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jueves, 31 de marzo de 2016

DOMINGO DE RAMOS... LA FELICIDAD PLENA.

Una impresionante manta de agua caía sobre la SE-30, sobre esa Sevilla que no parece Sevilla. La famosa circunvalación se encontraba desierta, apenas tres coches se cruzaron en nuestro camino mientras todos parecíamos atravesar un autentica cascada en el día que menos deseábamos eso… el Domingo de Ramos.
Llegó un año más la semana de la gloria, un año más en Sevilla pero éste de un forma diferente, este año no sería cofrade sino simplemente capillita, desvinculándome de todo servicio cofradiero, esta Semana Santa se planteaba desde las aceras y elegí que sería casi íntegramente sevillana, conociendo el Jueves Santo y la Madrugá, volviendo al Viernes Santo después de seis años aunque con la incertidumbre de qué hacer el Domingo de Resurrección, que cosas de allí arriba decidieron que fuese este año también “cofrade” a ultísima hora. El raso cielo amanecía por Bailén y saliendo desde Linares con Cristóbal todo indicaba que no podríamos encontrarnos el recibimiento sevillano que nos encontramos. Como Pedro Guerrero se hospedaría por Heliópolis, esto haría que por primera vez entrase a Sevilla por la avenida que cobija al estadio del Betis, bajo la tormenta, en una Palmera que parecía salida de las películas de ciencia ficción donde se muestran grandes ciudades abandonadas. No parecía Domingo de Ramos mientras la intensa agua mojaba el asfalto hispalense, mientras buscábamos el centro donde nos alojaríamos, siendo vecinos de la mismísima Santa Marta, como si de Betania se tratase la plaza de San Andrés.

Y es que este año la lluvia y el frio han vuelto a ser protagonistas en esta tempranera Semana Santa, sin cambio de hora y estrenando primavera el mismo domingo aunque solo lo parezca en el calendario. Desde el domingo al martes las nubes acecharían a las cofradías, y en esta primera jornada se nos advertía que las primeras horas cofradieras eran peligrosas, solo quedaba la esperanza de que las ultimas se fiasen de los pronósticos. Así comenzó una Semana Santa con un fiel compañero, el paraguas, la primera vez que me lo llevo desde mi casa. Paraba de llover y buscábamos como manda la tradición algunas capillas que visitar, siendo la primera la vecina Santa Marta para pasar a besar un año más la mano del Dios de Sevilla. Allí en su basílica le volví a pedir, a dar gracias, a hablarle en los escasos segundos que siento su aliento y su mirada me dice que aun con el dolor me ama… ¿cómo pudo Mesa plasmar esa grandeza? También le pedí, si lo veía a bien que soplara para los cielos… y sin duda que lo hizo.



No hay día más grande en el año que un Domingo de Ramos en Sevilla, y ya creo que puedo decirlo, ni la Madrugá lo supera. Así lo cree David Parra que junto a Félix llegaron a nuestro encuentro. Con ellos visitamos San Lorenzo y a la salida pude estrecharle la mano a un símbolo mientras le decía a Carlos Herrera qué cuando alguien iba a poder superar su pregón, y es que su pregón es como mi segundo Padre Nuestro y tras ello en busca de la sagrada de la jornada, previo paso por la Lanzada y de ahí al desprecio y la Amargura de San Juan de la Palma donde le pudimos explicar a Félix la diferencia entre un recorte y un bordado perfectamente, mientras el cielo no parecía querer llorar ni tampoco marcharse. En las setas Cris advertía de que si salía la Paz y se volvía habría que estar en el Porvenir, decisión arriesgada pero total, estábamos allí y había que darlo todo, así que en taxi, conducido por un excostalero del Rocío nos acercamos a los dominios de la cofradía de la plaza de España. No llovía, todo estaba preparado pero la hermandad esperaba una hora, sería el día de las salidas fuera de su hora. En la primera revirá de la cofradía esperábamos el milagro mientras las nubes eran ganadas cada vez por los claros. Esperando alguna noticia nos llegó Rubén y David Gómez, y Felipe con los que compartiríamos grandes momentos durante la semana. Y se hizo el milagro, no sabíamos sin pensaban salir con la idea de refugiarse en algún lugar, o es que los pronósticos daban seguridad, pero lo cierto es que el escuadrón de caballería abría paso a los blancos nazarenos y en la distancia el Dios que recibe con amor todos los pesares del mundo se abría paso, poderoso como suele ser su caminar pero en esta ocasión con más razón porque había que recuperar lo perdido. Sonaba “Ntro. Padre Jesús de la Victoria” y el galeón dorado se presentaba en una sola chicotá en la revirá, la encaró y se marchó sin descanso en busca del corazón de Sevilla mientras el solo de la marcha “Virgen de la Paz” nos llenaba el corazón de eso mismo, de paz, porque la burbuja volvía a hacernos tal como le expliqué una vez a alguien; felices… sin tener que trabajárselo.













Se hacía por fin la semana esperada aunque como siempre cuesta ir asimilando que ha llegado la hora cuando poco después, fiel al rito, el palio plateado traía a la blanca paloma del Porvenir siempre a los sones de su marcha del maestro Morales. En una sola chicotá, Santiago mandaba la vuelta y los sones clásicos de “Rocío” nos pegaban el pellizco de la bienvenida, esto si era la bienvenida que esperaba no la de la SE-30, un palio moviéndose aunque Rubén dijera que parecía que iba a ruedas, y surgiese la gracia de la semana que nos la quedaremos para nosotros… la luz solar iluminando, el entusiasmo de las gentes y el solo rociero llevándonos sin duda a la gloria.
La vuelta al centro seria distinta a la ida, aun acarreando las consecuencias que pueden arrastrar a quien debe sustentarnos en una larga semana de estar de pie, los pies. Bordeando la plaza de España, a los pies de capitanía general donde los Reyes se inmortalizaron en una histórica fotografía llegamos hasta la salida del parque y nos encaramamos junto el barco del Señor de la Victoria. Que experiencia más bella, justo lo que necesitaba el alma cuando tras la larga espera llega la semana de la gloria. Los espacios abiertos, el caminar poderoso, embriagaba tanto los momentos que cada paso junto a los Legionarios del Porvenir fue puro éxtasis para los sentidos y para el alma mientras la Encarnación de San Benito marcaba el compás con clásicos como “Alma de Dios” o “Costalero”. Enorme la estampa bajo los árboles junto al altísimo canasto mientras con Rubén recordaba aquella primera vez en el mismo lugar con el Cautivo del Tiro de Línea, 11 años ya… y todos los ilustres del palacio de San Telmo parecían inclinar la cabeza ante el poderoso caminar del Señor que abre la Semana Santa.
En la Puerta Jerez no los dejamos mientras por Alemanes buscábamos algo para comer en un ya intenso comienzo de jornada. Esperando noticias del resto de hermandades, mientras la Paz recortaba por la avenida y se dejaba el Arenal, Jesús Despojado y la Cena se echaban igualmente más tarde de su hora a la calle mientras en el Salvador ocurría lo esperado, este año habría Borriquita de noche abriendo la senda del Amor. La Cena se dejaba el rodeo por Gerona y acortaba por la cada día más remozada iglesia de Santa Catalina dibujando una estampa nueva en este ya histórico Domingo de Ramos.














Emergía el galeón decimonónico sustentando el portento de imaginería mientras las Cigarreras elevaban los sones clásicos del maestro Escámez, en una versión que la verdad le quita la fuerza original de estas marchas. Y es que “La Milagrosa” sonó a la idea cigarrera de la primera década de este siglo algo que con las nuevas marchas va cambiando. Revirá fiel a los Palacios, con el paso siempre bien fijado, lleno de fuerza, que fugazmente se llevó al cenáculo errante hasta la plaza o iglesia de San Pedro. Tras Él, el paso que se puede considerar menos atractivo de la cofradía pero el que sin duda tal vez levantó más el pellizco y cerró la burbuja de los tres cuando en silencio llegó el simpar paso de caoba del Cristo de la Humildad y Paciencia, con su mustio exorno y se marcó una revirá como si hubiese llevado banda pero sin ella, una vuelta poco común en los pasos de silencio. Hizo el silencio, apagó la mente, abrió la verdad, sin duda mereció la pena… y acabó cerrando entre las estrechuras de Santa Catalina la soterraña sevillana, la dulce princesa del Subterráneo en su no menos embriagador paso de palio donde la sinfónica de los palios, el Maestro Tejera nos concedió el primer caramelo de la Semana Santa con “Coronación de la Macarena”.
Con la jornada rota sobre el programa, al que apenas miramos hasta el Miércoles Santo, buscamos por San Luis a la Hiniesta que también salió algo más tarde. Creo que es el primer Domingo de Ramos que he contemplado saboreándola a la cofradía de la iglesia de San Julián. Hasta la calle Feria tuvimos que ir buscando la revirá de la misma con la Correduría hasta donde nos llegó el crucificado de Castillo Lastrucci, al que una y otra vez Rubén me indicaba que eso era una buena restauración no como otras. La caoba y la plata, los hachones y María Magdalena dibujaban el singular paso cristo de la Hiniesta y con todo ello su dosel sonoro que consiguió pegarnos uno de los grandes pellizcos de la semana. Los hombres de los Ariza alzaron al dios de la muerte buena, arrancaron sobre los pies y los sones de Arahal entonaron su particular “Saeta”. Los ecos creados por el eterno Rodríguez Ruíz se calaron por los poros del alma y llenó el lugar por donde se despedía el sol de puro misticismo, que dieron ganas de subirse por el tupido monte de clavel –qué me gustan los montes así- y quitarle los clavos a Jesús el Nazareno…








La cruz enmarcada entre el sol y la percusión de Arahal se difuminaba en busca de la Alameda mientras subimos hasta la otra revirá de Relator con Feria donde la Hiniesta dolorosa volvía hacerme volar a la intensa jornada de su procesión extraordinaria, como si el tiempo no hubiese pasado, pero no, nazarenos blanquiazules la escoltaban en el anual domingo de la gracia, enmarcando su rostro con un tocado algo serio, por cierto muy de moda este año y el Carmen de Salteras acababa los campases de mi idolatrada marcha “Coronación”. Caminaban rápido las cofradías y así siguió María Santísima de la Hiniesta, la que seguimos casi hasta el mercado por una acera algo despoblada y es que los pronósticos meteorológicos dibujaron un Domingo de Ramos con pocas bullas… según el lugar claro. Con “Madrugá Macarena” se nos marchaba el manto azul y plata mientras Cris detenía el paso para que escuchásemos el final “lo más bonito de la marcha” … y siguiendo nuestros pasos por donde llegamos volvimos hasta San Pedro donde nos encontraríamos con la hermandad de San Roque, la primera del día en salir a su hora.
No era el lugar más bello, Rubén y compañía se marcharon a esperar en un lugar que diera rienda a más belleza, pero es que después venia lo que yo llamo el comienzo definitivo de la Semana Santa. Por ello esperamos al Nazareno de San Roque, el Señor de las Penas, que venía sobre su magnífico paso, genuino en sus trazas que me sorprende, con lo que se mal copia que este paso no haya sido fuente de inspiración para más canastos. Reluciente el dorado para cobijar este Cristo ayudado por el Cirineo que con la túnica lisa volvía a recrear esa escena más realista que en el pasado nos tenía acostumbrados. Gran estreno musical el que lo acompañaba, sorpresa del año y es que aquella banda por la que yo mismo no apostaba un duro su continuidad, ya lleva dos pasos en la Semana Santa sevillana. Buscaban la esencia de una época, lucharon por ella y hermandades como esta están apostando por ella. Renuncian a la radicalidad de la evolución, intentado dibujar el sonido como digo de una época, no el clásico –búsquense grabaciones de Bomberos o Policía Armada y entenderán lo que digo- y consiguen el abrigo de aquellas hermandades que siguen creyendo que su canon es el de una época del tiempo no del que trae la evolución. En fin, tiene que haber de tó… como dijo un torero, ya que quien de ellos fue que los discutan sevillanos y cordobeses, pero lo cierto es que suenan muy bien, tienen buena planta y al Señor de San Roque como ya pasara en las Siete Palabras le vinieron que ni pintados, enhorabuena Esencia, no todo el mundo triunfa siendo fiel a sus ideas.
Tras el Señor llegó el palio de la Virgen de Gracia y Esperanza, la Esperanza más desconocida de Sevilla pero solo pudimos quedarnos con la magnitud de contemplar su paso palio y su delicada belleza porque la música solo fue tambor y por San Juan de la Palma se nos escapaba la hora…



Llegó un año más el momento, ya no puedo estar en Sevilla un Domingo de Ramos sin repetir el rito de recibir a la Amargura en las calles. La plaza atiborrándose que este año fue más complicado llegar lo máximo posible hasta la puerta. Pero dio igual, el portalón con las cruces de San Juan se abrió y comenzó el sueño donde una serpiente blanca volvía a morder y a envenenar de gracia. La fragancia del lugar, de la luz, embobándome en la espadaña saboreando la bellaza de las cosas de la vida trajo la luz entre la penumbra y unos ciriales anunciaron la libertad del alma de quien no contestó ante palabras invalidas. Blanco reluciente, refulgentes romanos que rezarían a sus dioses y no sabían que tenían al hijo del único dios dando lo único que el da… el amor. Salió el galeón, todo se enmudeció, más tarde que nunca, con el paso fuera surgió de la nada “Silencio Blanco”, cogieron el compás, comenzó la revirá, las voces Villanueva y cuando el perfil maléfico de Herodes se dibujó en nuestras retinas, sin darnos cuenta la butaca se perdía en busca de la Feria… ¿es lo mismo de todos los años verdad? Pues volvió a parecer nuevo un año más… yo lo siento así, es cuando la Semana Santa explosiona en mi interior, es cuando entro en la semana que no es una simple semana…
Más nazarenos, en la noche, como en aquella primera vez de 2008 y la candelería pareció parecerse a un comenta que atravesaba la plaza. El jardín de oro de su palio lamiendo los dinteles, los cuerpos a tierra y con el mimo de las cofradías rancias comenzó a emerger la pareja perfecta siempre al son de la marcha de las marchas. Tanto oro, tanta simbología real y solo me parecía ver a una pobre madre llena de amargura mientras un servicial y jovial San Juan no conseguía contener su interna melancolía. Feliz sin buscarlo, esa es la definición, la Amargura consiguió aquello que en el día a día trabajamos para conseguir, detuvo el tiempo que es lo mismo que detener la mente, vivir el presente, la única vida que existe y con ello merece la pena todo esfuerzo, aunque el esfuerzo sea mínimo… se marchaba la trasera del palio que es lo mismo que decir Sevilla pura y quisimos más ración de Sagrada Cena en las estrechuras de Boteros por donde nos esperaban Félix, David, Pedro, mi “Moro” y su pareja que venían de ver salir al Zapatero y la Amargura en la calle Feria. Se imaginaron que buscaría aquello y acertaron y como siempre solo esperamos al misterio que llegó entre las estrecheces con los nuevos sones cigarreros y una eterna revirá que les hizo tener algún fallo para que David me pusiera en entre dicho la calidad de la cuadrilla. No hay videos y la memoria me falla pero creo que sonó la nueva marcha dedicada a la Carretería “Luz de Misericordia”.







La ruta continuó con David y Félix mientras Pedro se fue solo a buscar cofradías que se le podían quedar en el tintero y es que ver salir al Zapatero acarrea esto, perderte medio Domingo de Ramos. En la confluencia de Cuna, Villasís, Orfila y Laraña se apostaba una gran masa, a diferencia de otros años esperando a la hermandad del Amor. Nazarenitos blancos llenaban de luminosidad la noche escoltando al dios de los niños, al de la ilusión, al Cristo más glorifico del llamado Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. La palmera balanceándose y las campanitas avisando de que llegaba un paso único en la pasión hispalense. El galeón dorado surcando entre el mar de gente que David pudo sortear, esa gente por cierto que se olvida dónde está ya que dos chicas casi llegan a las manos y es que estamos en un mundo en que ni se nos puede rozar. El Sol sin plumas y Dios abriendo su semana un poco tarde pero haciéndolo que es lo importante. Curiosamente lo volví a contemplar en el mismo lugar de mi primera vez y con la misma marcha, “Bendición”. Los nazarenos negros dieron paso al contraste de la cofradía, eso sí, siempre sin perder la esencia clásica y nos trajo con un son que me gustó al Cristo del Amor, al portento de la madera muerto por eso mismo, porque lo dio todo por amarnos, esa muerte que dos mil años después el mundo sigue sin entender. Apoteosis en el canasto, elegancia en los candelabros y simbología pura a los pies del que derrama su sangre por amor. Tras Él llegaría el Socorro pero la hora nos hacía tomar rumbo hasta el Baratillo, porque así lo quiso, volví al encuentro con las Penas de Triana.




Por Puente y Pellón, el acotamiento de la Cuesta del Rosario nos dejaba en un tapón a la espera de que el Socorro abandonase la plaza del Salvador. La calle Córdoba era un auténtico tapón humano de los que cuesta horrores traspasar y de ahí hasta la plaza Nueva, Carlos Cañal, Zaragoza… hasta salir a una calle Adriano casi despoblada, la verdad fue una auténtica sorpresa de que solo el espacio en frente de la capilla del Baratillo se encontraba atiborrado de gente mientras a ambos lados el personal parecía simples hormiguitas. Por ello no hubo que irse ni a la heladería, cerca de la capilla nos encaramamos nuevamente tras el galeón del Zapatero de Triana, que nos llegó fugaz y poderoso, siempre mirando al cielo en su última oración, no por Él, sino por la equivocación de nuestros actos, sobre monte de corcho y tupida flor multicolor, con una velocidad pasmosa y es que alguna advertencia de nueva lluvia tuvo que surgir porque todas las hermandades comenzaron a aligerar las vueltas a casa.
Llegó así el Señor a la revirá ante la Piedad y sonó algo que me chocó, segunda vez en la tarde noche en escuchar “Silencio Blanco”, y es que en la banda de Dos Hermanas se viven nuevos tiempos y la potencia de antaño se echó en falta. Entró con el costero y la magia costalera comenzó a sumergirnos en la burbuja, y la vuelta, y Dios saludó a su Madre con el lenguaje de Triana que el Vizcaya bautizó como trianear. La esencia del dios de la calle San Jacinto se volvió a dibujar con su personal estilo y por ello la música cantó “A la Triana Costalera” con la que el Señor puso punto y final en este muy fugaz saludo al Baratillo cuando el voluminoso canasto con el centurión en lo alto se fue con un poder asombroso en busca de Triana. Pasó todo tan rápido que antes de despedirme tuve que irme hacia adelante para poder verle la cara al Señor, que ni me dio tiempo a echarle unas fotillos al paso. Buscamos a la Estrella y la encontramos en su perfil traspasando el Postigo, justamente antes, su costalero, Miguelillo me regaló sendas estampas de los titulares… este año ha sido malo en recolección de estampitas, solo me dieron dos veces, y las dos veces eran de costaleros de Linares en Sevilla. En una calle Arfe no muy apretada llegó la bella Señora de la calle San Jacinto bajo su espectacular paso de palio llenando con su luz aquel rincón sevillano y es que ya mas quisieran las estrellas del universo desprender la luz de la Estrella de Triana.







Como ven un domingo que se pudo romper y ya íbamos a por el broche final con todas en la calle, el Gran Poder hizo el milagrito que le pedí aunque por la Amargura me dejé en el tintero a la cofradía de Jesús Despojado. Y es que ver su salida me la borró del mapa cofradiero y ahora volvía a la recogía, ya que el año pasado me enganchó desmesuradamente. Había que correr, porque todas corrían ya que todas entraron antes de su hora, tal que sí, que el misterio del Herodes ya estaba llegando a las setas mientras el año pasado con igual dibujo sobre los planes lo pudimos ver revirar con Laraña. Por los callejones llegamos a San Juan de la Palma, mucho más llena que el pasado año y esperando al final pudimos sentarnos en un bordillo desde que a las diez de la mañana me bajara del coche. Y estábamos en lo cierto, ligeras lloviznas empezaron a caer en Sevilla, flojísimas, pero agua era que trajo al misterio del Señor del Silencio poderoso al compás de “Al Desprecio de Herodes” y pensando que entraría dando la espalda al pueblo, comenzó el giro completo para perderse en el interior con “Silencio Blanco”, mientras Triana entonaba, incluso con esto, un triste y melancólico himno o marcha real. Ahí cayó la quizás más intensa lluvia, no fue nada pero “la Madrugá” no llegó a terminarse cuando la Amargura ya se encontraba en los umbrales de su casa. Comenzó a sonar la marcha de Font de Anta y la rapidez por encerrarse, también dando la cara al pueblo hizo que se descompusiera un poco la cuadrilla hasta que con el mimo de su gente de abajo se perdió un año más en el interior de esa iglesia que cada día del año desprende el pellizco por el reencuentro con un sueño de cada Domingo de Ramos. Todo pareció acabar en la primera jornada de la semana de la vida pero por radio decían que el Socorro aún no había entrado. Y sin Socorro no me iba a quedar, así que nueva caminata ligerita y ante la masa apostada en el Salvador por fin pude contemplar como la Madre del Amor y el Dios de los niños enmudecía la apagada plaza mientras “La Madrugá” dibujaba la perfecta banda sonora por donde el Domingo de Ramos se nos marchó, con la magnificencia de un manto de los que quitan el hipo. Se acabó, un año esperando y todo pareció pasar fugaz cuando la lluvia pareció esperar a que se recogiera el Socorro –según la radio la Estrella a la misma vez- y comenzó a llorar, y es que la jornada no fue para menos, para llorar de emoción, que tras un día cargando paraguas, al final por Cuna tuve que abrirlo y según dijeron después, dio una noche de agua buena a la espera de otro milagro para el lunes, el día que decía estaban peor los pronósticos…


sábado, 19 de marzo de 2016

SIEMPRE VUELVE... ¡A LA GLORIA!

Confieso que vengo casi obligándome a escribir algo ahora mismo, porque parece que procede, que debería aunque la verdad me da un poco igual. Pero bueno un año más vengo a decir eso de que apagamos porque lo virtual se hace realidad, un año más se hace la semana esperada y buscaremos la gloria aunque el tiempo me haya hecho echar en la maleta los auriculares para la radio porque seguramente el caballero “cabildo” pueda copar algunas de las tardes donde buscaremos detener el tiempo y contagiarnos de la gloria divina. Ya es Domingo de Ramos, llegó la hora como decía el maestro Barbeito y nuevamente le daré gracias a Dios con la cara de los Cristos sevillanos, aunque obviamente este año será diferente, ya que seré lo que este mismo blog indica, simplemente capillita. Vuelvo a la acera, vuelvo al relax, aunque me sepa a extraño no estar el próximo Jueves Santo bajo el Soberano ni el viernes en Córdoba. Esta será la Semana Santa del pleno hispalense, o eso espero, donde obviamente espero llenarme del estruendo de la gracia del Jueves Santo y sobre todo de la Santa Madrugá y volver seis años después al reencuentro con el Viernes Santo.

Aunque parezca extraño estoy deseoso de pasión, de sumergirme nuevamente en esa semana que me da esa felicidad sin necesidad de buscarla, este año toca esto, pero como siempre digo, será lo que su voluntad disponga. Disfruten y sientan la pasión, pero sobre todo intentad entrar en comunicación con lo que significa lo que van enseñando las cofradías por las calles, den gracias a Dios por lo que se encuentren y piensen que ya comienza a terminarse, por eso… ¡a la gloria capillitas! Que siempre vuelve…

viernes, 18 de marzo de 2016

¡AY! MARÍA DOLORES, ¿SABES QUE SI HUBIESE SIDO MUJER ME HUBIESE LLAMADO COMO TÚ?

Viernes de Dolores, viernes de preludio que más de dolor es de ansia por rozar lo que esta justamente cuando volvamos la esquina de la rutina y nos sumerjamos en la burbuja de la gracia. Gracia que parece ser que el tiempo se va a encargar de enturbiar nuevamente, que le vamos a hacer, son los signos del tiempo, lo que toca en cada momento, solo nos queda hacer lo de siempre esperar para comprobar por donde quiere salir Dios a enamorarnos de su entrega por las calles de Andalucía. Viernes de dolores, el día que a todas las María Dolores, Dolores, Lolas, Lolis, Marilos, etc… le sueltan los dos besos de la felicitación, pero un viernes que siempre me ha sabido a las miles de la gloria, por ello, un año después recordando aquella mi exaltación a la Semana Santa me quedaré con el dolor de la Virgen, obviamente según mi pueblo donde sobre manera viene a mi mente la dulce emperatriz de la ermita de la Soledad, aquella que he contemplado en tantos fotogramas de mi vida, donde destaco aquel día de la mano de mi abuela Isabel contemplando a la Señora junto a San Juan bajo la omnipotencia de su camarín. Pero también con el recuerdo de la que nunca conocí que se llamaba como el mismo dolor de la Madre de Dios, tal como dije en el pregón, por mi abuela María Dolores me pude haber llamado si hubiese sido mujer María Dolores… seguramente si hubiese sido capillita como lo soy ahora me hubiese encantado mi nombre. Felicidades a las Dolores y sobre todo los que esperamos la gloria… paciencia, resignación y siempre gracias a Dios y su Santísima Madre en sus misterios dolorosos.
"Y es que la Soledad que cobija la nacida sin mancha es el culmen de dos cofradías, en la que conocí de manos de mi abuela al hijo encomendado en el calvario a María como fiel escudero bajo la omnipotencia de un camarín que señores, ¡se nos cae a pedazos! Yeserías suntuosas de otros tiempos que son alcoba divina en Bailén de aquella Madre de Dios que sabe de Viernes Santos de lúgubres y añorados cortejos generales donde le tocaba enterrar a su Hijo, y que ha dejado en buenas manos una rosa amarilla llamada Mayor Dolor y Consuelo, la que acompaña a Jesús Yacente sobre la fría losa esa tan temida para recordarnos, como vienen los siglos, que el salvador solo está ahí por nuestra culpa y por nosotros. Santo Entierro, ese Jesús dormido que ahora llama del Buen Morir, que cosas ¿verdad?, ¿habrá alguna muerte buena? es cierto, no puede ser razonable para nuestra mente. Por eso nació el día irrazonable, donde Jesús moría crucificado antes de la hora nona del viernes, antes de abrazar el madero, donde la música no invitaba a más espectáculo que convertir el silencio en un ruido ensordecedor sobre nuestras almas, cuando atraviesa tus calles Bailén, invitando a esa reflexión que solo el silencio puede invitar. Dicen por ahí que la Semana Santa ya no es cristiana, solo un mero espectáculo más de esta sociedad cada vez con menos raíces… pero, ¿a qué van esas largas hileras de nazarenos negros acompañando al hijo de María Dolores?, el Cristo del Buen Morir, que yo te seguiré llamando como cuando te bautizó aquel mismo que me dio de comer por primera vez en el banquete de tu redención ¿Si no hay saludos? ¿Ni mecías costaleras? ni la música suena como en una velada del final del verano ¿a qué van esos nazarenos negros en la noche del miércoles?

Procesión sin Virgen María, esa dulce Virgen que miren ustedes, cumple setenta y tres años sin el que el tiempo la roce, sin ninguna arruga que aún parece reflejar el universo de aquella muchacha que quien sabe, dónde pudo encontrar el maestro Romero Tena para plasmar el mismo firmamento en su cara. Una jovial anciana que nos llegó desde Valencia en aquellos difíciles años, en tren, hasta esa vieja estación, de la que queda ya solo los cimientos del recuerdo… había sitio, entró y se acomodó entre nosotros para mayor gloria. Setenta y tres años de hechuras ¡y que hechuras! aunque su alma bailenera va en busca de cinco siglos entre nosotros, de los antiguos, los actuales y los que llegarán. Cinco siglos llevan las madres bailenenses aprendiendo de María Dolores a soportar los embistes de la vida, reflejado en las cristalinas lágrimas de la Madre de Dios según Bailén, con permiso de la alcaldesa perpetua, cual es la guía de aquellos que acceden a Dios a través de María en esta nuestra tierra sureña que acertadamente llaman “de María Santísima”. Porque Bailén también es mariano y pone sus esperanzas paradójicamente en el dolor de la madre. Dolor desde la noche de los tiempos de aquella Soledad que se convirtió en Dolores. ¡Ay! mi Lola como te llaman tu gente más cercana, que majestad la de tu cara, cuanta belleza puede caber en tan pequeño perfil que tu nombre es el lucero de esa humanidad que la llevas y la traes, la conduces y la sacas siempre de los agujeros de las equivocaciones. ¡Ay! María dolores, ¿sabes que si hubiese sido mujer me hubiese llamado como tú? Será por esa razón que cada viernes de dolores en que el nudo de la corbata de la emoción me asfixia necesitando respirar el aire de la semana de Dios, siempre vienes a mi memoria. Madre de Dios que abre la senda de lágrimas al mismo compás de la tragedia de una jornada que nos sabe a gloria, la que abre la Amargura hasta que sus dolores se multiplican por siete cuando sale a Bailén la Reina del compás, de la gracia costalera bajo palio, que joya su bordado, que brillante su mecía llevando un corazón roto por siete golpes de la vida bajo la atenta mirada en su cielo de la que lleva cincuenta años con el bastón perpetuo. Esa vida que se escapa vencida sobre las manos de la que reparte doctorados de Piedad, también sobrá de compás en la tarde en que mi Cristo llena el universo de melancolía. Es la Piedad la madurez en María, la que más se parece a aquella palestina que en Andalucía hacemos niña. Ella es también la compasión que como pocos solo tienen las madres, la que llenó los pasos por debajo, la que vino a llorar en el calvario, porque alguna vez la tendríamos que dejar llorar como humana, perdonando y abrazando la Misericordia que desprende el que por amor muerto va en su regazo ¿Cuánto dolor en María verdad? Que si grande es el nuestro, Ella vino a quedarse con la mirada más natural, más bailenera, para eso nació de nuestras canteras para decirnos cuál era su Mayor Dolor bajo palio morado, llenando de Consuelo morado el Viernes Santo cuando ya nos invade con el temido adiós, llevada con el suave compás de la tragedia de aquel que por delante parece un simple hombre vencido por la lacra de nuestra existencia. Cuánto dolor en María por las calles de Bailén con la devoción que le tengo yo a la Madre de Dios repartiendo Esperanza… aunque yo no vengo a pedir nada, que bonito sería ver a María repartiendo en sus misterios dolorosos una advocación que invite también a esa dualidad de la pena a la alegría de la que se nutre la Semana Santa andaluza… como el amor, el amor es hermoso, ¿verdad? El amor que es lo que en verdad todos más ansiamos con la salud aunque tuviésemos todas las riquezas materiales del mundo. El Amor Hermoso ya está en Bailén aunque yo creo que Ella, lo que quiere es enamorarse por tus calles como buena bailenera. Y también, quien sabe, la Virgen María pronto pueda encandilar con la advocación de nuestro símbolo más grandioso… Encarnación."

miércoles, 16 de marzo de 2016

EL TEXTO DEL PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE BAILÉN 2016

Es honor para mí que el pregonero de la Semana Santa de Bailén de 2016, Enrique Camacho Sanchez haya querido tener la deferencia de compartir con el mundo a través de esta mi casa digital el texto que con todo su cariño y amor a su fe y tradiciones proclamó el pasado sábado sobre las tablas del salón de actos de la Casa de la Cultura de Bailén. Pinchando sobre este enlace podrán leerlo y descargarlo en pdf.

martes, 15 de marzo de 2016

PRESENTACIÓN DEL PREGÓN DEL... CARIÑO.

No pensaba publicarlo, en un tiempo donde, es que ni me acuerdo de caer por este rincón de mi vida, son muchas las preguntas que me hago como ¿ya pa´ qué? Pero recientemente estoy enfrascado en intentar asegurarme la perdurabilidad de todo lo que he hecho desde que abrí este blog con una extensa edición en papel de todo el contenido además de una digitalización en pdf para si algún día una de esas desgracias digitales a las que estamos acostumbrados se cargasen tantas cosas que he ido reflejando en esta página. Ojeando los primeros tomos que tengo ya realizados me he dado cuenta que con ello también he editado un auténtico diario de mi vida y con ello le he dado más valor si cabe a lo que en su día me pareció insignificante y por eso, que mejor que cuando acabe el año poder ver una página más de lo que mi vida deparó en esta cuaresma.
El pasado sábado me volví a enfrentar a mi pasado, porque el pregón volvía a subirme al atril como exige la unión local de cofradías (lo siento, pero agrupación de cofradías me suena más cofrade) para presentar al nuevo pregonero. Cómo pasa el tiempo, en verdad me ha parecido como si hubiesen pasado muchos años. Lo que puede deparar la vida en solo doce meses del pregonero que no era hermano de ninguna y este año vuelve, por qué no decirlo como hermano de la que queremos sea hermandad… el Divino Redentor (y nuevamente la Encarnación fue nombrado en el pregón) colgó de mi cuello aunque siempre lleve una medalla colgada en el corazón de la Santa Vera Cruz. Sin duda que sin comerlo ni beberlo Dios ha puesto dos personas en mi vida que ya formarán parte para las historietas que contar en los años. Primero fue Patricia Soriano, mi presentadora y después como no, Enrique Camacho el pregonero que tuve que presentar. Mi presentación estuvo en la línea que marca mi estilo, otra cosa no sé ni creo que deba hacer, a Enrique me consta que le llegó al corazón y bueno, para ello, para que la tengan y para que conste en los anales os la dejo al final más un video, que por problemas de última hora se ve borroso pero se escucha perfectamente.
Cuando me entrevisté con Enrique, un plácido medio día en el bar de la Estación para fraguar esta presentación, lo quise hacer para conocer su interior y desde ahí dibujar un texto que le hiciera justicia y que al público le quedase claro la profundidad de su corazón. Creo que acerté de pleno, porque el pregón fue una muestra de bondad, ternura, emoción, recuerdo y sobre todo un cuadro perfecto de cómo es la Semana Santa de Bailén para Enrique Camacho. No se basó en nadie (que yo sepa) e incluso creo que ni se paró a discernir si lo que estaba escribiendo era o no un pregón. Habló lo que su corazón le dictó, a fin de cuentas, no son nuestras manos quien escriben, no es nuestra mente quien las guía, al final de todo es allí arriba donde se decide cómo serán nuestras palabras. Seguramente fue un pregón diferente a todo lo vivido en Bailén, lleno de simbología, que menos para una forma de ser, la cristiana, donde sin simbología quizás no seríamos nada. ¿Recuerdan la película “El Sexto Sentido”? Esa que habla de espíritus invisibles que provocaban frío a los humanos que tenían cerca. Yo me senté frente a frente a aquellas vacías sillas donde quiso tener a su gente más amada que está en el cielo y la verdad es que en todo lo que duró no paré de tener las manos frías… no sé si Enrique querrá compartir el pregón por la red, pero yo lo definiré con una palabra… CARIÑO.


























Fotos: Juan Simón García.
Aquí les dejo mi presentación y un video de la misma que me grabó gentilmente Alberto del Árbol.
“Con la venia… Excelentísimos y reverendísimos hermanos párrocos, excelentísimo señor alcalde, ilustrísima señora presidenta de la Unión Local de Cofradías, queridos presidentes de las hermandades y cofradías, dignísimas autoridades, cofrades, señores, señoras, amigos todos… buenas noches Bailén.
Ya ves, ya no hace tanto tiempo, tan solo un año y la vida vuelve a alzarme para subirme a las tapias que te guardan para volver a perderme en el infinito de tus contornos. Me vuelvo a asomar aquella muralla que ya solo vive guardada en las páginas de los libros pero esta vez no vengo a cantarte las grandezas que ya nos acechan. Ahora que ya se vuelve a presentir lo que te conté Bailén, hace casi un año… ¿recuerdas? Volvemos a estar abrazados por los signos que nos indicaba que parecía que era la hora y no era la hora. Aquello que parecía que nunca llegaba y que me tocó anunciaros, y llegó tras la espera de un año, tras la revisión del alma y de los almacenes de la santa cuaresma. Recuerdas que grité como los clásicos pregoneros que se abriera el telón de la gracia… “hágase la Semana Santa” y la semana de Dios se hizo sin más, como por arte de magia, lo inexplicable volvió a susurrar a los vientos entre las hojas de una amarillenta palma. Vuelve el tiempo de la víspera, más bien estamos en la víspera y tan solo ya me quedará recitarte cartas de amor cuando sienta el relente de la noche y desde un paso, Dios y su Madre me lance esa extraña sensación de calor que emerge de sus sagrados corazones.
Esos relentes de la noche del tiempo de las flores, bajo una eucarística luna, aquellos que solo se sienten cuando llega lo que tenemos a la vuelta de la esquina. Qué me gusta ese escalofrió mientras una encendida candelería me trae a María como si navegara en un jardín encendido por los recovecos de este mundo cuando llega la semana del máximo amor, el más grandioso, aquella a la que alguien cantó que no quería creer en el dios de la cruz, sino al que caminó la mar, pero…¿se puede amar al resucitado sin la pasión y muerte? hoy NO me toca a mí venir a contártelo Bailén, hoy perdóname pero la semana de la más rotunda entrega de Dios a su pueblo, aquella donde debería emerger el amor, y con ello la misericordia, será exaltada por una persona que sabe de entrega, sacrificio, caridad, hermandad y misericordia.
Hoy este balcón de madera del bailenensismo será para un nuevo pregonero, que no te voy a engañar Bailén, no lo conocía personalmente, pero lo que hoy a va a pasar puedo decir que lo tenían preparado allí arriba desde hace veinte años. Os hablaba de los relentes en las noches de la primavera… voy a navegar hasta uno de ellos… caminaba María Santísima de los Siete Cuchillos llena de la gracia de sus pies costaleros, por primera vez, cerrando aquella histórica Semana Santa tras los pasos del Señor en el Sepulcro. San Juan bien cerquita, cediéndole su banda, uno más de sus tantos buenos actos de hermandad y es que sanjuaneros, en este año de la misericordia, vosotros tenéis ejemplos para contar un rato largo. Descansaba la cuadrilla a las puertas de un gran crucero que llenó su casa de muchos sanjuaneros allá en la cima de la calle Silera. La luz de María parecía esfumarse en las tinieblas con el gastado de la batería, mientras un costalero se afanaba por encender su pagada candelería y este que les habla se apoyaba casi derrotado después de una larga semana sobre la pértiga con la que se levantaban los cables.
El capataz, Bartolomé, me encomendó que me llegara hasta su casa, que me llevara la gastada batería y que su esposa, que ya estaba avisada, me entregaría una batería totalmente cargada. El relente desapareció mientras apresuradamente, con lo incomodo que es caminar rápido con una túnica, con el peso encima, menuda chicotá fue aquella, atravesé en ida y vuelta toda la calle Costilla, Victoria y me encontré a aquellos hermanos esperándome apresurados para volver a colocar la batería bajo el paso que le daría luz eléctrica a la Virgen que ya estaba en plena calle de la Cruz llenándola con su palio. Mientras les di la batería y aquellos hombres se ensimismaban en las labores de su misión, mi mirada se quedó fija en un acto lleno de hermandad, caridad y misericordia, en un día donde la imperfección humana brotó entre aquellos que nos hacemos llamar hermanos en Cristo por un banal tema de bandas. Era un niño, donde aquello de los piques lo llevaba a gala, felizmente superado, pero, entonces era uno más que sin darme cuenta hacía de lo más grande también un campeonato… la Semana Santa me encantaba, pero la mía debería ser la mejor, craso error.
Allí estaba el verdadero protagonista de hoy, junto a su hermano, en la puerta de su casa, las de sus padres, con un artilugio que se fabricó para encender cómodamente la candelería de su Virgen de los Dolores. Vio que María iba necesitada de luz, aunque Élla fuera derrochando cascadas por su mirada, Élla que es misericordia y puente hacia a la misericordia de su Hijo se fijó en nuestro pregonero para que en una pequeñita cosa diera la lección que más necesita la Semana Santa; amor, entrega, caridad, hermandad y misericordia.
Me emocionó, viviendo de los piques, el vello se erizó y es que siempre me ha pasado, que cuando Dios se presenta con la única verdad, es cuando por fin siento la verdad de la vida, aquella que nos anuncia en una simple frase, pero que contiene todo el universo en sus palabras… amaos los unos a los otros como yo os he amado…
Aquel hombre era Enrique Camacho Sánchez, al que conocía del pueblo, pero no tenía relación alguna pero a la que su imagen, siempre que me lo cruzaba, me retrotraía aquel gesto con la Virgen de mis “colores”. Para que vean, él en su anonimato, yo siendo un chaval, la Virgen pareció firmar el acuerdo para quien estaría pregonando la Semana Santa en este Año de la Misericordia y quien lo presentaría. Enrique firmó un gesto de misericordia y a mí la Virgen me dio una lección más de lo que debería ser mi camino de amor a Dios con sus cofradías.
Y es que Enrique es cofrade, aunque también le gusta denominarse como yo, capillita. La verdad, si uno no quiere este mundo, si no vibra con él, mejor que no se suba aquí arriba, aunque lo cierto es que antes de cofrade y capillita se siente cristiano, un creyente de la verdad de Cristo, esa verdad que le trasmitieron en casa, ¿en qué mejor lugar? donde además lo enseñaron a seguir la tradición de nuestra tierra haciéndose cofrade de su hermandad de la Virgen de los Dolores. Hijo de un histórico de la cofradía, de cuando las mismas no tenían ni cien hermanos, quizás es también llamado al calor de la Virgen por la profunda devoción que su madre le inculcó a la Madre de Dios, en todas sus caras y advocaciones pero donde obviamente la emperatriz de la ermita de la Soledad le conquista el corazón casi al unísono con la augusta patrona y alcaldesa perpetua, Capitana y Generala de todos los bailenenses, la cual, ante Ella le anunciaron que pregonaría la historia más grande jamás contada en su popular domingo de romería.
Nace justamente unos días después de la romería de Zocueca de 1961, el día 28, hijo, hermano, esposo y padre se dedica desde hace 25 años a la educación de adultos, tras estudiar magisterio en la escuela universitaria Antonia López Arista de Linares en la especialidad de ciencias sociales. Aunque yo pensaba que se dedicaba a la artesanía, la que se le da muy bien, qué cosas, el recuerdo que me hace volar cada día, al día de mi pregón, lo realizó él en un magnífico trabajo sobre cuero, ya que cursó estudios en 2001 en artes plásticas y diseño de cuero artístico en la ciudad de Córdoba. Pero él se dedica a la docencia, aunque en sus tiempos libres acometa estos maravillosos trabajos.
Como cofrade no es hermano de cuna de la Virgen de los Dolores, al contrario de su hermano tuvo él que inscribirse en la hermandad de su familia en la que salía sin ser cofrade, hasta que la revolución costalera de los ochenta lo llevó a ser uno de los hermanos fundadores de la cuadrilla de costaleros de la hermandad. Bajo el varal de la Madre del dolor en Bailén se tiró 22 años y rememora aquellos tiempos como los más dulces de su vida cofradiera, donde convivió con una generación irrepetible en la que hizo grandes amigos. Un hermano humilde, de los que no buscan la foto sino el servicio, su entrega y el buen corazón que ha de primar entre cofrades como cristianos que son. Aunque adora a la Semana Santa en general, es en su cofradía bajo el silencio del Buen Morir de Dios y las lágrimas de su Virgen donde entregó su vida y no hablo metafóricamente ya que su cayada dedicación, llegó hasta un susto trabajando en su hermandad donde la Virgen puso su mano como sostén. Es él también eso que se ha venido a definir en Andalucía como un costalero poeta, que lejos de recitar bajo el varal si inyecta pellizco de emoción a los cuerpos cansados en las largas travesías de penitencia.
Aquí les dejo con un nuevo pregonero, y sobre todo un buen hombre, una simple conversación me ha bastado para comprobarlo, más aquella anécdota de hace veinte años. De los que vienen de bajo del varal, de los que convirtieron una anquilosada celebración en una semana grande de verdad, desde la fe en Dios, en su Santísima Madre, desde el cariño y la labor de las cofradías, aquellas a las que le pide más hermandad, más compresión y más caridad, aunque está orgulloso de ver que en este sentido la evolución va por buen camino.

Te toca Enrique, aquí te cedo este balcón donde nuestro pueblo me hizo levitar y me concedió el honor de poder hacer hablar en voz alta a mi corazón. Dinos tu verdad, como yo dije la mía, pero sobre todo háblanos de la verdad de Cristo, recuérdanos un año más a las puertas de la pascua que la muerte no tendría sentido sin la resurrección, que sin la pasión no existiría ese amor que tantos ansiamos. Llévanos a la gloria de esa semana que cuenta el tiempo al revés, llévanos a la gloria y María…. tuya es la palabra…”

viernes, 11 de marzo de 2016

AL DIOS DE LA CIUDAD...

El próximo sábado, deshojando la margarita morada volveré a encontrarme con el presente que me brindará el recuerdo de una cita especial, como fue el día que pregoné la Semana Santa de Bailén. Ha pasado un año valorando, saboreando, escuchando todo tipo de valoraciones sobre que supuso aquel día. A pocos días de que se cumpla en el año exacto de aquel día he llegado a la conclusión de que fui un privilegiado sin duda porque según mis circunstancias, que están ahí y no engaño a nadie, ni maquillo mis pensamientos, fue una auténtica elección de allí arriba para que yo con mi edad y mi actual vida cofradiera pudiese subirme al atril para más que tener la papeleta de tener qué no hacer el ridículo, llevarme una especie de homenaje que es lo que veo es lo que siente la gente que es, que te elijan para no sé… ¿destacar durante lo que dure la exhortación?¿pasar a la historia? Pero yo os digo, que al final todo pasa, me llegan ecos por ahí del impacto que supuso para muchos aunque luego camine por la calle, llegue a cualquier rincón cofradiero y sientan que sigue todo igual, como si nunca me hubiese subido al escenario de la casa de la cultura. Ante eso siempre queda la satisfacción personal, la que siente tu familia y quedarme con la certeza de que hice lo que creía que tenía que hacer, hacerle un bien al Señor, y si le haces un bien eso recae en los demás. No vine a contar mi vida, pero si tuve que sumergirme en la época donde más la viví para poder trasmitir ese localismo que tanto se demanda o demandan algunos. Hay quien dijo que cambiándole nombres, el pregón hubiese valido para cualquier otra ciudad, y la verdad que si esto es así, creo que eso es un logro porque eso es motivo de que fui a hacer lo que debe de hacer un pregón, anunciar la Semana Santa, y la esencia de ella es la misma en todos lados.
Siempre es esta semana preludio del pregón, semana de quinario al que catalogué y creo que nadie lo pone en duda, como “Señor de Bailén”, el Cristo de Medinaceli y para hablarles de él hice lo que hacen todos, basarse en otros, como en la vida misma, siempre hay referentes como puede ser Romero Murube cuando explicaba esa sensación que siente un pueblo cuando su imagen más venerada sale a la calle aunque durante el año no esté nunca sola o lo que significa para el devoto o como en ese final “donde fue a buscar el aplauso” sentí que del Medinaceli se podía decir algo similar como lo que dijo Antonio Bustos en aquellos “Toques de Triana” al Cristo gitano, curiosamente como en mi época llamábamos al Medinaceli, por su piel tostada, como el Gitano.
Finaliza hoy su quinario y qué mejor que recordar mis palabras para el Señor que hace de los Martes Santo el enorme templo de la ciudad y también haciéndolo con un documento gráfico de especial significancia, como fue la primera vez que salió sobre el ya antiguo trono que labrase el cordobés Francisco Díaz Roncero, un paso que la verdad me habla mucho de aquellos tiempos donde con mucha ilusión tenía que extender el brazo completamente hacia arriba para poder llegar al varal…

“Este es mi Cristo, yo diría que este es el Cristo de los hermanos cruceros aun con tal alto número de representaciones plásticas de Nuestro Señor en su Pasión y Muerte. Habrá pocos lugares como el Santo Cristo donde se pueda buscar la mirada congelada del Hijo de Dios con tantas opciones y en una sola cofradía. Pero allí, en la cima de esa empinada cuesta, en esa su esquina bendita bañada por la gracia es donde habita Dios, el capataz divino de los bailenenses, el que se escapa de las manos de su cofradía. Cada ciudad tiene el Cristo del pueblo, su Señor, el que trasciende más allá de las fronteras de las a veces muy privatizadas hermandades. Ese Cristo que no entiende de colores, ni de nóminas cofradieras, ni de campañas enfocadas para que sus titulares lleguen al conocimiento de la sociedad. Hace más de medio siglo vino a Bailén si hacer mucho ruido, su nombre, su cuerpo, su gesto, su mirada… pocos lo esperaban, pero vino para quedarse y bendita decisión la suya. Pero llegó vestido de fría y morada túnica, cautivo, con la cabeza gacha porque sabía que desde abajo es donde lo buscarían cada viernes del año y desde donde nos concedería el consuelo y la aceptación de nuestras culpas con su profunda mirada. Ya vino como bañado por la esencia de los siglos, fue como si Madrid nos regalara uno de sus más preciados tesoros, que brillan paradójicamente por la piel tostada, como de un gitano bendito que aun detenido en el tiempo, adelantó su pie derecho y lo descubrió por su estática túnica, para que Bailén entero estuviese contenido en el pie de su Dios, aquel que su nombre ahoga el alma, al que apellidan como un grande de España, Él es Jesús de Medinaceli, Él es el Señor de Bailén. O acaso es mentira esto que digo cuando parece que el letargo de la espera de un nuevo Martes Santo, para Él no parece pasar nunca por las hojas del calendario, ni parece importar mucho el día escogido que nos sabe a su figura. ¿Cuántas cosas escuchas Moreno, desde lo alto de tu capilla? ¿Qué te piden? ¿Qué te reprochan? o qué gracias te dan. Cuantos alumbramientos has cubierto con Tú aliento, a cuantos has curado con el roce de tus dedos, a cuántos has abrazado con tus manos siempre atadas cuando ante ti en el cielo se han presentado esperando un guiño tuyo en la tierra y luego les ha mostrado por qué ibas coronado de espinas, por qué ibas maniatado, por qué tu gesto de dolor, por qué tu cuerpo desgastado, enseñándoles que todo eso era la llave para abrir la puertas del cielo y hacerlos vivir, como quisiéramos todos vivir… para siempre. Que tiene tu acongojada figura cuando dibujas los senderos del Martes Sagrado, donde los nazarenos de capa blanca no pueden con el poder del pueblo que te hace suyo mientras navegas en un galeón de almas que te siguen a tus espaldas, haciendo brotar la lágrima sin fin ni escapatoria cuando tu melena parece besar el escapulario de aquellos que te elevaron como icono rescatador de los cautivos de todo el mundo, siendo Tú el cautivo más inocente de todos los tiempos. El Martes Santo es quizás el día que menos sabe a Semana Santa aunque todo parezca un día más de tu pasión, aunque tu Madre traspasada por siete dagas de dolor te siga al compás de Andalucía que se borda a las bambalinas de un palio y la expectación cofradiera cuando vuelves de recogía seguido por una larga serpiente sin espigados capirotes, sin señoriales capas ni penitenciales túnicas buscando como cada viernes, que sabe Dios, qué sabes Tú, en tu capilla o sobre el paso de los hermanos cruceros que seguramente ni imaginaron que viniste a Bailén para ser el receptor que todos ansiamos desde que de niños comienzan a hablarnos de Jesús de Nazaret, que tu figura nos recuerda que Dios habita entre nosotros durante todo el año y que Bailén se hace gigantesca catedral para recibir los tiernos pasos de tus pies hechos costaleros y sentir lo que dijo un viejo romántico de las letras, de que el Martes Santo no hay que buscarte en los templos porque en Bailén es el día escogido en que las puertas se cuelga aquello que dice… ¡Dios está en la ciudad!, ¡porque Tú eres el Cristo!, ¡el Cristo Moreno!, ¡el Cristo más Cristo de los Cristos Baileneros!”

jueves, 3 de marzo de 2016

VOLVERÁ...

Volverá Señor si es tu voluntad los reencuentros como lo fue aquel. Siempre vuelve tu semana Señor y una vez más he aquí que nos plantamos con el sueño más patente de acariciar esos momentos que nos regalas en los relentes de la noche. Esos relentes únicos de la primavera donde tu pasión tiene ese sabor especial. Esos relentes que desaparecen cuando anda uno apresurado buscándote por los callejones de la vida, como fue aquella noche donde horas antes para mí ya abriste definitivamente la Semana Santa, porque cuando tu aura queda, se siente como la gracia inunda las arterias de la vida más plena que encontramos en tu bendita semana. Íbamos en tu busca, Señor de la túnica blanca, pensando que el desprecio del tetrarca llenaba de congoja a las palomas blancas de Santa Ángela. Pero no, venías dando dentelladas de oro, casi rozando los quicios en tu áureo galeón por esa calle que se hace pesebre de Belén, por esa Cuna de tu gracia cofradiera.
Como no, el camino se detuvo, ya solo le cupo el andar largo de tus inigualables pies y tuvimos que volver a sentir el relente de la noche aun con la calina que hacía, a volver a escuchar ese tu silencio que atruena en nuestros corazones, en este mundo de tantos bocazas y tantos errores por las palabras innecesarias. No pensamos que el momento llegase a tanto, pero comenzó a sonar el destemplado tambor y Tú con tu gente siempre a lo tuyo. Ya no había masas, ya no había los que quizás no sepan escuchar tu silencio. Quedaba ese otro tipo de gente que frunce el gesto con tan solo un murmullo y es que nadie quiere perderse la lección de tu silencio. La noche ya no parecía otra cualquiera. El manto negro ya sabía al luto de tu semana, el aire era el esperado, la luz la más ansiada mientras Triana comenzó a elevar hacia todos los puntos cardinales esa desgarradora Santa Cruz que tan bien le sienta al caminar de tu silencio blanco. Maestría abajo para los sentidos entre ese silencio que atronaba, que guiaba nuestra mirada sin saber muy bien quién mandaba las ordenes, si mi cerebro o el que guardaba reluciente silencio. Revirá de parar los pulsos, que menos el tiempo, la vida, los problemas y las alegrías, señores ¿como se explica lo que levanta la burbuja de la gracia? ¿Cómo escribir cartas de amor narrando aquel enamoramiento?


Cada nota y cada paso fue una daga de amor al corazón y alzabas la mirada y veías un perfil que solo podía de ser del Hijo de Dios. Observarlo en el video, entender su gesto, cuando la vida os apriete, cuando los demás os asfixien, guardar silencio como Él, no lo veis como atado de manos es más libre que sus verdugos, como la paz inunda todo su cuerpo en aquel mismo presente, el que nos hizo sentir todo lo que duró la marcha aunque no sintiéramos pasar los segundos… no merecía la pena hablar aun amando a todos los que le rodeaban, esa es la lección que se dejó en aquella revirá para guardar en los recuerdos. Las imágenes, el paso, los costaleros, la música, los olores… todo fue un instrumento de sentidos para decirnos todo esto y tal vez mucho más, lo que cada uno recibió en aquel justo momento del de la túnica blanca. Hay que volver al pasado para lo justo, por lo menos con la alegría de recrear aquel privilegio porque aquello fue de esos momentos inesperados, de los que te prepara el Señor, en una tarde donde comienza todo, pero que para mí, hasta que no veo al desprecio de Herodes al Hijo de Dios, no comienza para mí la semana de la gloria… por no decir la vida plena de la gloria.