. Quien me lea recordará el suceso en Baños de la Encina con la posible restauración del San Juan local por el pintor aficionado del pueblo Pedro María Rueda en 1863.
Si al final fue así, y terminaron acudiendo a Sevilla, por aquellos días en la capital hispalense trabajaban artistas de la talla como Gabriel de Astorga, Manuel Gutiérrez Reyes o Leoncio Baglietto que recientemente se le ha adjudicado la hechura de la Virgen de la Nieves de la iglesia de Santa María la Blanca en Sevilla. Son solo nombres de quien pudo restaurar o hacer nueva la talla de la Virgen de Linarejos que pereció en 1936 y que no lo hizo en 1881 de milagro, pero nos dejó pistas de que escuela pudo restaurarla o hacerla de nuevo…



Transcripción.

"Ilustrísimo señor obispo de esta diócesis.
Profundamente afectado voy a participar a vuestra señoría Ilustrísima la desgracia que ha acontecido esta tarde como a las 4, en esta parroquia de la que, sin merecerlo, soy encargado por ausencia del cura propio.
Ntra. Sra. de Linarejos patrona de esta ciudad, se hallaba colocada en el altar mayor al lado del evangelio, con dosel y gran porción de adornos que, la piedad de los fieles había llevado allí para honrar de ese modo a su bendita patrona.
También la devoción de los fieles llevaba al mencionado altar muchas velas, exigiendo las personas devotas que luciesen al menos por todo el día. Los sacristanes colocaban dichas velas cuidando muy mucho de que no estuvieren próximas a la venerable imagen, de sus adornos, lo que ha tenido lugar de observar el que tiene la honra de dirigirse a vuestra Ilustrísima señoría muchas veces y sin ir más lejos hoy, porque allí ha celebrado el Santo sacrificio de la misa.
Pues bien, a eso de las cuatro de esta tarde uno de los acólitos que estaba cuidando de las luces de ese altar y otros en que había velas encendidas, observó que una vela grande, efecto sin duda del calor, calló ardiendo sobre la peana de la imagen; prendió fuego la ropa de la Virgen, luego a la del niño y desde allí al dosel.
Gracias a Dios que el niño estuvo listo para avisar, y de la sacristía salieron el presbítero Don Ramón Hernández, los sacristanes y tres devotos que la sazón se hallaban en la iglesia rezando; y con gran destreza pudieron apagar por completo el fuego, logrando con eso, que no pasara al retablo del altar mayor.
La mano izquierda y el lado también izquierdo de la Santa cara de la Virgen se han ennegrecido no poco, y el lado derecho del niño bastante, tanto que reclaman el que sean retocadas.
Un minuto después de la ocurrencia estaba yo en la parroquia.
Oficié al Sr. Alcalde sobre lo acaecido por ser la imagen la patrona de esta localidad, y al Hermano mayor que este año lo es el Sr. Don José Acosta y Velasco y el Sr. Vizconde de Begíjar por ser el alférez de cofradía.
Todos acudieron con una prontitud grande, todos con nosotros lamentaban la desgracia y convinieron en que no había necesidad de instruir expediente alguno en averiguación de los hechos y causas del sucedido, puesto que daban entero crédito a la velación dada por nosotros.
Se acordó inquirir si en esta población habrá quien con gran habilidad sepa retocar las imágenes la Virgen y Niño, en caso negativo, llevarlas a Sevilla o Madrid en donde puedan hacerlo.
Para sí llegase este caso pide autorización y permiso a vuestra Ilma. Señoría para que dichas imágenes sean trasladadas a uno de los puntos indicados con el expresado fin. Como las llamas no eran de fuego intenso, no han perjudicado la escultura, el barniz solamente es el que ha sufrido detrimento. Doy a V.S.Y, con satisfacción este detalle ara que le sirva de consuelo.
Dios que a V.S.Y guarde muchos años.
Linares y agosto 21 de 1881.
El párroco Juan Pedro Martos. [rúbrica]
***
Agosto 25 de 1881.
Ofíciese al comunicante manifestándole el sentimiento de tal desgracia, facultándole para que pueda procederse a la restauración de la imagen y del niño como fuere necesario y por mano perita dentro de esa localidad y caso de ser necesario trasladar la imagen a otro punto lo verificará usted de acuerdo con la autoridad local y Señores cofrades.
Lo que acordó S.S.Y. el Obispo mi Sr. De que certifico
Licenciado Fernández [rúbrica]”




[1] Archivo Municipal de Linares, cofradías, leg. 2562/011.

viernes, 24 de julio de 2020

LA COFRADÍA DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE LA PEÑUELA


En este período de julio, mes carmelita por excelencia quiero compartir un trocito histórico en torno a la devoción a la Virgen del Carmen en la provincia de Jaén. Esto que les vengo a contar es una parte que tuve que extraer de mi trabajo dedicado a la historia y veneración a esta popular advocación mariana en la ciudad de Linares y que ya salió publicado el pasado año de 2019. Fue un extenso artículo que fue divulgado en la revista que edita el Centro de Estudios Linarenses llamada “Siete Esquinas” (pinche aquí para leerlo).
Debido a la extensión que marcan las normas de la publicación me vi obligado a aminorar el relato y contenido, decidiendo que esta parte se debía de quedar fuera al tratar asuntos relacionados directamente con Linares pero que versaban sobre hechos que encajaban, tal vez, más en la historia de La Carolina o incluso en la de Baeza.
Esta parte complementa aquel artículo insertándolo tras el punto 4 (LANGUIDECIMIENTO DE LA COFRADÍA), por lo que apenas lo he modificado de lo que escribí hasta entonces. Porque el tiempo ha pasado, y nuevos documentos han aparecido para poder completar aquel guion basado exclusivamente en fuentes directas de archivo. Por ejemplo, limitamos la antigüedad de la cofradía de Linares hasta 1742, pero en mi última “peoná” investigadora entre los protocolos notariales de Linares pude encontrar su existencia ya en 1703 en una escritura que trataba sobre unos asuntos administrativos de un juicio por los réditos de un censo de 37.400 maravedís de principal que recaía a favor de la cofradía que era regida en la administración de sus bienes y rentas por D. Luis José Pérez. También, por ejemplo, en aquel artículo verán que nos preguntábamos si en Linares existió un hospicio perteneciente al convento de carmelitas de La Peñuela. Pues he podido encontrar su origen en la generosidad de la vecina de Linares, Dª. Juana María de Cozar Higueras que donó su casa para ello, estando situada en la actual esquina entre la plaza Ramón y Cajal o del Bermejal y la calle Antón de Jaén. Esta donación la hizo bajo manda testamentaria en 1744.
El desaparecido convento de La Peñuela, estaba situado en Sierra Morena (lugar místico por donde paraba San Juan de la Cruz), donde hoy se asienta la ciudad de La Carolina. De hecho, la iglesia del convento es la actual parroquia de la Inmaculada Concepción de la antigua capital de lo que fueron las Nuevas Poblaciones de Andalucía, que serían creadas poco después de lo hechos que narraremos.
¿Y porque hablamos de la Virgen del Carmen en La Peñuela y Linares? Pues porque cuando se me planteó realizar este trabajo nos encontramos ciertos aspectos confusos que nos pudieron llevar a meter la pata. Los pocos que habían tratado esta documentación (original del Archivo Diocesano de Jaén y fotocopiado en el Archivo Municipal de Linares) los llevaban a pensar que la cofradía de la Virgen del Carmen de Linares era una cofradía que se fundó en aquel convento. Entre el manuscrito decimonónico de Federico Ramírez que dice que el terreno donde se levanta La Carolina fue expropiado a Linares (cuando fue a Baeza) y que muchos de los documentos estaban clasificados como pertenecientes a asuntos de aquel convento, era fácil caer en una narración de una historia equivocada. Pero para eso están los documentos, para examinarlos, o por lo menos hice lo que pude y tras estudiar bastante más de lo que me apetecía la historia de La Carolina y consultar con aquellos que conocieran más del tema (gracias a  Juan Manuel Patón Crespo), pues expliqué lo que a continuación leerán y que le faltó a aquel artículo. Si es cierto que el amor a aquel convento y la devoción a aquella Virgen del Carmen (que no tenía que ver nada con la de Linares) era muy patente en dos de las villas que citan en la documentación; Baños de la Encina y Linares, como he podido comprobar en la lectura de muchos testamentos durante el siglo XVII y XVIII. Como ejemplo, como ya hemos visto, la donación de una casa en el lugar más destacado de la villa para que le convento tuviese en Linares un hospicio.
Le dediqué tanto tiempo a aquella parte que no quería dejar el trabajo por perdido, y como no encuentro el lugar perfecto para publicarlo, pues lo haré en mi blog, para que el conocimiento no quede relegado en el olvido. Tal vez tenga errores, pero he decidido dejarlo tal como lo finalicé para la entrega del articulo a “Siete Esquinas”.
Prespectiba de la entrada de La Peñuela, capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Foto: Archivo Nacional de Madrid.

 
     5. LA COFRADÍA DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE LA PEÑUELA
     Llegados a este punto, debemos abordar la cuestión de una antigua cofradía de la Virgen del Carmen ubicada en el desaparecido convento de la Peñuela. Se trata de un asunto un tanto especial puesto que puede llevar a confusión sobre si dicha cofradía estaba radicada en la misma villa de Linares o en el citado convento. Como soporte documental para tratar este asunto, contamos con un nuevo pleito desarrollado a lo largo del año 1766. Analizaremos este asunto, ya que la documentación está catalogada como de la ciudad de Linares en el Archivo Diocesano de Jaén, y por consiguiente, con su correspondiente copia en el Archivo Municipal de Linares[1].
     Para aproximarnos al tema en cuestión, habría que recordar que La Peñuela era una pequeña aldea donde se levantaba un Convento de Carmelitas Descalzos[2]en Sierra Morena, sobre los terrenos que hoy ocupan la ciudad de La Carolina. La iglesia de aquel convento es la actual parroquia de la Inmaculada Concepción de la que, a partir de 1767, fuese la capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena fundadas por Carlos III.
     En este pleito interviene el prior de la parroquia de Santa María de Linares y Miguel Sotés, vecino de Linares, que envía una misiva al obispado declarando ser el prioste[3] de la cofradía de Ntra. Sra. del Carmen sita en el Convento de Carmelitas Descalzos de La Peñuela en Sierra Morena. En su Informe, desglosa que la cofradía, con 109 años de antigüedad, venía por entonces recogiendo limosnas en Linares, hasta que, a finales del año anterior [1765], el prior de la parroquia de dicha villa, les ordenó que se abstuvieran de seguir pidiendo las limosnas y de asistir a los entierros con el gallardete y la cera. Por ello, Sotés suplicó a la máxima autoridad eclesiástica de Jaén que intercediera para que el prior los permitiese seguir con la práctica recaudatoria y asistencial en los sepelios.
    No debemos de olvidar que en la documentación que llevamos estudiada, no se cita nada de que la cofradía de la Virgen del Carmen rindiera culto a una imagen en el convento de La Peñuela, el cual se encontraba fuera del término, tanto municipal como parroquial de Linares y sí en el de Baeza. En cualquier caso y como más adelante se demostrará pensamos que no se trata de la misma cofradía con actividad en la villa de Linares entre 1745-46 según deducimos de los documentos estudiados.
    No obstante, también pudo haberse tratado de una cofradía que conviviese con la establecida en Santa María y que naciese para rendir culto a la Virgen del Carmen de La Peñuela, pero establecida en la parroquia de Linares. Es decir, como podría ser hoy una cofradía filial de la Virgen de la Cabeza o del Rocío. Pero este extremo tampoco se daba, porque según se ha indicado, Miguel Sotés deja claro que está establecida en el Convento de Carmelitas de La Peñuela. Vista la petición del prioste y el informe del prior, el obispo fray Benito Marín (obispo de Jaén entre 1750-1769) pidió se pasase la instancia al fiscal general eclesiástico «para que en vista de todo pida lo que convenga en nuestro tribunal de justicia».
     Para conocer resumidamente la parte esencial del pleito nos remitiremos a uno de los autos del proceso firmado en Jaén el 1 de septiembre de 1766 por el Licenciado, Provisor y Vicario General de la diócesis, D. Antonio Miranda. En el citado auto se narra a modo de resumen como en 1766, existía en Linares una cofradía que rinde culto a la Virgen del Carmen del convento de La Peñuela. Dicha hermandad realizaba las funciones comunes de una cofradía de aquel periodo, preocupada en recaudar fondos a través de la recogida de limosnas por la villa para el culto de la imagen de La Peñuela y para la asistencia a los hermanos en sus defunciones, aunque no administraba bienes raíces[4]. En este punto hay que recordar que la cofradía citada anteriormente en Linares entre 1745-46 si lo hacía.
     En el citado auto, se puede apreciar cómo llegó un nuevo prior a la parroquia de Linares y se interesó por la legitimidad de aquella actividad, solicitando licencias eclesiásticas aprobadas por las diócesis para poder desarrollar aquellas actividades en Linares. El prior ordenó que se cesara la práctica de la cofradía mientras no se presentara documentación que acreditara la legalidad aprobada por aquella jurisdicción. El prioste [mayordomo] de la cofradía, llamado Miguel Sotés pide la intervención del obispado para poder seguir con su cometido. Por ello, el prior de Linares (tras solicitárselo el obispado), respondió con un largo informe en el que refleja que la cofradía no tenía estatutos aprobados, ni por la parroquia de Linares ni por la diócesis.
     Además, el prior informó que desde La Peñuela se le envió un documento con una aprobación de la cofradía fechado el 14 de julio de 1657. Pero aludió que el mismo sigue siendo insuficiente para que la supuesta hermandad siguiese funcionando al estar erigida por el padre general de la orden, que era seglar, sin ninguna autoridad para aprobar hermandades. Es decir, que la cofradía estaba erigida por los frailes sin ninguna aprobación del obispado, a lo que podríamos añadir, que recaudaban dinero de Linares para invertirlo en una iglesia que no pertenecía a Linares. Por consiguiente, la clave de la cuestión es que la parroquia a la que pertenecían esos cofrades no se beneficiaba de ese dinero.
     La información aportada desde el convento de La Peñuela, fue transcrita y remitida el 15 de agosto de 1766 por el religioso carmelita descalzo D. Alonso de San José. Dicho fraile consultó en el archivo del convento y notificó de una aprobación de la cofradía en 1657 por parte de D. Diego de la Presentación, general de la orden de los religiosos descalzos de Ntra. Sra. del Carmen. Su transcripción es la siguiente:
     «A nuestros amados hermanos los vecinos de La Peñuela […] les damos licencia para que instituyan y funden la cofradía de N. Sra. del Carmen con los oficios, y requisitos que para su conservación y gobierno fuesen necesarios y para que puedan entrar en ella los vecinos de la sierra, Vilches, Baños, Linares y los demás circunvecinos y agregamos esta cofradía a la que está fundada y aprobada por nosotros en la ciudad de Baeza en nuestro colegio de San Basilio, para que puedan gozar todas las gracias, indulgencias y privilegios, sacrificios, oraciones, vigilias, ayunos, disciplinas y demás obras penitenciales, de que hacemos, cuanto es de nuestra parte, participantes a los cofrades de la ciudad de Baeza, con tal que guarden los institutos y ordenaciones de dicha cofradía; y damos así mismo licencia para que el día de Ntra. Sra. del Carmen, que es a diez y seis del mes de julio, o en otro de los inmediatos, que fuere de la mayor comodidad puedan celebrar su fiesta, y hacer procesión y lo mismo podrán hacer en otras festividades…».
     Estas ordenanzas fueron selladas con «el sello de nuestro oficio» y refrendadas por el secretario carmelita fray Pedro de San Pablo en Sabiote el 14 de julio de 1657. Esto quiere decir, que la cofradía es creada por la orden carmelita y se funda para establecerse en el convento de La Peñuela, para sus pocos habitantes y con vistas a que pudiesen entrar como cofrades, vecinos de los pueblos con los que lindaba su término, pero dejando muy claro que queda agregada a la cofradía de Baeza.
     Siguiendo con el estudio del pleito, en el mismo encontramos que desde el palacio episcopal se le requiere al prior que le pida al prioste, D. Miguel Sotés, que le entregue los estatutos, obviamente, aprobados por aquella jurisdicción eclesiástica. El prioste Sotés no los pudo presentar, ya que no los tenían y añadió que solo tenían a modo de inventario:
«Siete libras de cera; dos libros de acuerdos, una cuerda de cáñamo para el uso de traer los toros que la devoción de los fieles ha dado a Ntra. Sra. y cual presente no hay maravedíes algunos de limosnas en su poder, porque ha[ce] casi cerca de un año que de orden del prior de esta parroquia se cesó en pedir, y por la misma razón no se ha hecho asistencia a ningún entierro de hermano que ha muerto, ni menos se ha hecho en dicha iglesia parroquial oficio ni misa alguna por dichos hermanos difuntos por razón de haber cesado dichas limosnas». Sin duda, significativa la donación de los devotos de toros al convento.
     Visto esto, el prior ordenó a Miguel Sotes «se haga inventario de los bienes que entregase dicho prioste pieza por pieza, con distinción y claridad, para cuyo efecto se nombra por depositario de dichos bienes a D. Fernando Joseph Martínez vecino de la villa [de Linares]».
     El inventario presentado y entregado al prior por Miguel Sotes el día 10 de septiembre de 1766 se componía de:
     «Un arca de madera de pino nueva, como de cinco cuartas de largo y media vara de ancho, con su cerraja y llave. Siete libras de cera en toral. Un estandarte nuevo de damasco blanco con una imagen de Ntra. Sra. del Carmen en medio y una cruz dorada para lo alto, con su vara de palo. Un libro de folio entero en el que están escritos varios cabildos y juntas todo el escrito. Otro libro de folio entero, forrado en badana encarnado en el que está empezado a escribir varios acuerdos y cuentas tomadas a D. Manuel de la Cueva, tesorero de las limosnas de dicha cofradía. Una cuerda de cáñamo, y a mediada de treinta varas de largo poco más o menos y de lo recio de una muñeca que servía para lidiar los toros que los fieles dan a dicha cofradía. Se previene y nota que, aunque esta cofradía se le hizo a Ntra. Sra. del Carmen, un manto de tela de plata este se entregó al Prior del convento de La Peñuela y es el que tiene su majestad puesto en dicho convento por lo que desde que se hizo esta en dicho convento».
     El informe elaborado por el prior de Linares, D. Juan Luis García de Robles es muy rico en detalles y se puede extraer que deja claro que el convento de La Peñuela donde esta cofradía realizaba sus cultos, estaba en el término de Baeza. Que los cofrades pagaban de limosna seis reales al año y que pedían las limosnas por las calles haciendo sonar un tambor. Conocemos este detalle del tambor, al permitirles un año seguir con la recaudación mientras se presentaban las nuevas constituciones.
     El prior, tras tomar referencia sobre este grupo de cofrades, comunica que es cierta la fundación en el convento de La Peñuela, tal como cita el informe que le envían los frailes carmelitas. En su información, el prior sigue indicando que la actividad de la misma duró algún tiempo pero que después vino en decadencia, juntándose no más de seis u ocho personas para seguir celebrando la función, volviendo a retomar más esplendor como para alcanzar una cifra cercana a los seiscientos cofrades. Tal vez este auge fuese promovido por los devotos de Linares lo que hizo que pareciese una cofradía de la localidad.
     Ante esta recaudación, el prior informó que pronto surgieron controversias entre los hermanos a la hora de gestionar los fondos económicos de la cofradía, ya que varios se quejaban al prior de que aun con todos los gastos de la cofradía «sobraban muchos maravedíes de los que alguno han dado al convento más de cien ducados de limosna, deseando saber la legítima distribución». Este fue el motivo esencial para que el prior pidiese la documentación a la cofradía, ya que de lo contrario «la cofradía o congregación con gastos tan crecidos no subsistiría mayormente no teniendo bienes raíces». Con esto podemos seguir desestimando que la cofradía de Linares que hemos estudiado entre los años 1745-46 sea esta. El motivo principal, es que aquella sí contaba con bienes raíces y esta de La Peñuela no, argumento que exponía el prior, que no se podía explicar cómo podían gestionar tales cantidades de dinero con tan solo las limosnas y no con la administración de bienes raíces.
     Además de la recolecta de limosnas que hacían cuatro cobradores con dos cuadrantes, también cita que sobre los años de 1756 o 1757 «que por cada hermano que muriese habían de dar un cuarto los vivos para sufragar al difunto con un oficio y vigilia en esta iglesia [la de Linares]». También informó que el carmelita fray Alonso de San José le pidió que permitiese nuevamente la colecta de las limosnas en Linares, a lo que el prior se negó remitiéndole a que presentasen para ello la supuesta autorización de las constituciones, algo que nunca hicieron. Obviamente, el convento no quería perder ese beneficio económico que desde Linares se le había cercenado.
     También cita como fray Alonso de San José «en el día de San Lorenzo [10 de agosto] permitió en su hospicio o enfermería la junta de unos doce o catorce sujetos...» para otorgar un poder notarial por el que la cofradía se seguiría rigiendo «con la falta de regla que hasta ahora». Curioso este dato del hospicio del que se queja el prior que «los P.P tienen cerrado […] y cuando hay enfermos en ella, solo abren el postigo que da a la calle con la correspondiente reserva y en orden a las limosnas, he visto un lego, que pide por las eras la limosna de granos. No sé si le está vedado [prohibido] pedir por el pueblo». ¿Podría tratarse del hospicio linarense citado en el Catastro de Ensenada?[5]Por último, también cita que el estandarte que llevaban a los entierros se realizó en aquel periodo y que incluso llegaron a celebrar una fiesta en la parroquia de Linares cada 16 de julio (además de las celebraciones en La Peñuela), solicitando que predicase un padre carmelita, negándose a esto último por faltas de licencias. Como podemos comprobar, el grueso de los hermanos era netamente linarense, sin ser cofradía de Linares.
     No deberíamos pasar por alto los datos que aportara el escritor linarense Federico Ramírez (1999: 372-374) en sus Apuntes escritos en 1890. En el mismo se indica que el convento de La Peñuela se fundó sobre unos terrenos que pertenecieron al término de Linares, hasta que «le expropiaran dos terceras partes de su término municipal con destino a las colonias que Carlos III fundó en Sierra Morena». Ramírez cita que el convento se levantaba en una zona denominada como los Zebadales, aludiendo que esta zona era término de Linares. Con esto podríamos pensar que el convento, pertenecería eclesiásticamente a Linares y con ello, la cofradía que en el mismo fundaron los frailes en 1657.
     Pero lo cierto es que, lo único que tenía el término de Linares más próximo al convento de La Peñuela era la «Venta Linares»[6], situada al norte de la dehesa de Martín Malo, donde hoy se levanta la población de Las Navas de Tolosa.[7]Aunque existe abundante documentación que señalan a La Peñuela en al término de Baeza, se puede consultar el trabajo «La organización territorial de la provincia de Jaén, 1750-2000: permanencia y cambio», donde figuran en unos mapas de términos municipales y operaciones catastrales realizadas en 1751-53. Dichos mapas señalan a La Peñuela en la dehesa de Martín Malo como perteneciente a Baeza (Ferrer Rodríguez, Nieto Calmaestra, Camarero Bullón, 2000: 27)
     La cofradía de La Peñuela desaparecería en 1766, marchándose los frailes del convento en 1768, dejando allí aquella imagen de la Virgen del Carmen. Dicha efigie pudo desaparecer, ya que, en el siglo XIX, se reorganiza la cofradía de la Virgen del Carmen en la actual ciudad de La Carolina (de carácter devocional y no procesional) y para ello tienen que adquirir una nueva imagen[8].



[1]AHML/ legajo 2570/ expediente 002/ 25 folios. «Jaén, Linares y La Peñuela a 3 de 1766. El Fiscal General Eclesiástico de este obispado contra el prioste y cofrades de Ntra. Sra. del Carmen sita en el convento de Carmelitas Descalzos de La Peñuela para que cesen en la demanda de limosnas, cumplimiento de fiestas y remitan las constituciones, libros de cuentas, acuerdos y demás papeles».
[2] Por el tiempo del origen del convento, La Peñuela era un núcleo minúsculo de apenas unas cuantas casitas enclavado en las inmediaciones de Sierra Morena, rodeado de alquerías y espeso monte.
[3] En otras escrituras de cofradías se cita a este cargo, como «prioste-mayordomo», por lo que se trata de su más alto cargo. En 1697 se cita en una escritura notarial a «Pedro García Mosquera, prioste mayordomo de la cofradía de Madre de Dios que se celebra en la iglesia parroquial de esta villa…» AHPJ, legajo 15621, fol. 307r.
[4] Bienes raíces se refiere a la tierra, así como a cualquier propiedad física o mejoras colocadas en esta, incluyendo jardines, casas, pozos, etc. A su vez, una propiedad se trata de un bien que se une al suelo de manera inseparable, de forma física y legal. Edificios y terrenos son bienes raíces. Hasta las desamortizaciones fue común que las cofradías contaran con terrenos, cultivos, viviendas, hornos de pan o molinos de aceite, que explotaban con la gestión de un administrador para la manutención de la cofradía.
[5] En el término municipal de Linares no ha existido nunca un convento carmelita. En cualquier caso, aunque en el Catastro de Ensenada de Linares se cita un Hospicio de Carmelitas en la villa en aquel tiempo en el que había «tres sacerdotes, y tres sirvientes y responden». Probablemente se trataba de algún hospicio gestionado por carmelitas de la Peñuela y cuya ubicación estaría en lo que en aquel tiempo era el término municipal de la villa de Linares.   Catastro de Ensenada/Linares/ fol. 648v. En www. pares.mcu.es/Catastro/servlets/ServletController?accion=4&opcionV=3&orden=0&loc=2115&pageNum=1. [Consultado el día 19 de abril de 2018]
[6] Mi agradecimiento al carolinense Juan Manuel Patón Crespo, reconocido investigador de la historia de La Carolina y las Nuevas Poblaciones, que generosamente me prestó su asesoramiento y citas de los diferentes archivos en los que ha investigado y que se custodian en el Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional, Archivo de Simancas, Archivo Histórico Municipal de La Carolina, entre otros. La historia de La Peñuela, anterior a la Nuevas Poblaciones apenas ha sido estudiada, pero él se encuentra recopilando documentación para un futuro trabajo inédito sobre estas cuestiones.
[7]Posteriormente se constituyó en otra feligresía independiente volviéndose a agregar de nuevo, como así sigue, como anejo a La Carolina.
[8] La Cofradía de la Virgen del Carmen, ya en La Carolina, se reorganizará en el siglo XIX y duraría hasta la década de los setenta, cuando fue absorbida por la del patrón San Juan de la Cruz. Las señoras que conformaban para esa época la Cofradía de la Virgen del Carmen eran las mismas que componían la Hermandad de señoras de San Juan de la Cruz, siendo la misma Junta de gobierno. Al unirse la Hermandad de señoras y de Caballeros de San Juan de la Cruz se extinguió la rama de señoras y con ella la de la Virgen del Carmen, pasando todas a formar parte de la Hermandad de San Juan de la Cruz. Información facilitada por Juan Manuel Patón Crespo.