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jueves, 5 de junio de 2014

VIERNES SANTO... BAJO EL JOYERO MANIERISTA DE DIOS EN CÓRDOBA. (I)

Si les contaba hace unos días que parece que fui un gafe para el Martes Santo sevillano, que tras tres años de no estar allí, volvió el esplendor de sus cofradías bajo el sol, al contrario debería parecer en el Viernes Santo para la ciudad de Córdoba y sobre todo para la hermandad del Santo Sepulcro. Nuevas sensaciones para escribir en el libro de mi vida se abrían en el pasado Viernes Santo, cuando vestido casi de negro rotundo, con costal bajo el brazo contemplaba una vez más extasiado el simpar paisaje que dibuja la Mezquita-Catedral de la capital califal desde el otro lado del rio, a la sombra de la Torre de la Calahorra. Caminaba tranquilo, el Arcángel de piedra me mandaba suerte, él que tiene un soldado en sus filas muy especial para mí, como estaba Córdoba a esas horas, se palpaba una sensación muy común como en otros tantos lugares en esta triste jornada, de cansancio y de selecto grupo humano que vuelve un día más a contemplar las cofradías. Al final la peoná del día anterior había sido benevolente, el cuerpo iba preparado para sumergirse nuevamente bajo una galera de gloria, para disfrutar de las cofradías en el lugar privilegiado que ocupan los costaleros, aunque yo no sea de los que le guste estar toda la semana bajo los pasos, pero dos por ejemplo no está nada mal, y a este al que me enfrentaba, la verdad es que me hacía ilusión poder vivir lo que la tarde me deparaba, que pensaba que iba ser bueno, y en realidad fue impresionante.
A la misma hora que los ensayos y en el mismo lugar, la plaza de la Compañía, desde donde cada Viernes Santo se dibuja la estampa de una de las más admirables cofradías de Andalucía, y desde aquel día lo pude “paladear” en mi alma, expresión muy de su capataz, expresión muy de su escuela, los Santiago. Nerviosismo el justo, ante la nueva experiencia, quizás de respeto ante el trabajo que se iba a desarrollar, pero lo cierto es que me sentía como si llevase toda la vida paseando “al Muerto de Córdoba”. Los costaleros de ambos pasos iba llegando, en la cafetería de la plaza caía un nuevo néctar costalero para activar las fuerzas. Abrazos y saludos a los compañeros, sobre todo con los que más he podido emparentar mientras en el callejón nuestro capataz o capataz delegado de paso cristo David Arce nos entregaba a los nuevos las sudaderas que la hermandad regala a las cuadrillas. Sudadera azul marino con una Cruz de Jerusalén bordada al pecho. Sin duda esa Cruz de Jerusalén desde aquel momento se quedó bordada al corazón para siempre, esa cruz de los nazarenos de Sevilla como me decía un buen maestro y amigo, que igualmente tomó esta clásica hermandad cordobesa como enseña representativa, que será símbolo de una de las más bellas experiencias que me llevaré al otro barrio, cuando Dios, en este caso el que va dormido en refulgente urna manierista flotando por las embrujadoras calles de Córdoba, quiera. Es curioso, un día de glorias en Sevilla, inesperadamente me encuentro a Curro en un relevo de la Reina de Todos los Santos y al llevar puesto el costal me hacia dudar que fuera el famoso capataz cordobés. Pero llevaba la sudadera del Sepulcro y eso me hizo decantarme de que se trataba del capataz que cumplía esta Semana Santa veinticinco años mandando pasos. Quien me iba a decir aquel día que yo saldría a sus órdenes y en ese paso que tanto me llenaba los sentidos de este regustazo por las cofradías. Quería esa sudadera, no hizo falta mucho insistir, porque es la misma cofradía la que la regala a las cuadrillas, seguramente en esa búsqueda de extrema seriedad que con las horas iba ir paladeando en mis sentidos. Aquel día la lucí orgulloso, hoy colgada en el armario es casi como un trofeo, para este simple capillita que la verdad a veces ha recibido más de lo que ni siquiera soñaba. Las enormes lecciones que he mamado siendo costalero del Sepulcro y junto al equipo de Curro, han sido un premio muy grande.







Muchos cuellos trabajados, conversaciones a modo de resumen de lo que había sido la Semana Santa para muchos, casi todos costaleros en otros pasos. David Arce comentaba su salida el día anterior bajo el misterio de Cigarreras de Sevilla, este costalero de marca Villanueva, que por cierto le han entregado un nuevo llamador de la ciudad, y no uno cualquiera, nada más y nada menos que el de la archiconocida Virgen de las Angustias, la obra póstuma del cordobés más eterno, Juan de Mesa y Velasco. Seguramente su experiencia bajo la Piedad de los Servitas de Sevilla, modelo muy similar al que lleva las Angustias de Córdoba se verá reflejado bajo el paso de la iglesia de San Agustín. También un honor el de llevar al Señor a sus órdenes, y como no, del que me abrió las puertas y los brazos de Córdoba y su mundo de abajo, en las cuadrillas que a mi entender, son la marca y camino a seguir para entender el perfeccionamiento de las cuadrillas de costaleros en Córdoba, Federico Jiménez Reloba. En la plaza, se hacia el silencio, en corro, y en medio Curro nos daba una charla, unos consejos y nos inyectaba la pasión por hacer las cosas bien y disfrutar bajo los pasos de la hermandad, la cual llevaba ya unos cuantos años sin ver la calle, a excepción de la magna, por culpa de la lluvia, por eso creo, en plan broma, que yo he sido este año un talismán y el Sepulcro volvió a sorprender por las calles de su ciudad. Nos repartía el trabajo, con una tarjeta de relevos de lo más trabajada, otro tesoro para la vitrina de los recuerdos. Un trabajo que también me era nuevo, ya que siguen el modelo de cambiar la cuadrilla entera en cada relevo, perteneciendo yo a la cuadrilla baja.
Al entrar en la Compañía comenzó un caudal de sensaciones y estampas que lo mismo que me sobrecogían, a la vez me hacía estar muy en alerta, para no cometer ningún fallo, ante el rigor de esta hermandad, yo prefiero ser así. Cambiaba de estilo a todo lo que había sentido desde dentro. Me hacía participe de una cofradía de negro, de silencio, de ruan, mustia, rancia… yo diría que el modelo más patente que sentí que sigue la cofradía es la del Silencio de Sevilla, aunque con un gran regusto reinterpretado a sus características propias, sin copiar nada, pero el alma de San Antonio Abad en Sevilla se podía respirar en la Compañía de Córdoba. Ojeada fugaz al joyero manierista que nos esperaba y junto a él conocía por fin el famoso paso de su Madre, la Virgen del Desconsuelo que como digo, se levantaba sobre el alma de la Concepción de Sevilla pero reinterpretado a las mil maravillas, con un regusto enorme, le faltó el azahar en las jarras, incluso estaba quizás ante la recuperación de la sacra-conversación más antigua en Andalucía, desde que en Sevilla desapareciera hace casi cien años y ahora lo haya recuperado la hermandad del Sol.
Aunque todos los ensayos me ha tirado de la ropa un buen costalero y mejor persona, casi paisano, Luis Miguel, de La Carolina –grandes costaleros de este pueblo bajo el Señor-, aquel día me perdí tras unos cuantos compañeros, cosas de lo nuevo y me tiraron de la ropa en unas dependencias altas de la Compañía, donde parecía daban los niños la catequesis. Lo cierto es que contemple mucho oficio, muy buen trabajo, en aquellos costaleros. Uno de ellos lo conozco desde que como músico salí tras la Borriquita de Córdoba y él era un incipiente costalero que comenzaba a mirar hacia Sevilla. Sin duda el costal que me puso Miguel González Bonilla, otro costalero marca Villanueva creo que ha sido el que mejor me han puesto desde que me hice costalero.




Al volver al interior de la bella iglesia de la Compañía de Jesús pude palpar lo que es una cofradía de esta categoría organizándose y esperando que se abran las puertas de la penitencia. Prácticamente el silencio ya estaba instaurado entre sus hermanos que se escondían en el anonimato del caperuz y la cera tiniebla. Llegó Federico que siempre me trató con su simpatía y casi me daba hasta vergüenza hablar observando tanto rigor, un severidad que me hacía disfrutar, en sí, esta es la auténtica esencia de la Semana Santa, el día que se pierda esto, quizás la Semana Santa dejará de llorar la muerte más triste de todos los tiempos, y aunque esto es la gloria, hasta para estos cofrades de firmeza y seriedad, creo que mientras el mundo exista no debe de desaparecer el respeto y la tristeza que se representa en la Pasión de Cristo en Andalucía. Tanta etiqueta que tenemos en Andalucía de una Semana Santa casi de romería, que vengan de por ahí y observen rigor de altos quilates que destilan las hermandades rancias. Contemplé a Curro en el papel que siempre me habían hablado, seriedad y concentración, sin duda en su estatus de que es el que manda, el que lleva la responsabilidad y ya se palpaba que no era el Curro de fuera de las tensiones, volvía a contemplar a ese hombre serio de pelo engominado repeinado hacia atrás, por cierto vestido de etiqueta, de frac como el resto de capataces y contraguías, una muestra más de la exquisitez de esta hermandad, esto por ejemplo en Sevilla si no me falla la memoria no lo encuentras. Incluso si apostaran por el traje de servidor de librea, como al parecer iban vestidos los capataces de tiempos remotos, la estampa aun serian de más regusto y solera, aunque creo que si Federico lee esto, se reirá diciendo, no des ideas…
Tocaba sumergirse en la galera de este auténtico retablo andante que es el paso del Santo Sepulcro. Auténtica joya que por más que lo contemplas, no deja de embriagarte. Siempre se abriría el faldón trasero, como portón blando hacia la gloria de los kilos, ricamente bordado para poder adentrarnos y salirnos de la estrecha galera de este paso, autentica alma de madera en su interior, donde el aire nos entra desde la parte superior, es decir, el suelo de la urna desde abajo podemos ir contemplando, sintiendo que ahí va el mejor de los nacidos dormido para el perdón de nuestros pecados, desde donde podíamos observar la tenue luz de la cera tiniebla que le da luz al Cristo Yacente de Córdoba, y a su vez una magnificencia sobrecogedora a esta obra que pareciese heredada de la noche de los tiempos. Aquí cambia todo lo conocido por mi desde el interior de una cofradía, no hay llamá poética, no hay replica de gracia, solo golpes secos de llamador, de sonido seco y profundo que retumba en las esencias del alma, un sabor difícil de explicar, un ambiente solo entendible para los que disfrutan con los cánones antiguos. Un simple “ponerse” o “vámonos” de Curro o de David Arce, también de Federico, el tercer capataz del paso por definirlo de alguna forma, cuando el primero se marchaba al palio, que es donde suele ir más los capataces generales, por cierto otra nueva experiencia en mi vida capillita y creo que acertada, en las cofradías creo que es mejor que los pasos los capitanee un solo capataz, y los demás sean sus subordinados, es curioso, la profesionalidad que sentí aquel día, que a Curro a veces lo sentía como un auténtico jefe, sin aficiones, sin las cosas por amor al arte antepuestas, todo era concienciado de que ese día él mandaba, sin contemplación a estrellas bajo las trabajaderas, veinticinco años después creo que su modelo la va dando la razón.











Al segundo golpe del pequeño llamador, los treinta hombres metían riñones y el galeón comenzaba a crujir a gloria, mientras me preguntaba “haber lo que empuja hoy pa´bajo”. En el tercero la urna volaba al silencio de la Compañía, perfumada por el sabor del incienso, como no, de hermandad rancia y los ecos de la música de capilla nos hacía sentirnos partícipes del mismísimo entierro de un rey, en este caso del único Rey que de verdad se ha dejado su vida por su pueblo. Muchos pensarían que lo correcto sería levantar a pulso, o pulso aliviao, muchas hermandades con pasos de este modo así lo harían, pero la esencia de la cuadrilla del Sepulcro cordobés es esta, hay que mover esos quilos, y ver levantar el galeón manierista es una de las sensaciones más espeluznantes de la Semana Santa en la tierra de eterno Manolete. Seguramente hay que levantar así, si o si, hay que empezar enchufado a mover ese paso porque la verdad es que tengo que decirlo, en ese momento comenzaba un caudal de sensaciones satisfactorias y sentimientos indescriptibles –como siempre digo, mis crónicas no se acercan nada a lo que se siente-, pero serian unas sensaciones que se cobrarían bien cobradas, porque si alguien ha escuchado el rumor, yo se lo confirmo, es pequeño y puede engañar, pero este paso pesa mucho, pienso que tendrá que pesar como un galeón de casi cincuenta hombres para solo treinta y apretaditos, por ello me sentí un privilegiado, porque ahí debajo no hay concesión a flaquear ni un segundo, no concede muchas oportunidades a perderle la cara, para la integridad del costalero y para la elegancia que tiene que derrochar ese paso tan especial por la calle. En este paso he conocido aquello que se dice en el mundillo de abajo, que ser costalero es ser un guerrero que tiene que batallar con los kilos, la verdad que para pasear un paso así una sola cuadrilla debería volver el espíritu y circunstancias sociológicas de los míticos profesionales. Y así fue en los ensayos y así fue el Viernes Santo, desde la primera el paso comenzó a decirnos, que si lo paseábamos con fuerza y a la vez elegancia, es que somos los elegidos por Dios para llevar ese paso, por eso dije en las primeras crónicas, que tristemente me he visto obligado a eliminar, que el sacar dos pasos seguidos, encima este, me dio cierto miedo el día anterior cuando el paso comenzó a caer. Encima, cuando terminara la estación de penitencia en Córdoba, a eso de las doce de la noche, tendría que volver rápido hasta mi pueblo, porque a las cinco de la mañana comenzaba una nueva jornada de trabajo de ocho horas. Lo cierto es que le di gracias a Dios por concederme la fuerza, el físico, la salud, lo que sea para poder dar la cara ante estos grandes costaleros bajo este paso que derrocha el mismo arte que entrega física.





Pero había valor ahí debajo, muchos de los costaleros son viejos veteranos de este Cristo que como me decían le tenían un hueco especial en su corazón, aunque no fuesen hermanos, la verdad es que el modelo que tiene esta cofradía a la hora de entender a las cuadrillas de sus pasos, lo veo correcto o más bien genial, creo que es el secreto para que sus pasos sean de los que mejor anden en la ciudad, para asegurarse que tener gente debajo de los pasos sería un quebradero de cabeza menos en la gestión de la hermandad, algo necesario para cerrar la excelsitud que van derrochando por la ciudad. Aquella tarde estuvo conmigo David Mira, Pedro Guerrero, después llegó Félix Gómez y Óscar Ortega con sus señoras parientas a disfrutar de una jornada de Semana Santa, desconocida para todos y a la vez trasmitirme un aliento de amistad ante esta nueva experiencia, al final como me dice Félix, “me vas a echar adelante, que ya sacas más que yo”, ¡yo que no soy un acérrimo del costal!… Ellos coincidieron en afirmar la elegancia de la cofradía en la calle, con todos los respetos, decían que por lo menos en la jornada eran punto y aparte, y una hermandad para quitarse el sombrero, incluso que el paso palio “era para partirse la camisa”. La verdad ya que uno se pone a elegir, elige bien ¿no?
Comenzó ese nuestro andar cansino, como dirían los que abajo tiene el privilegio de apoyar a los de fuera. Un andar corto, pero profundo, sin correr, porque este paso es de unas características especiales que hacen que tenga que tener un andar muy especial. Un punto de gravedad que hay que batallar para que el Señor “no se despierte”, para que parezca lo que el pueblo observó atónito, que la urna se va deslizando por Córdoba, cortando el aliento. El suelo sagrado de la Compañía, dio paso a la calle, en silencio con sabor a funeral donde solo se escuchaban el cantar de los pájaros y la música de capilla parecía un eco lejano de otras épocas. Se baja la rampa y se sigue el son, siempre igual en busca de las columnas de ese edifico que nos evoca a la antigua Roma, no había música que marque el compás, solo silencio y sobriedad, y caminar de frente soportando los kilos. Por Santa Victoria que tanta leña daba en los ensayos, el paso flotaba, al igual que por Ángel de Saavedra hasta llegar a Blanco Belmonte, donde se abre y se recrea una de las estampas más inmortales de la ciudad. Llegaba el relevo, y al salir parecía que no habíamos salido de la Compañía, y el paso ya estaba impactando a la multitud que esperaba el cortejo del Sepulcro en las aceras.
Como era todo nuevo para mí, uno no sabía si podía quedarse un ratito a ver el paso andar, que la verdad me he estrenado bajo sus trabajaderas sin haber visto nunca esta cofrada en la calle a excepción del rato el día de la magna, quien me lo iba a decir aquel día... Pero bajamos en busca del relevo, aquí como en tantos sitos, en bares, por si se necesita el aseo o tomar alguna bebida que nos reanimara, más aquella tarde que parecía un Viernes Santo de julio por el calor, a poder ser que no fuera “liquido amarillo” como nos aconsejó Curro. Entraba la cuadrilla alta y buscamos el relevo ante la misma puerta del Perdón de la Catedral. Viajando hasta Córdoba lancé a mis compañeros un deseo, no sabía si iba a cumplirse pero se vio que el Señor lo tenía todo premeditado desde antes de la igualá allá por enero, iba a hacer estación de penitencia en un templo mayor, y con un paso encima, sueños que nunca busqué y que el Señor al fin me ha concedido, porque llevé al Dios muerto de la Compañía hasta el interior de su sagrada casa, donde antes los musulmanes alzaba sus ruegos al altísimo.



Desde la revirá de Deanes aparecía el galeón, y es que ciertamente da la sensación de que ves venir un retablo, nunca tanto manierismo se llevó tan genialmente a un paso, este arte solo nos trasportaba a las iglesias de rancio abolengo en Andalucía. Ahí comenzaba a ver la cofradía en toda su magnitud, como por ejemplo la cruz de guía que llevaba un muñidor especial o nuevo para mí, llamando al silencio, en lugar de las campanitas más comunes, llevaba una especie de carraca, quizás por aquello de que en la jornada de Viernes Santo no se deberían hacer sonar campanas, supongo. Silente, con un paso medido, dicen que este año los grandes han dado un gran salto de calidad, se posó el paso ante nosotros mientras cordobeses y foráneos esperaban la estampa de esta joya entrecortándose entre la belleza arquitectónica de la Santa Iglesia Catedral. Es curioso, llevo sin entrar a la Mezquita-Catedral desde una excursión en 1996 del colegio, aquellas de fin de curso de la EGB y cuando vuelvo a pisarla, no puedo embriagarme de su arquitectura y arte. Pero qué mejor manera que volver que llevando al Señor sobre la séptima vertebra recubierta de arpillera bendita, con el arte que más me gusta para llevar a las imágenes sagradas junto a unas de las mejores cuadrillas de la ciudad y sintiendo el eco sagrado, sintiendo el mármol de la casa de Dios en mi cansino y contundente rachear. No sabía si en estos menesteres se hacía algo especial, yo solo sentí que entrabamos y dibujamos unas cuantas revirás, desde esta catedral no se puede salir por otra puerta, se entra y se sale por la misma a la espera de que fructifique el proyecto de abrir una nueva para que definitivamente las cofradías cordobesas hagan estación de penitencia en el templo mayor como culmen a su estación de penitencia y su paso por carrera oficial. Por el momento unas cuantas, incluyen esto en sus itinerarios, el Santo Sepulcro es de las más antiguas en hacerlo, incluso dicen que es el único objetivo de estos hermanos de negro ruan, hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, incluso alguna conversación esporádica escuché en un ensayo, que decían que en algunos años de peligro de lluvia se bajaba a la Mezquita-catedral y se volvía por el camino más corto, obviando la Carrera Oficial. Desconocía el procedimiento, no se nos pidió nada especial, solo seguir haciendo nuestro trabajo, por ello simplemente hice los que sus hermanos de luz harían, supondría y supongo que muchos costaleros, yo saque la esencia de todo esto interiormente, yo el capillita, el jartible de la estética, el que cada vez le huele peor la palabra COFRADE, el que no entiende -o eso creen los que de verdad no me entienden o no están preparados para ello- de la religiosidad que debe primar en este mundo… no sabía de procedimientos, pero bajo el palo un Padre Nuestro y Ave María…
El paso quedó como aparcado a un lado, es lo que sentía, no veía nada y escuché el rumor de la entrada en la Catedral del paso palio de la hermandad a las órdenes de Curro. Cuando se posó, se alzó nuevamente el joyero manierista, esta vez a las órdenes de Curro y el Dios de la Compañía volvió a sentir las últimas luces del día más triste del año, el día en que Él murió. Nuevo relevo sin salir del Patio de los Naranjos, donde la multitud abrazaba el discurrir de la cofradía, como dije en las últimas horas de la tarde, lo que hacía que el paso comenzase a cerrar su magnificencia con los destellos que producen sobre el pan de oro la luz de sus cirios color tiniebla, no podría ser de otra forma que fuera la cera de las rancias…
CONTINUARÁ…
Nota: Las fotografías que ilustrarán estas crónicas fueron realizadas por Pedro Guerrero y con ello incluiré también las referentes al paso palio de la hermandad.

martes, 3 de junio de 2014

A LA VERA DE LA ESPERANZA MACARENA...

Una despedida de soltero de mi hermano, una final de Champions, encima había que trabajar como un día normal al siguiente sábado para comenzar unas vacaciones forzosas de dos meses, pero bueno más quisieran otros… la Esperanza parecía una neblina verde con matices de oro que parecía esfumarse por una noche lejana, donde las estrellas parecían mariquillas, que se dibuja allá por los perfiles de Sierra Morena, esa que miro anhelando siempre la tierra prometida que corona un Giraldillo desde lo más alto del Ventorrillo de fuerte sabor a cauce del Rumblar. Iba a estar la única imagen mariana que de verdad me hace mirar más con la devoción que con, no se definirlo… ¿“la idiosincrasia mundana” puede valer? en puro ajetreo, tantos días fuera de su casa, que la pobre en las primeras horas de la mañana del pasado domingo, ya en la soledad de su basílica menor se tuvo que sentar en ese su trono de los besamanos exhausta y con ganas de echarse unas cuantas horas en esa cama de gloria que nadie conoce, pero que tendrá en el joyero de Marmolejo. Han sido tantos días de Macarena en la boca, en las primeras planas, que uno ya hasta casi aborrecía y prácticamente le daba de lado a tanto caudal desbordado de macarenismo. Tantos días y parecía que no iba a aprovechar nada, la ilusión se me iba de las manos, a veces la rabia y no sé qué más, que hasta que no salí del trabajo un poco antes de que el reloj marcase las siete y media de la tarde, la esperanza se amarraba al cuello, y en el reproductor del coche, sin buscarlo sonaba la marcha-himno del maestro Braña…
La Esperanza despertó la pasión, y me decía que no podría perdérmelo, que era motivo para hacer un esfuerzo y que si iba a su encuentro, iba a comprender cuál es la magia de sus andares cuando el sueño de Juan Manuel acaricia el aire de Sevilla, que Ella me guiaría, y que no temiera nada que David y yo nos extasiaríamos ante su penetrante mirada estrábica. Eran las 20:15 de la tarde, lo marcaba el reloj de mi C4 y a mi derecha una ciudad me traía aires de una estrella, la de los mares que si Ella lo quiere pronto volveremos a navegar, aires de trabajadera, incienso y pasión aunque siempre vayamos en la gloria. En el otro extremo de la nacional IV nos esperaba dolorosa y a la vez gloriosa, según se mire su perfil, entre la pena y la sonrisa. Muchos bailenenses se perdían en sus encantos y magnificencia durante todo el día. Seguramente esto es histórico porque un autobús de baileneros no salió para Madrid, Barcelona o Bilbao a ver futbol, y si es a Sevilla el Betis o la Selección, ni tampoco un autobús de baileneros se iban al carnaval de Cádiz, y tampoco a una jornada dominguera en las costas granadinas, ni a un aeropuerto para irse a las playas de Tenerife o Mallorca. No, por fin, las típicas excursiones de Bailén tomarían un nuevo rumbo, como Dios manda un autobús se llenaba para ir a contemplar cofradías, procesiones, a Sevilla… irían a disfrutar y espero que aprender y me consta que puede que las dos cosas se hayan quedado guardadas en el cajón de la memoria. Me cuentan que alguno se preguntaba ¿Qué raro que no esté por aquí el capillita?








El jartible cofradiero, que lo ha mostrado sin complejos en esta casa, no podía faltar ante una de las salidas más importantes de la religiosidad popular, aunque hasta última hora ni el mismo lo supiera. Casi ni le dije adiós a mi madre, y me llevé lo puesto para entrar a la vieja Híspalis, tras unos de los viajes más placidos que he hecho –seguramente la de las mariquillas verdes iba en el asiento de atrás- y encaminarme desde la Cartuja, otra vez buenas noches al mastodonte Pelli, hasta la casa del amigo Iván, que una vez más me tengo que quitar el sombrero con su cortesía, inflar un colchón mientras el aire fresco de la calle Martínez Montañés entraba por la ventana. Creo que es la primera vez que llego a Sevilla anocheciendo, por la calle Baños un aun rezumante a estreno, azulejazo del Cristo de la Vera Cruz, en la pared de su capilla nos pegaba el pellizco, de que otra vez, Él lo había querido, y el pellizco nos venía aún más grande con el color de sus cirios y tonalidades, color del Santo Árbol de la Cruz y de la Esperanza, que a esas horas estaría emocionando a los calés sevillanos que contemplaban como Macarena y Angustias charlaban con su Hijo de la Salud.
Vida y más vida en el centro de Sevilla, la verdad que esto me encanta de las capitales, aunque algunos me digan que es mejor la tranquilidad del pueblo. Buena cena, en la cuesta del Rosario aunque no con Cruzcampo nos llevaba en busca de la ronda de la gloria, entre tanta belleza de ciudad, entre arquitectura, idiosincrasia y como no, disloque de formas femeninas luciendo sus mejores galas y encantos. Salíamos de la plaza gitana que antaño guardaba a la Señora del Valle y nos adentrábamos en esa ronda histórica que Pedro Guerrero nos contaba era desbordada en la tarde por una multitud que sabía que la que estaba en la calle no era una advocación más… íbamos buscando aquello que dicen, a ver si era verdad, que Ella es la Madre de Dios en Sevilla. Parecía Semana Santa al contemplar una gran avenida tomada por las masas y los servicios de limpieza esforzándose en que pareciera que por allí no había pasado nada. Quitaban suciedad, pero no quitaban la ilusión que se dibujaba en aquellos rostros que ya venían de verla, por que como dice la poesía, Ella siempre permanece.
Al fondo la masa se hacía más densa y un palio se movía en busca de un lugar que nunca había visto hasta hace pocos meses y ahora cada vez que voy me encuentro en su dominios. La basílica menor de la Auxiliadora y de otra Esperanza, la última de la Semana Santa, se abría para recibir tan cortes e histórica visita. Caminábamos pero sabíamos que más de ahí no íbamos a poder pasar, y que aun quedaría un poquito más para reencontrarme con la Esperanza como más lo llevo soñando desde que un día me enamoré de la Semana Santa sevillana.
En el compás salesiano se alejaba con el perfecto compás de los elegidos macarenos, con el movimiento perfecto que solo su cuadrilla con ayuda de las mejores técnicas de priostía sabe darle a la más buena Moza de San Gil. No pudimos contemplar la bella estampa que se dibujaría en la puerta del templo trinitario, donde la Auxiliadora y la Esperanza trinitaria recibirían a la Macarena –tres Reinas coronadas canónicamente-, pero lo bueno de las tecnologías nos lo traía rápidamente. Aun no se había posado el que llaman “el palio de Sevilla” y en Twitter ya podíamos contemplar la escena todos los que no estábamos dentro del compás.  Se hizo la espera un poco larga, casi dos horas hasta que llegó el éxtasis. Allí de pie, solo sentía el desplome del sueño, era normal, pero había que seguir, tal como diría el capitán del altar errante de la Esperanza. Al fin la cruz de guía, la primera realizada completamente en metal, volvía a dibujar la dirección, la senda por donde vendría la Madre de Dios según Sevilla, bajo las banderitas de fiesta que a los sevillanos tanto les gusta poner para sus celebraciones, aunque por aquí nos choquen, ese toque festivo con una Virgen que es dolorosa. Pero esta procesión era de gloria, mientras en el cielo se dibujaban luces de fiesta ante la llegada de la Macarena. Pero ahora tocaba abrir el alma, entre la torreta de televisión ya veía a la Señora moverse con su especial compás, tremendo esfuerzo de la gente de abajo, que la llevaron como si su catedral juanmanuelina no pesara. Llegaba a la puerta del compás y la música se hacía más presente, justamente en una parte que a mí me traspasa definitivamente. Lo he dicho muchas veces, Pedro Morales fue tocado con su gracia cuando escribió el trio final de su marcha “Esperanza Macarena”, estoy seguro que en la alcoba del cielo, algo así tienen que interpretarle los ángeles y Ella sabía, no mi predilección, si no mi emoción incontrolable al contemplarla con esta marcha. Algunos pensaron, yo también, que lo del pasado sábado se podría haber convertido en una romería, algunos creen que fue así, para mí después de vivirlo no la verdad, creo que la Macarena estuvo medida en todo momento, retraso sabíamos que iba a ver, pero nunca la vi que su caminar se convirtiera en algo insoportable y fuera de los cánones que merece este tipo de actos religiosos y populares, aunque por ejemplo no negaré que lo de “Suspiros de España” en la urbe de Aníbal González, para mi estuvo fuera de lugar. Soy macareno, si es que se puede decir así de rotundo, no por devoción, aunque no les negaré que la Esperanza es la única imagen que me pega el pellizco de la emoción y me despierta la necesidad de la oración como no hay otra en el mundo. Soy macareno por unas formas, unos cánones, aunque en algunas cosas no esté de acuerdo, pero generalizadamente pienso que hacer las cosas como se hacen en la corporación de la Resolana, son el más perfecto camino a seguir. Para mí la Madre de Dios está en el cielo, la que nació en Nazaret, esa es la verdadera devoción de los simplemente capillitas, la que mis ojos no pueden ver, al igual que su Hijo bendito. Para mi cualquier imagen es válida para intentar hacerme a una idea de cómo sería estar frente a frente con la nacida sin mancha, por eso suelo intentar diferenciar tanto entre lo que es devoción, y el otro gran ingrediente de todo esto…la cultura cofradiera, que a su vez se une de la mano con la religiosidad popular para llegar a la veneración de la imagen y dar el salto definitivo a la que vive allí en la gloria, que simplemente baja y se aposta junto a nuestras imágenes para escucharnos, cuando los humanos comprendemos que esa es la mejor forma de poder hablarle…






Así lo quiso María, y bajó del cielo y se hizo Macarena y bajo su catedral de plata y bordados se plantó nuevamente en la ronda para callar a la multitud, y el pellizco no podía ser casualidad, luego, tras lo ocurrido sentí que Ella me estaba esperando, porque no hubo muchas más oportunidades, se bajó del coche quizás cuando íbamos por la S-30 y volvió bajo ese palio, que le cuento a mi padre –mientras él se ríe pensando en los “exagerados” que son los sevillanos-, que los macarenos no saben de qué color es, pero que si le preguntas como es su cara, te la describirían mejor que el mismo genio, que ya fuese en la tierra o en el cielo, la sacó de la madera para legarnos a uno de los iconos marianos más grandes de la humanidad. Sonaba “Madrugá Macarena” y los repelucos me hacían entrar en esa mística, que como dije casi ninguna otra me introduce. Veía por fin su palio moverse con Ella debajo, y sentí que es el mejor momento para contemplar a la Esperanza, sobre su paso y andando con la gracia de los costaleros. Veía el rojo del palio y me acordaba de mi padre y se lo contaba a Ella, le pedía salud y benevolencia con los míos, y para los que no lo son, porque tanto a Ella como a todas las imágenes que contemplé en las horas que estuve en Sevilla, les rogué por un joven que con demasiadas pocas primaveras está emprendiendo la chicotá más dura de su vida, ojala le eches una mano, como tantas veces a su padre le he replicado cuando no cree en el poder de tu divinidad y la de tu Hijo, al que visité al día siguiente, el Gran Poder… no le robéis la vida que tanto ansiaba y presume su padre, él que fue un premio a su vida tras resurgir de un pozo del que muchos no pueden salir.
La melodía de la marcha marcaba los repelucos, el compás de los costaleros era como imaginaba, perfecto. La revirá ni eterna ni larga, ese era el son como diría su capataz, como diría su padre en el cielo, que ya en los albores basilicales salió a relucir, porque el fue el genio que nos envenenó a todos, abriéndonos las puertas más blandas que hay, la de los faldones para hacernos rezar como pocos pueden hacerlo, bajo las trabajaderas. Silencios macarenos, incluso de la muchedumbre, que ya se colaba un poquito, que caminaban delante, creo que innecesaria porque irán cerca de Ella durante el camino, pero es que ni disfrutan ni dejan disfrutar. Ciertamente, la Virgen en lo alto del paso iba de pertiguera divina, velando por sus sufridos acólitos que parecían palos a la deriva en un rio revuelto. Fue la primera, me quitó el sueño, a Pedro el dolor de pies, rodeada por costaleros de su Hijo el Sentencia, las manos atravesaban milimétricamente nucas y narices y tocaba el galeón de la Madre de Dios, porque con esto bastó para comprobar que lo que dice en el azulejo del bar del arco es una verdad rotunda, en el barrio de la Macarena vive la Madre de Dios…
El paso en movimiento me pareció más grande que nunca, las medidas perfectas, “el palio de Sevilla”, por algo tendrían que decírselo. Habré visto pasos e imágenes, pero ninguno me ha pegado el pellizco como lo que sentí en ese momento, en que todos fuimos por milésimas de reloj iguales… me preguntó el domingo de vuelta mi padre ¿Quién le tocó? Y le conteste: “como no podría ser de otra forma, la Sociedad Filarmónica de Ntra. Sra. del Carmen de Salteras” y Salteras sonando como de costumbre, magníficamente nos trajo en los primeros compases el recuerdo de un amigo, que si hubiese estado ahí, quizás hubiera roto los lagrimales. Sonó “Macarena” de Abel Moreno, Pradas en nuestra memoria y la magnificencia del manto de coronación nos dibujó el primer adiós…
Siguiente parada, con multitud por todos lados, fue en una plaza del Pelicano donde las colgaduras de los balcones nos hacían ver que no estábamos en territorio cualquiera. Sevilla, para esto es punto y aparte, por eso siempre será la que nos enseñe, porque difícilmente se nos ocurrirá algo que supere lo que allí se estila, en un escaparate una virgencita de gloria creo que hacia al amigo Guerrero darme la razón cuando le digo como hay que vestir a una gloria que a los dos nos gusta mucho. Colgaduras pomposas, casi retablos en los balcones y escaparates y más fuegos artificiales para recibir a la “Bella Perla de San Gil”, que ya buscaba su arrabal abandonando la Ronda. Seguía el compás, el son perfecto, se puede andar más despacio y también más rápido, eso los costaleros y capillitas que sabemos cómo funciona el mundo de abajo lo sabemos. Venia de visitar la casa humilde donde nació tal como la definiría su mítico capataz, Luis León, “una costalera de la caridad”, porque ellas trabajan sufridamente por los más necesitados como también diría su maestro Manolo Santiago, “las que lo dan to´ por los que no tienen na´”. Es curioso, un mendigo nos pedía en la plaza, seguramente para vicios, porque el litro de cerveza iba en su mano minutos después, pero allí arriba nos piden caridad mínimamente, querer ayudar al prójimo aunque pensemos que no se lo merezca. Pasó la Virgen Macarena, con unos sones que nos recordaba a alguien que eso lo hizo a las mil maravillas… sonó “Esperanza de Sor Ángela”.













La noche avanzaba, la madrugá, pero no era esa Madrugá de los sueños, le faltaba la luna del Nissán y el azahar, por cierto que poquito incienso olí, seria culpa de la turba que iba delante, lo siento, estorbando más que embelleciendo, lo malo de la extraordinarias supongo, en Semana Santa esto nunca lo he visto así. En la siguiente parada la bulla agobiaba con tan solo respirar el calor de las preturas. Unos jóvenes se fotografiaban a lo Cristiano Ronaldo con José Antonio Rodríguez y es que las cofradías están tomando tal dimensión que sus periodistas cofradieros son más famosos que los de los concursos e informativos normales. No sabíamos dónde estábamos, la Virgen buscaba San Julián que dimos un nuevo rodeo y nos plantábamos en la misma Puerta de Córdoba que hace siglos la Hiniesta gloriosa anunciaba entre retamas catalanas que esa era su casa y que quería volver a Sevilla, y quien no… es decir San Julián se nos había quedado atrás aunque no nos dimos cuenta hasta que pasó nuevamente la Virgen Macarena. Por San Julián también hubo parada eterna, es normal y la espera despertó nuevamente los bostezos sobre un bordillo frente al convento de Capuchinos. Volviendo de una gasolinera, donde habían arrasado con “los” Cocas Colas y las bebidas isotónicas contemplé nuevamente las maravillosas bambalinas de Elena Caro, fieles seguidoras del sueño de Rodríguez Ojeda acercándose a nosotros. Era junio, pero la Saeta emergía desde los balcones. La luz de la cera le daba un aura inexplicable a aquella que por abril cumple diecinueve años. Se alzaba al cielo donde Ella manda y los ecos de Marvizón nos recordaban que estábamos cerca de la casa donde nació una nueva advocación para la gloria de María. La catedral de la Esperanza venia elegante al compás de “Pastora de Capuchinos” y se plantó ante mí para pegarme el ultimo pellizco, o casi... Ahí comprendí a esos macarenos que no saben el color de su palio. Todo parecía sobrar, aunque todo le diera la magnitud que tiene. Solo podías perderte en su carita de jovenzuela dulce y delicada. Las mariquillas del Gallo se movían, ¿al compás de sus costaleros? Que va, al compás del palpitar de su corazón, en cada respiración, porque yo no he visto imagen que en ocasiones parezca que la madera se vuelva carne. Revirá que levantaba los silencios macarenos, los repelucos de los barrios, siguiendo el camino que cada Domingo de Ramos toma la Hiniesta y acabada la marcha de Marvizón, se alzaron al cielo los ecos que faltaban, que venían a definir todo lo acontecido, esos que en la mañana me apuntaron una nueva señal, sin buscarlos, sonaron en un cd de marchas que de vez en cuando pongo cuando en la radio me aburren con siempre lo mismo. Por cierto, si mis amigos de Oviedo les pica la curiosidad, ellos que llevaron la Esperanza a Asturias, podrán encontrar en la biblioteca Ramón Pérez de Ayala de Oviedo la partitura original de la marcha que escribiera su paisano Pedro Braña para la coronación canónica de la Macarena cuando por entonces dirigía la Banda Municipal de Sevilla, y que han llegado allí gracias al depósito que han realizado sus descendientes.
Sonaba “Coronación de la Macarena”, cornetas y rítmica gloriosa para su pena y el arte efímero alcanzó las cotas más sublimes de la noche, llegaba la hora del adiós, los cuerpos eran vencidos, aunque Ella seguía en pie para seguir recibiendo ruegos o gracias, y llenando de Esperanza a Sevilla y a los que nos hicimos sevillanos ante su presencia. Ya nos íbamos y pareció que la Esperanza nos quiso dar un pellizco más y la contemplamos a la vera de la muralla que Ella aun custodia, las cinco de la mañana y seguía sin caber un alfiler a su paso. Sonó “A ti Manué”, que no es de mis preferidas pero como siempre suele ocurrir, Ella se encargó de que la misma me sonara a gloria…
Acabó la noche Macarena. Macarena, Macarena y más Macarena ocuparon todas las portadas y los comentarios. David, que pierde la lagrima por la de la otra orilla se hinchó de aguantarnos escuchar que quien tiene más copas de Europa y quien es la que manda en Sevilla. Pero como la Madre de Dios no entiende de rivalidades, nos llevó al día siguiente hasta las plantas de la Marinera para que no se fuera sin verla, a Ella y al Moreno de la calle Pureza. Que mejor que despedir la visita a Híspalis que con un poco pescadito en Triana, aunque el bar se llame “Miami”. Muchos macarenos foráneos vi por Triana en esa maravillosa mañana, las que siempre regala Sevilla cuando el sol reina en las alturas. Antes visitamos San Lorenzo y sus cofradías, como no, al Hijo de la Macarena enmudeciéndonos una vez más con su grande y poderosa zancada. Hasta una vez más nos fuimos con una nueva lección aprendida de cómo son las procesiones de impedidos en Sevilla, hasta con Tejera tocando “La Soledad” de Pedro Morales a la sombra de Juan de Mesa. En Triana nos recibía el Cachorro, más Dios que hombre, o eso dicen los defensores de que se presente como estaba, con potencias y corona de espinas. A los Marineros llegamos justos, la misa Acababa y la Virgen lucia en el camarín de blanco mayo abriendo junio -David de blanco, ahora sabes de que equipo son en el cielo…-. Cansados, sudados esperábamos el “pueden ir en paz” y la Trianera se picó, nos dijo: “a ver si pensabais que yo iba a estar hoy de secundona” y la capilla entera comenzó a cantar la “salve” a la Esperanza de Triana que nos hizo emocionados cantarla y hacernos partícipes del privilegio de poder rezarle de esta forma a la Madre de Dios en Triana, David dice que aún no se lo cree, después de tanto macarenismo, de tantas emociones, el ultimo pellizco nos lo dio la Trianera, al fin y al cabo, Esperanza y Madre de Dios, las dos son…los capillitas no entendemos de rivalidades.

viernes, 30 de mayo de 2014

SÚPER 8 COFRADIERO. SÁBADO SANTO Y LA GLORIA...

Y acabamos esta aportación videográfica de la historia de la Semana Santa sevillana a través del objetivo de una cámara aficionada del formato Súper 8 con la jornada de Sábado Santo y un pellizco de glorias. La marcha fúnebre de Chopin nos evocará a la tristeza del día, porque en Sevilla hay como dos Viernes Santos… el luto rotundo que nos trae la capilla de los Servitas con su para mí, magnifica cofradía. La impresionante Piedad sale al Sábado Santo de 1984 con prácticamente el paso que conocemos en la actualidad, genuina expresión del arte del setecientos en pleno siglo XX, con su compás de siempre, sin darle alardes a las chicotás, las revirás mas rápidas quizás de los pasos con música en Sevilla, en sí, creo que su andar es de hermandad de silencio adornado con música, siempre funebrísima, aunque en este caso también suene la marcha de Abel Moreno, “Piedad de los Servitas” que a mí me evoca menos luctuosidad. Tras la Dolores y Providencia en su regazo, la Soledad mostrándonos aun su palio sin bordar a excepción de la bambalina frontal, los años en que Dubé comienza a diseñar la cofradía. La salida de la Catedral también se refleja con esta encantadora cofradía del Sábado Santo.





Suena “Esperanza Trinitaria” del maestro Pantión y viajamos a 1979, en la calle Laraña para contemplar a la hermandad más “alegre” de la jornada, la del Sagrado Decreto de la Trinidad, pero sin misterio alegórico, aun quedaría más de una década para su reincorporación. Por ello nos llega el misterio del Cristo de las Cinco Llagas donde hay que observar dos detalles de significancia. El primero es que vemos en movimiento al calvario de la cofradía con el primitivo crucificado y el segundo, el andar que más que poderoso es “paso lluvia”, eran los tiempos donde antes primaba el salir y llegar, sin dos cuadrillas, un paso que era considerado de los más pesados de la ciudad, y algunos se quejan hoy del boom actual del mundo de abajo, quizás prefieren ver andar así los pasos otra vez. Estamos ante la última salida de aquella imagen de autor anónimo para pasar a la primera salida, en 1982 de la imagen de Manuel Hernández León, sin salir de Laraña, aunque más bien fue la segunda del referido imaginero, ya que tuvo que realizar una nueva imagen reduciendo las descomunales proporciones del crucificado que se estrenó en 1981. Tras Él la joya imaginera de la hermandad, la última Esperanza de la Semana Santa sevillana con la particularidad de ver su palio como fue en un principio: blanco. Lo cierto es que lo más puristas se echaran las manos a la cabeza pero a mi así me gustaba más, le daba más personalidad para un palio que de por sí, es una de las joyas de la Semana Santa en la vieja Híspalis.



Ahora sonará “Virgen de Villaviciosa” del maestro Braña en el Sábado Santo de 1979 para mostrarnos a la hermandad del Santo Entierro, por la Avenida de la Constitución, con las ultimas luces del antaño llamado Sábado de Gloria entrecortándose la Canina con las tinieblas de las ultimas luces, tras la alegoría que supera a la muerte, el paso de la urna y el perfil majestuoso del Señor del Santo Entierro, sobre su antiguo paso y cerrando la comitiva la Virgen de Villaviciosa en el duelo más trascendental de la historia, donde me ha llamado nuevamente la curiosidad la pomposidad del exorno floral para un paso de tanto rigor y seriedad.



Una saeta de Manuel Jiménez Centeno cerraba el Sábado Santo de 1980 ante la pétrea figura del San Lorenzo que corona la puerta de salida de la iglesia que da nombre a la hermandad de la Soledad, la de San Lorenzo con su simpar paso, entre de cristo, entre de dolorosa, casi letífico, calvario suntuoso que tal como hoy ya sobrecogía por la calles de Sevilla paseando a una de las dolorosas esenciales en la religiosidad popular de la antigua Isbiliya.



Y acabamos esta serie que quise compartir con todos ustedes, sacada de mi archivo videográfico, pasando del Sábado que es Santo, a lo que abría antaño, la gloria… acabamos  con el resquicio de gloria, ahora que estamos en su periodo con una de las glorias esenciales en Sevilla, de hecho es su patrona y de la archidiócesis. 15 de agosto de 1978, como mandan los cánones, tempranito que el calor aprieta, suena el himno de la Virgen, y en su plaza, por la que salen las cofradías en Semana Santa sale la fernandina imagen de Ntra. Sra. de los Reyes, Madre y Señora de Sevilla, y creo no exagerar con permiso de la que mañana vuelve a San Gil…

jueves, 29 de mayo de 2014

SÚPER 8 COFRADIERO. VIERNES SANTO

El objetivo del Súper 8 no nos mostrará todas las cofradías de la jornada del Viernes Santo, del triste y rancio día en que conmemoramos la muerte de Dios, como buen humano que se hizo también sufrió el tormento más temido de entregar su vida mundana, aunque solo le durase tres días… así, seguiremos en aquel 1980 y nos perderemos por el barrio del Arenal y la Plaza Nueva, cuando en las primeras horas de la tarde la imponente hermandad romántica de la Carretería traspasa la ciudad. De fondo, la marcha ópera “Ione” pone el más medido y acertado telón de la tristeza y la melancolía para un paso de misterio que gracias a Dios lleva muchos años sin tener que cambiar nada, quizás en el andar observamos que entonces el compás de los costaleros era más acelerado, y quizás la zancada más corta –con lo que tiene que dar ese paso- porque así era el ritmo de las bandas de cornetas o agrupaciones, porque en realidad, quizás es el costalero el que se adapta a la música, no la música al costalero como algunos defienden.




Lo mismo podemos observar en el paso de cristo de la siguiente hermandad, en el mismo año y no uno cualquiera, el Santísimo Cristo de la Expiración, Gitano de la Cava, Cachorro de Triana que nos llega por Reyes Católicos, desde el puente que parece más que nunca Gólgota a la hora nona cómo sigue ese ritmo que pareciese el que trae por detrás su madre, jovencísima Señorita del arrabal del Patrocinio, casi aun rezumante a estreno salida de las gubias de Duarte, todo al compás magistral de “Cachorro, Saeta Sevillana” una de las grandes genialidades de Gámez Laserna. Por cierto, un detalle en el Señor, cuando levantan el paso, primero marcan el “sobre los pies” y seguidamente echan a andar, al contrario que a los modos actuales en que se sale poderosamente de frente y ya se camina marcando en el izquierdo, otra circunstancia que los más jóvenes desconocen, y que veo bien destacar con los mejores ejemplos… una imagen valen más que mil palabras.


 Seguimos en Triana, en el puente y en las puertas de Sevilla para los trianeros, la calle Reyes Católicos porque llega el Jorobaito de la calle Castilla, Jesús Nazareno y detrás su Madre bendita que nombra a la cofradía, la Virgen de la O. El mismo son ya tantas veces destacado en esta serie en el mundo de abajo, así los Ariza, más de cien años mandando esta cofradía, pueden afirmar hoy día que los pasos no andan como antaño, en estas imágenes le introducen los evocadores ecos de gaitas de la legendaria banda de la Guardia Civil de Eritaña con la marcha “El Alba”. Los sones del clasiquísimo “Pasan los Campanilleros” de Farfán nos trae la estampa del palio de la O por el lugar, que quien se lo diría, la coronarían canónicamente décadas después, el Altozano.



Saltaremos al año 1984 para visualizar unas imágenes históricas, la hermandad de San Isidoro saliendo pero no de la iglesia que le da nombre, sino desde la vieja capilla universitaria, la iglesia que huele a ojos verdes y ecos de Zarzuela o incluso de la Vega. Pero suena “Domus Aurea” de Jorge Gómez González en las puertas de la Anunciación para contemplar la salida de la cofradía, de Jesús caído en su magnífico paso, que como veo entonces también ocurría algo que a mí me ha pasado y es que cuando paso ante ti la imagen del Cristo de la Tres Caídas, la impresionante imagen del Cirineo te sobrecoge, así vemos el objetivo del Súper 8 acercarse más a la figura del genial Ruiz Gijón. Tras Él, la “Dama dorada”, la Virgen de Loreto en su inconfundible paso aunque es reseñable el exorno floral del mismo, con recargadas esquinas “trianeras” de derroche y abundancia floral, algo que hoy día no se concebiría en una hermandad de tan rancio abolengo.



Para terminar, aunque el montaje videográfico nos indique la calle Dueñas, a mí me parece más bien la calle de Santa Ángela de la Cruz, con el Convento del Espíritu Santo al fondo enmarcando el impresionante paso, obra completa del barroco de la Sagrada Mortaja, a los sones de “Sagrada Mortaja” del maestro Albero, y a destacar parece que entonces, Viernes Santo de 1980 la hermandad o no llevaba al muñidor vestido de servidor de librea o es que directamente no aparecía abriendo la cofradía esta figura hoy tan unida a la idiosincrasia de esta Virgen de marcados tintes macarenos en su perfil que abraza y amortaja al mejor de los nacidos, en el día trascendental de su muerte, el Viernes Santo, el que nos ha mostrado la cinta de Súper 8.

miércoles, 28 de mayo de 2014

SÚPER 8 COFRADIERO. MADRUGÁ

La que es llamada como la jornada de la Madrugá en Sevilla, nos muestra a todas sus hermandades en las grabaciones de Súper 8. La madre y maestra abre la oscura noche precisamente con unos planos tan oscuros, en el interior de la catedral, en la Madrugá de 1980, que apenas vislumbramos a Jesús Nazareno abrazando la cruz de carey una nueva Madrugá, como los siglos llevan contemplándolo. La imponente luz de una candelería nos muestra algo mejor las portentosas andas de plata de la Virgen de la Concepción. Hermandad del Silencio, roto por el órgano del Salvador interpretando una pieza del siglo XVII, “Todo el mundo en general” de Miguel del Cid y Francisco Correa de Arauxo.





En el mismo año, en el mismo lugar, casi idéntica panorámica, oscuridad que nos trae a Jesús del Gran Poder, el Señor de Sevilla y la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso ante el monumento de la Catedral. Una saeta de Mª de los Ángeles Yruela Rojas del año 1979 evoca el caminar de Dios por la ciudad y para los amantes del mundo de abajo, no se pierdan la voz en los años sesenta del mítico capataz Manolo Bejarano Rubio.



Cambiamos de la sobriedad a la algarabía, los siempre contrastes de la Madrugá. Nuevamente en la oscuridad, por la Catedral, con poca visibilidad debido a la calidad de aquellos videos caseros llega la hermandad de la Macarena, con ecos de cornetas y tambores antiguos tan característicos del misterio al que acompañan que aparece en una fugaz toma, el misterio de la Sentencia, incidiendo con más detenimiento en la centuria romana en el año 1980. Tras esto llega el palio de la Señora de Sevilla, de rotundísima actualidad en estos días, donde la voz de José Luis de Pablo Romero entona rezos de alabanza a la Esperanza Macarena, además destacaría el andar largo, casi comiendo calle. Viajamos al año siguiente para encontrarnos de vuelta a la más buena Moza de San Gil al son de una saeta de Marta Serrano y vuelvo a ahondar en el andar del paso, y sobre todo en el movimiento de palio, el cual recuerda más al actual compás de Antonio Santiago que al que tuvo en los ochenta y con Luis León, para aquellos tan nostálgicos de “la gracia perdida”, una muestra más de que quizás con los profesionales se andaba más parecido a como hoy en día se insufla, en lo referente explícitamente al movimiento de los palios.



El coro “Virgen de Presentación” entona las coplas que compusiera en 1928 Eduardo Torres Pérez en honor del Cristo que titula a la siguiente hermandad, contraste rancio entre barrios de la Madrugá, El Calvario. Nuevamente la sobriedad y la oscuridad de la Catedral no nos deja entrever mucho el sobrio paso del crucificado, mientras la luz de la candelería nos muestra el perfil, lleno de solera de la Virgen de la Presentación.



Ahora tocaría nuevamente la algarabía más patente de la Madrugá, cuando Triana planta su cruz en la Catedral en aquel 4 de abril de 1980, pero entre la oscuridad vislumbramos el dorado paso del Cristo de la Tres Caídas y la entrada con las primeras luces del día del paso palio de la Esperanza de Triana con la quizás primera grabación por parte de la Banda Municipal de Sevilla, de la marcha, que no se sabe si es fúnebre o solemne, que le dedicara Font de Anta a esta hermandad… “Soleá dame la mano”. Como con la otra Esperanza, viajamos al año siguiente para ver la cofradía a la luz ya de vuelta. Juan Bustos narra a la cofradía, por Pagés del Corro donde poderosamente nos llamará la atención el compás de la cuadrilla del Señor, nada que ver con lo que conocemos hoy día, que aun así también impactaba a los que antes los pasos se agolpaban.

 

Y para terminar la cofradía de los calés, nuevamente en la Catedral en 1980 y con las claras del día, de vuelta en la Madrugá de 1981. Lo más destacable y curioso ante las imágenes del paso del Señor de la Salud, es la disposición iconográfica del cuerpo del Señor, que durante unos años emuló la zancada del Mesino Cristo del Gran Poder. Un cuerpo que realizó Luis Álvarez Duarte para la primigenia imagen de Fernández-Andés y que él mismo, Duarte sustituyó por el actual, algo más erguido y elegante, sin duda, a mi parecer aquella postura no encajaban con esta imagen del Dios moreno de Sevilla. Pepe Valencia canta la saeta y el palio de la Virgen de las Angustias llega con un compás que hoy a muchos les sorprenderá, los tiempos donde no habían dos cuadrillas. La voz de su mítico capataz, Alberto Gallardo dedicando una de sus levantás más famosas, en honor de un muchacho que en silla de ruedas esperaba cada año la salida del palio gitano, de la Catedral, desbordando tal como él mismo explica, su sevillania… enmarcando el caminar de la Madre de los gitanos sevillanos.


lunes, 26 de mayo de 2014

50 ANIVERSARIO EN SAN JOSÉ OBRERO....

La parroquia de San José Obrero de Bailén ha editado una publicación, dentro de los actos y actividades que está realizando con motivo del L aniversario de la consagración de la segunda parroquia de la población. Una publicación que en principio iba a ser una especie de revista pero que ellos han terminado calificando de libro conmemorativo, la verdad yo lo sigo viendo como una revista donde una serie de artículos, de algunas de las firmas más cualificadas de la ciudad y alguna foránea más diversas memorias completan este recuerdo impreso de este especial año para esta comunidad, encabezada por el padre D. José Antonio Balboa. Ha destacar, sobre todo por la temática de este blog, un casi completo estudio artístico de todas las obras de arte con las que cuenta esta parroquia, desde el modernismo de la época e idea con que se concibió, hasta el neobarroquismo de los últimos años.
La verdad es que he decido nuevamente darle un hueco en esta mi casa a la Parroquia de San José Obrero, porque creo que es digno de quitarse el sombrero ante el buen hacer de esta parroquia, que contando con los recursos justos vuelve a dar lecciones de buen hacer al pueblo y sobre todo a las instituciones de la iglesia de la localidad, tanto parroquias como hermandades y Agrupación de Cofradías. La calidad del contenido más la calidad de presentación, montaje, papel, etc… me han hecho ver que aquí en Bailén, el tradicional Programa de Semana Santa podría dar de una vez paso a una publicación algo más trabajada en contenido y calidad, obviamente con el precio, para mi irrisorio de los 5€ que está cobrando la iglesia por esta publicación conmemorativa, pasando a ser gratuito el programita de bolsillo, al modo de los cuatro que se realizaron entre 1991-1995.

Así son las muchas publicaciones que en otros lugares se realizan y con este sistema, de una publicación conmemorativa de la festividad, el recurso de realizar un gran programa gratuito para todos los hermanos cofrades de la localidad, cada vez se sustenta menos, y con ello hay que pagar cada año una bajada de calidad. Nuevamente un ejemplo local, sin tener que comparar fuera, incluso el Programa de Fiestas ya era un ejemplo a seguir pero seguimos con la manía de pensar que eso no lo compraría nadie, simplemente es trabajárselo, como ha hecho San José Obrero. Les doy las gracias a don Antonio por la dedicatoria que me ha dedicado en el ejemplar y también el orgullo, de que en el futuro, las nuevas generaciones, cuando lo utilicen para recordar e investigar podrán ver mi presencia en algunas fotos de los pasados vía crucis como pertiguero de Señor de la Humildad y Misericordia.