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jueves, 11 de septiembre de 2014

PAZ... Y EN JAÉN MÁS RAMAS TIENE UN OLIVO.

La advocación de Paz para las imágenes de María Santísima, ya sea de gloria o dolorosas tiene su origen en dos hechos históricos. Primeramente, un 18 de diciembre del 645, traspasada la medianoche, recién concluido el IX Concilio de Toledo, San Ildefonso, entonces su arzobispo y evidentemente sin santificar, se dirigió hasta la catedral en compañía de algunos colaboradores para cantar los maitines, él, profundo devoto de la Madre de Dios. Al acceder se produjo en el altar un gran resplandor. Sus asistentes  huyeron aterrorizados, pero el continuó y vio a la mismísima Virgen que había descendido del cielo y estaba sentada en su cátedra episcopal. María le habló con dulces palabras a su fiel servidor y promotor de la fe en su inmaculada concepción, le entregó una casulla y desapareció. Por este particular beneficio, a su muerte, ocurrida el 23 de enero del 667, la iglesia de Toledo decretó que el 24 de enero se celebrara solemnemente en todo el arzobispado, el memorable descenso de la Virgen María a la Santa Iglesia Catedral.
San Ildefonso.
No obstante, la advocación de Nuestra Señora de la Paz le es impuesto a finales del siglo XI a raíz de la conquista de Toledo, ya que en el año 1085, Alfonso VI “El Bravo”, rey de Asturias y León, reconquistó la ciudad de Toledo tomada por los musulmanes, constituyendo una de las condiciones estipuladas en el tratado de paz, que el templo principal de la ciudad quedase para los moriscos como mezquita. Tras esto y poco tiempo después, el rey se ausentó de Toledo, dejando a su mujer, la reina Constanza como gobernadora de la plaza. Pero los cristianos consideraron indigno que, si nuevamente eran dueños de la ciudad, no lo fuesen de la iglesia metropolitana consagrada a la Virgen. En consecuencia fueron a presentar sus quejas ante el arzobispo Rodrigo y la reina Constanza quienes compartieron su horror de que la catedral sirviese para los cultos a Mahoma, y aprobaron sus peticiones…
Alentados por aquella tácita autorización, los cristianos trataron de apoderarse de la catedral con gente armada, sin tener en cuenta el compromiso del rey ni el peligro a que se exponían en aquella ciudad donde era mayor el número de infieles. Los moros, ante el ataque tomaron las armas y, juzgando que el rey quebrantaba el tratado, se lanzaron contra los cristianos para vengar la injuria. El combate se entabló frente a la catedral y no cesó hasta que la reina y el arzobispo se presentaron en campo de batalla para aclarar que el ataque se había lanzado sin saberlo el rey.
Enseguida, los moros enviaron embajadores al rey para anunciar el atentado, y el mismo volvió rápidamente a Toledo, con el firme propósito de hacer un escarmiento a la reina, el arzobispo y los cristianos por haber quebrantado su real palabra. Cuando lo cristianos de la ciudad tuvieron noticia del enojo del rey, salieron a su encuentro en procesión, encabezada por el arzobispo, la reina y su única hija. Pero ni las suplicas de aquellos personajes, ni los ruegos del pueblo para que los perdonase, atento al motivo que los animó al ataque y que no era otro que tributar culto al verdadero Dios en la iglesia de Toledo, consiguieron que el monarca accediese a faltar a su honor y a la palabra que había empeñado. Don Alfonso anunció a los solicitantes que la catedral quedaría en poder de los infieles, como lo había prometido, pero en ese momento se produjo un acontecimiento extraordinario, que todos tomaron como una señal que Dios había escuchado sus plegarias. Los moros consideraron el peligro a que se exponían si mantenían el culto a Mahoma en la iglesia principal de la ciudad cristiana y enviaron al encuentro del rey una comitiva de sus jefes. Los embajadores salieron de Toledo y, postrados ante el rey Alfonso, le suplicaron que perdonase a los cristianos y prometieron devolverle la catedral.
Grande fue el regocijo del rey y el de su pueblo, que vieron en aquella solución inesperada una obra de la Divina Providencia. El monarca ordenó, con el beneplácito del arzobispo y de todos los fieles que, el día siguiente, justo un 24 de enero, se tomase posesión de la catedral y se hiciese festividades especiales en honor de la Virgen María, a la que, por haber establecido la paz en la fecha de su fiesta, se la veneraría en adelante con el nombre de Nuestra Señora de la Paz, advocación esta que la Virgen a la que en las letanías la invoca como Reina de la Paz  (Regina Pacis).
Nace así un icono letífico, advocación sin duda que invita a la alegría y esplendor de las glorias. Pero como tantas veces ocurrió, María en sus misterios dolorosos tomó las advocaciones de las glorias. Por ello la Semana Santa se viste de la Paz que tanto le pedimos a Dios y a su Santa Madre. El próximo sábado, la Paz sevillana surcará las calles de su barrio y el parque de María Luisa. Ella es un caso más excepcional, porque normalmente esta advocación suele ser elegida por las hermandades que procesionan a los misterios de la Semana Santa que no suelen encuadrase en la pasión y muerte, obviamente María invita a la Paz tras resucitados, se viste luminosa y de blanco para seguir a Jesús en su entrada en Jerusalén o también para presentir lo que se avecina tras los cenáculos eucarísticos. Suelen portar en sus manos ramitos de olivo en metales nobles o la presencia cerca de ella de palomas en alusión a la paloma – en la gloria de los palios- que trajo en su pico el ramito de olivo que simbolizaba la reconciliación con Dios tras el diluvio universal y el arca de Noé...
Aunque hay iconos de dolorosas advocadas como Paz mucho más antiguas a la sevillana, sin duda, la Virgen del Porvenir fue en muchos casos la inspiración para un boom encuadrado en la época donde la Semana Santa hispalense conquistó definitivamente Andalucía, su canon era el ideal para en muchos casos presentarla desprovista de lágrimas, en ese canon de gloria del tipo dolorosa como también se ha extendido por todo el sur español. Por esta circunstancia hoy compartiré con ustedes las dolorosas o imágenes marianas que procesionan en la Semana Santa de mi tierra, la provincia de Jaén.

La más antigua data de 1970, por lo que pienso que la influencia de las dolorosas “Paz” influyeron para que la hermandad del Resucitado de Úbeda le encargase a unos de los discípulos locales de Palma Burgos, Bartolomé Alvarado Carrasco la talla de la imagen de la alegre Virgen en pino de Flandes, procesionado por primera vez en 1972, haciéndolo sobre un trono propulsado a ruedas, como se ha destilado durante décadas en Úbeda, siguiendo la línea estética que confirió Paco Palma a sus cofradías ubetenses, siendo su autor otro discípulo del malacitano; Ramón Cuadra.

La siguiente Paz en esta tierra donde abunda las ramitas de olivo llegaría hasta Torredonjimeno, igualmente para seguir en la exultante alegría de la Resurrección de su Hijo, salida de la gubia de Juan Ventura, en 1986 aunque en la actualidad se presenta bastante retocada en el año 2000 por Francisco Romero Zafra, paseándose en la mañana de resurrección toxiriana en un paso a los cánones sevillanos, pero sin costal si no me equivoco, porque hace años tuve la dicha de acompañar al paso de cristo con el Rosario de Linares.
Es Jaén tierra donde el arte del sevillano Manuel Hernández León tiene muchas de sus páginas escritas. En Baeza fue donde comenzó a extender su arte cuando la joven hermandad de la Santa Cena le encarga todas las imágenes que atesoran. Como queda dicho, en 1989 realiza la que es para mí una de las mejores imágenes de su producción, con la dolorosa que procesiona igualmente al canon hispalense, pero sin costal, llevada en la tarde del Domingo de Ramos por una cuadrilla femenina en un singular paso de palio con mesa – de la parihuela- y canasto.

En 1990 sería el año en que el portentoso misterio que gubiase el santanderino Víctor de los Ríos Campos para la ciudad de Linares, se vería seguido por un palio blanco donde se cobijaría la escuetas primeras lágrimas de la pasión en la Virgen de la Paz, que a su vez fue hasta entonces el último trabajo para la ciudad del ínclito sevillano Luis Álvarez Duarte, que llego de la mano del sacerdote José Antonio Balboa para sustituir la dolorosa del Rescate y se afianzaría con la realización de tres dolorosas más para la ciudad, amén de una nueva, para sustituir a la anterior que el mismo realizó y finalmente la talla del crucificado de la Buena Muerte… Ella, como es sagrado en Linares camina al compás del costal sevillano en el Domingo de Ramos.


Para seguir nuevamente el caminar de Jesús en su entrada en Jerusalén, viajamos hasta la capital del Santo Reino, Jaén,  donde la hermandad de la Borriquilla elije nuevamente esta advocación para la talla de su Virgen titular –aunque al parecer es debido, a que la misma se encargó por casualidad un 24 de enero…-, una de las mejores obras a mi parecer del sevillano Antonio Joaquín Dubé de Luque, la cual comenzó procesionado sobre un singular palio, de un color verde muy claro, al estilo de Jaén, sobre dos hombros, cambiándose posteriormente el palio a la malla, el andar al pasito corto como lo llaman allí, que en verdad es una imitación del sobre los pies sevillano, hasta que recientemente, con unos de los pasos más destacables de la ciudad, camina al compás del costalero, en esta vorágine que ha tomado Jaén impregnándose de las maneras sevillanas.

Al año siguiente, para el cercano pueblo de Torredelcampo, José Miguel Tirao Carpio realiza la Virgen de la Paz, igualmente para la cofradía del Resucitado, autor de toda la imaginería de la cofradía aunque supongo que últimamente la habrá retocado, porque la impronta de la misma se presenta más afín al quehacer actual que el que desarrollaba en aquellos años. La misma procesiona sobre un trono, portado por anderos desde el exterior.

Estas son las imágenes pasionistas de la Virgen María que procesionan en la Semana Santa giennense, o por lo menos de las que tengo constancia, tierra donde abunda las ramitas de la paz, las del olivo… que como dijo la canción, “mira si hay guerras en el mundo, más ramas tiene un olivo…” ojala fuese así, y la Virgen de la Paz nos insuflara los valores para que reinara la paz en el mundo…

martes, 9 de septiembre de 2014

EXTREMADURA DEVUELVE LA GLORIA EN SEVILLA

El tiempo de glorias volvió a florecer en Sevilla tras el tiempo estival o más bien tras el bajón que se paga en agosto donde la única procesión letífica la protagoniza su excelsa patrona. Cada 8 de septiembre, festividad de la natividad de la más pura y limpia de las nacidas, caiga como caiga y como forma más asidua, el laberinto de calles del Arenal o la zona de Molviedro vuelve a inundarse con el olor del incienso y la cera y el sabor de una banda de música. “Guadalupe” de Pantión sonaba en el barrio en la noche de ayer, a las puertas donde una dolorosa romántica mira al cielo desconsolada desde uno de los mejores azulejos cofradieros de la ciudad… San Buenaventura para recibir a una de las Guadalupes que viven en Sevilla. La marcha dedicada a la más sevillana, la dolorosa de la hermandad de la Aguas se alzaba para recibir a su hermana en advocación y que junto a la tercera viene a proclamar la sevillania con la que algunas hermandades filiales o reflejos de otras de fuera existen en Sevilla. Una es la de Úbeda aunque aún no ha conseguido o se ha planteado salir en procesión gloriosa anualmente y la otra, evidente si, viene a llenar a Sevilla del espíritu devocional más sensible de los extremeños.
La hermandad fundada en 1959 viene a ser el reflejo de lo más común en estas fundaciones… oriundos de Extremadura la fundan para tener cerca en Sevilla su más profundas raíces. Un gran imaginero, poco valorado sin duda porque no dejó su arte plasmado en una imagen pasionista de la Semana Santa por excelencia, Juan Abascal Fuentes realizó – en madera de encina, árbol emblema de Extremadura- la semi copia de la Virgen morena extremeña, la cual procesionó en el día de ayer completamente restaurada por el restaurador del momento sin duda, el sevillano Pedro Manzano. Y digo semi copia porque tenemos un nuevo ejemplo de trabajos que aunque parecen fieles a estilos remotos, en este caso románico, siempre llevan ese pellizco del arte de la línea temporal en que fue realizada, la esencia “neo” del siglo XX. Por ejemplo, la policromó con una policromía muy tostada, morena como diría los románticos capillitas por seguir la pátina del tiempo que atesoraba el icono primigenio de Guadalupe aunque revestidas por prendas nobles como ocurre con la gran mayoría de estos iconos marianos.
Icono Original.

La imagen sevillana tras su restauración.




Sevilla

Extremadura

Y como está en Sevilla, aunque los que hablan de ella en los estudios cofradieros digan que son hermandades muy sencillas, no sé cómo lo haces Sevilla, pero impregnas de tu magnificencia todo lo que huela a cofradía. Extremadura pero a los modos sevillanos, es decir, su paso se pasea portado por el estilo, no impuesto, sino el que nadie discute, porque es el que todo aman… los costaleros, a las órdenes de José Manuel Rechi García. Sobre un coqueto paso, tallado y dorado, con candelabros de guardabrisas, salido de los talleres del gran Bejarano, los extremeños en Sevilla y los que no pueden contemplar como su devoción más universal se mueve al compás de la gracia, con marchas cofradieras, llenando estos rincones embrujadores en la noche de septiembre, incluso estacionando a la capilla del Despojado en Molviedro, volviendo, siempre volviendo a levantar los repelucos de esta gloria, que parece una segunda Semana Santa, que nos hace sobrellevar y también disfrutar de la otra vertiente de la religiosidad popular, aunque sea la gran semana la que disloca a los cofrades y capillitas, allá por San Buenaventura, su compañera, la Soledad es para ellos como una hermana mayor que en todo les han ayudado, la clave del existo para la glorias, impregnarse de la magnificencia de las penitenciales.


Encuentra más fotos como esta en Cofrades
Extremadura llenando Sevilla en la noche de septiembre, aunque cuentan las viejas leyendas románticas que el icono primigenio tiene su pellizco y alma sevillana, siendo el legendario San Leandro quien la recibió como regalo del pontífice San Gregorio Magno. Ciento catorce años dicen que esta veneradísima advocación fue sevillana hasta que los musulmanes expulsaran a los cristianos visigodos, cuando un 14 de marzo de 714 huyeron con las sagradas reliquias que poseían, los cuerpos de los hermanos San Fulgencio y Santa Florentina y la imagen que acabó asentándose en tierras extremeñas, en la zona que los árabes llamaron “Guadalupe” o “Rio de lobos”, siendo hoy una de las grandes devociones de España y teniendo su reflejo en la sevillana iglesia de San Buenaventura, donde a muchos solo les suena a la “Soledad Franciscana” del maestro Abel Moreno y su entorno a un cegador sol en la tarde del Viernes Santo…

domingo, 7 de septiembre de 2014

SALE LA PAZ...

El motivo fue digno hasta de figurar en el cartel de los cárteles, en el anuncio de los anuncios, el que trae la Effetá allá por el Porvenir en el Domingo de Ramos… siempre en el domingo más esperado. Es motivo más que justificado porque quiso Dios y su Madre Bendita que el pistoletazo de la gracia tuviese la luz y el color que allá por el barrio de la plaza de España se dibuja siempre en ese medio día tan esperado. La Semana de Dios empieza con blanco e hilos de plata, de una mini catedral embutida en un paso de palio, gótico que eleva la grandeza de la más limpia y pura, ésta Reina sin duda, el mejor ejemplo ante la vista de este dogma.
Arco de medio punto del ladrillo regionalista, casonas que parecen que estuvieron ahí desde los tiempos donde el noble era casi un dios y el pobre lo más inmundo de este mundo. Ecos de disparos, explosiones, de sin razón y rencor trajeron la única Paz que esta España de dos colores medio entiende… y a veces ni eso. Todo es luminosidad cuando la bambalina que no quisieron cubrir de lágrimas de flores acaricia el dintel y un ejército de legionarios encorvan sus cuerpos para llevar una Paz a Sevilla, una paz al mundo que parece que nunca va a llegar por más que saquemos a la Virgen a las calles.
El momento tiene hasta su voz, una voz que se denomina “Santiago”, antaño del más romántico capataz que seguramente la imaginaba con esa blancura, sin ninguna pena sentada a la sombra del monumento de Bécquer en el parque tomando el sol de la primavera, recogiendo flores para aromar su bendita presencia, Ella que fue la jardinera bendita que le paró los pies a un “mandón” San Pedro que necesitaba de un capataz bonachón para poder igualar en las cuadrillas de la gloria. Al final, Dios lo fichó para su cofradía, aunque no sabemos si al final el pescador de hombres entró en las trabajaderas del paraíso. La saga continua, y su hijo es el encargado de llenar a Sevilla, aunque solo por muy pocas horas de la luz radiante de la Virgen que abre la Semana Santa.
Un inicio donde el calor se olvida con la tensión producida entre las perillas de los varales y el dintel de la puerta. El silencio esperado de todo un año hace acto de presencia, las fosas nasales absorben el incienso a tal cantidad que pareciese que se llevaba esperando su llegada durante toda una eternidad. Solo se  escucha una voz y una especie como de angustia se anuda a todas las gargantas mientras ven salir un trocito de cielo bordado en plata y bajo él a la Madre de Dios llena de Paz, de blanca pureza, siempre llorando porque la presumible alegría del momento duraría lo mismo que tardase su Hijo de la Victoria en sentir el peso de todas nuestras faltas sobre su hombro derecho.
Cuando Santiago pide los cuerpos arriba la alegría de los presentes y de los que en cualquier punto de la ciudad saben del prodigio es seguramente imposible de narrarla, el punto geográfico del barrio toma su belleza más absoluta, porque un paso palio embellece hasta un descampado o un desierto. Se alza el himno que solo suena para los reyes en España y el de Lopera toma la batuta imaginaria… es curioso, uno de Lopera, don Pedro Morales abre el magnetismo musical de la Semana Santa, el que vino a endulzar con mucha categoría la marcha procesional, siendo militar, le desprendió algo los estigmas de la música que lo creó todo. Suena “Virgen de la Paz”, alegría casi letífica para la blancura goticista, es curioso, un estilo que pareciese realizado tan solo para lo sobrio, calzando tan genialmente con la alegría de la hermandad del Porvenir.
El camino es largo, y sin que se dé cuenta María ya va camino de Sevilla, deseosa de extasiarse con su parque y la monumentalidad de don Aníbal, contenta de ver a tantas y tantas caras que la visitan durante todo el año, que pareciese que les quiere decir, “ya he podido ahora salir Yo a vuestro encuentro”… así, con los compases de su marcha se va diluyendo en la distancia el momento más esperado, el que se pintó hasta en un cartel, que como todo es siempre efímero… así es la salida de la Paz cada Domingo de Ramos, hoy, en pleno septiembre con la llegada del día de los días aún muy lejano, pero setenta y cinco años de amor a su bendita faz son motivo suficiente para que todo esto, parezca que se va a revivir el próximo sábado, en el Porvenir será nuevamente Domingo de Ramos, con la tensión de la espera para que la Paz vuelva a llenar de blanco y plata las calles de Sevilla… así, podríamos decir que ya comienza el primer pellizco tras el tiempo de la playa, la primera cuenta atrás para lo que tiene que llegar cuando florece en el parque la primavera…

jueves, 4 de septiembre de 2014

ORTEGA BRU EN LINARES...

Desde que en 1995 a través de este video, este y este me maravillase de los grafismos inconfundibles de las obras de imaginería del inimitable Luis Ortega Bru, no ha cesado en mi la pasión por extasiarme ante todas sus imágenes ya sea en persona ante ellas, en la intimidad de sus capillas, en el bullicio de la calle cuando sus Cristos y sus Vírgenes salen a catequizar y más que nada, a ablandar corazones o también a través de la fotografía, ya que es lógico que es inabarcable poder conocer todo su patrimonio. Dos años después, a través de las páginas del Diario Jaén con motivo de la celebración del primer vía crucis de las cofradías de Linares, es decir, el organizado por la agrupación de cofradías me volvía a asombrar y a sorprender al conocer que mi vecina localidad contaba con una muestra del portentoso arte del de San Roque.
Quizás muchos lo habrán notado que lejos de ser un simple capillita de lo más rancio, también suelo ser un poco “progresista” a la hora de maravillarme con imaginería que no pertenezca tan solo a los siglos de oro de este arte, sobre todo del XVII. La primera vez que vi por video el apostolado de la Cena, misterio de Santa Marta o el dúo del Soberano Poder ante Caifás, sentí un pellizco en mi alma ante el asombro que me produjo el especial e inconfundible sello imaginero de Ortega Bru. Muchos lo consideran el mejor imaginero del siglo XX, yo obviamente no lo voy a discutir, pero en realidad que esto se trata de un análisis puramente asentado en postulados artísticos, para muchos capillitas no fue gran cosa, porque sin duda que fue él; el mayor innovador de las formas barrocas andaluzas en la imaginería del pasado siglo.
Por esta escueta razón, porque podría estar horas hablando de lo que me transmite la obra de Bru, es por lo que el Cristo de la Columna de Linares es uno de mis Cristos predilectos de la vieja ciudad con sabor a mina. Indudablemente, que cuando piso la sede canónica de su hermandad, Santa María, donde vive, es la imagen que siempre atrae mi mayor atención ante el gran elenco de imágenes y estilos dispares que llenan de la catequesis plástica el templo mayor de la ciudad. Es curioso, aquel primer vía crucis que organizaba la Agrupación de Cofradías, con el modelo sevillano de que cada año lo protagonizaría un titular diferente de las cofradías de la ciudad –tristemente con poca continuidad-, fue impulsado por el entonces consiliario o capellán de la misma, don José Antonio Balboa.
Balboa dejaba Sevilla y se asentaba en su tierra natal y dentro de lo que pudo, quiso traer a Linares esos pequeños grandes detalles que forman las cofradías sevillanas para las de su pueblo. Aunque en Linares, bastante años antes, cuando él estaba en tierras hispalenses, el legado sevillano ya llegó de la mano del Prendimiento. En la vorágine cofradiera que levantó la hermandad de San Agustín, surge o renace la cofradía que devolvería el trágico proceso de la flagelación a la ciudad. Aunque años antes, en el torbellino artístico que supuso la llegada de Víctor de los Ríos a Linares, el mismo llegó a realizar un boceto con la idea de que se fundara o reorganizarse esta cofradía que llevaba dormida desde los tiempos convulsos de la Guerra Civil.
Victor de los Rios

Álvarez Duarte.

Antes de continuar narrado esta historia me gustaría destacar que todo lo que estoy escribiendo proviene de diferentes artículos de revistas o libros en torno a la Semana Santa de Linares, no hay ni un detalle que me hayan podido contar, si algo no es cierto según el criterio de alguno, que me perdone, que no sería la primera vez que de Linares se me vienen desgarrando las vestiduras con alguno de los datos que aporto.
Esta cofradía al parecer fue el resultado de una desegregación o formación en escuadra en la noches de los tiempos de unos hermanos de la Vera Cruz para la manutención del culto al primitivo Cristo amarrado a la columna de la ciudad, circunstancia histórica que pasaría igualmente en mi pueblo, en Bailén con la conformación de cofradías a partir de escuadras de la Santa Vera Cruz. Un grupo de cofrades la refundan sumergidos en el nuevo boom cofradiero de los ochenta y para la ejecución de sus titulares deciden contactar en Sevilla con don Antonio Balboa para que los asesore como en más de una ocasión he apuntado en estas páginas sobre los conocimientos cofradieros y artísticos de los que se nutre en la capital de Andalucía. Sin duda que sus consejos van unidos a la línea temporal que se respiraba en Sevilla y los guía hasta los artistas que realizarían sus imágenes, siendo Luis Álvarez Duarte el imaginero mariano de moda el autor de la Virgen de la Amargura, advocación que no me extrañaría que aconsejase el sacerdote linarense, tan unido también a la hermandad de la Amargura de Sevilla. El primer gubiazo en el taller de Duarte lo dio el mismo Balboa tras celebrar una misa el mismo en la capilla de la Señora a la que portó con su costal cada Lunes Santo, la Virgen de las Aguas en la capilla del Museo. Pero para el Señor se fue, para mi acertadamente, al genio que terminó con encumbrase en los años que Balboa estuvo en Sevilla con la realización a cargo de Ortega Bru del Soberano Poder de San Gonzalo y el sumo pontífice José Caifás.


Manzanares.
El cura costalero señala que el imaginero ideal para un Cristo atormentado seria el genio nacido en San Roque, en su última etapa sevillana y de su vida. Y así obraron aquellos hermanos; Antonio García Cabrera, Mariano Hernández Moreno y Alfonso Mota Pérez encargándole al ilustre imaginero la imagen de Ntro. Padre Jesús de la Columna de Linares, un 4 de julio de 1981 se daba el pistoletazo de salida para la creación del único “Ortega Bru” de la provincia de Jaén. No sabría decir si optaron por Ortega Bru al conocer que diez años antes realizó el mismo pasaje evangélico para la ciudad de Manzanares, donde procesiona un sobrecogedor cristo flagelado por dos sayones netamente embutidos en el estilo del maestro que causo más polémica en tierras andaluzas y sobre todo en Sevilla, donde no se le “consintió” desarrollar este tipo de conceptos. Seguramente el Cristo para Linares le seria encargado siguiendo similares dictámenes de los que recibió con la imagen del Soberano Poder, la cual tuvo que retocar en más de una ocasión hasta alcanzar esa gracia sevillana que tanto demanda la ciudad de Sevilla.




Seguramente como el Cristo de Manzanares pero más dulcificado llenaría hoy de gozo al ámbito cofradiero de la ciudad que sabe valorar estas circunstancias, pero el maestro fue llamado demasiado pronto ante ese Jesús que tantas veces plasmó en su mente y con su corazón en la madera. Fue ésta una de las obras inconclusas a la hora de morir Ortega Bru, razón por lo que esta hermandad entra en la “disputa” con otras que se encontraron en similares circunstancias para poder aclarar cuál es la obra póstuma de Ortega Bru.
El imaginero modela un Cristo sobrecogedor y comienza su talla dejando a Dios gracias acabado quizás lo más importante como es la cabeza y algunas partes como los brazos y las piernas. La hermandad del Jueves Santo se encuentra con la realización de su imagen titular paralizada, sin saber que destino le depararía, mientras Álvarez Duarte se lleva lo realizado por Bru a su taller afirmando que su tocayo y colega de profesión le dijo que solo él podría acabar su obra, aunque sus estilos y calidades eran abismalmente opuestas…















Como comenté, según los libros y supongo que publicaciones realizadas a través de la hermandad, definen que la imagen la terminaría un joven discípulo suyo llamado Juan Ventura. Juan Antonio González García es el verdadero nombre de este imaginero, que gracias a una entrevistarealizada al mismo por el portal “La Hornacina” podemos conocer algo mejor aquellos avatares según su palabra. Lo cierto es que Ventura no era discípulo de Ortega Bru, sino de Francisco Buiza, él simplemente fue el elegido por la hermandad para concluir los trabajos paralizados tras llegar hasta él a través del orfebre Manuel de los Ríos que por aquel entonces ya estaría fabricando los respiraderos que completarían los pasos de la hermandad. El mismo finaliza el proyecto tallándole el cuerpo, siguiendo el modelo de Ortega Bru, ensambla todas las partes y finalmente lo policroma, con una carnación que no tiene que ver nada con las de Bru, con un patente brillo que hoy, treinta años después sigue muy patente. Consigue que la viuda de Ortega Bru cobre lo hecho hasta la fecha por su marido además de su trabajo obviamente.
Por esta razón el Cristo de la Columna de Linares tiene un sello diferente en la obra de Ortega Bru, donde sin duda se palpa en lo tallado por Bru la genialidad de su gubia ensamblándose con un nuevo cuerpo que seguía la especial anatomía que insuflaba a sus Cristos, quizás algo exagerada par lo que era su canon –basta comparar con el cuerpo de Manzanares-, algo lógico cuando el que talla no es el ideólogo de la imagen, dotando al Señor de un cuerpo más cercano al culturismo masculino de los gimnasios –quizás basándose en el Cristo de Santa Marta- que de los realistas cuerpos de Luis Ortega Bru, razón por lo cual, el populacho acabó llamándolo, seguramente poco acertadamente como el “Rambo”, protagonista de la popular saga de películas de acción protagonizadas por Sylvester Stallone que causaron autentico furor en aquella década.
Redención de Jerez.
Sin duda que Linares recibió un gran cachito de Ortega Bru, una imagen portentosa, aunque la pena es que nos queda la duda de cómo hubiese sido si la hubiese acabado completamente Ortega Bru, incluso parece que este trabajo causó una especie de continuidad artística en la experiencia vivida por Juan Ventura a la hora de realizar su Cristo de la Redención de Jerez de la Frontera, en 1984, aunque personalmente se palpa una gran diferencia en el acabado de la talla entre el busto de Linares y el de Jerez, además de esas brillantes policromías.









La imagen desde entonces viene impactando a la ciudad cada Jueves Santo, sin duda es una de las grandes obras creadas en los últimos treinta años para la vieja Cástulo, que menos si el alma se la divide con el genio de Bru, primeramente sobre un paso que podríamos considerar como parihuela y respiraderos de palio donde se alzaba sobre un majestuoso monte de clavel rojo he iluminado por cuatro hachones en las esquinas, así lo conocí en la calle un Jueves Santo de 2000, posteriormente la hermandad se embarcaría en un nuevo paso, aún en proceso de ejecución de los hermanos Caballero, quizás tomando como inspiración a las Cigarreras de Sevilla, incluso algunos años caminó al compás de cornetas y tambores, un proyecto que tristemente no fructificó y que podría haber creado uno de los caminares más impresionantes de la ciudad, si el mismo también hubiese optado por el caminar de frente en lugar de los cambios. Ese paso trajo el inicio del misterio, de los sayones y verdugos flagelantes, también aun inacabado donde a día de hoy solo figuran las dos imágenes que gubiase Jaime Babío, seguramente inspirándose en los de Manzanares para que el conjunto calzase con los singulares grafismos del eterno siempre, Luis Ortega Bru.