Tras las muchas peticiones, sin esperar a una crónica por mi parte y la edición del video, comparto con todos ustedes el texto del Pregón de la Semana Santa de Bailén 2015 que me honró pregonar, en pdf para que puedan leerlo, imprimirlo, lo que deseen aunque pienso que el texto es para escucharlo por ello aún hay que esperar la edición y la subida a la red. Espero que les guste y lo disfruten.
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martes, 24 de marzo de 2015
viernes, 20 de marzo de 2015
TAN BELLA Y LOZANA...
Estamos a punto de acariciar la gloria, pero hoy creo que tengo que darle hueco al tiempo de gloria que se abrirá con la resurrección, y es que antes de que Dios levante un nuevo año la cruz, ha vuelto a sentarse sobre la bendita mano de su madre hecho un chiquillo y se ha puesto a coger frutas de su bendito frutero. Y es que la Virgen de Zocueca, la Patrona de Bailén, ha vuelto resplandeciente de su restauración. El restaurador Antonio Custodio López ha sido el profesional que ha trabajo sobre la Madre de todos los bailenenses, en concreto de la imagen que recibe culto en la iglesia de la Encarnación, la que preside la gran mayoría de los cultos en su honor a excepción de la romería y que gubiase en el año 1954 en Madrid, José María Alcácer Guzmán. Dar la enhorabuena a la Archicofradía por el camino tomado, acudiendo a donde se debe de acudir en este tipo de trabajos, que consiste en arreglar y mantener, recuperando el esplendor primigenio que su autor le confirió hace sesenta y uno años, porque para esto están los especialistas en restauración, los que normalmente se centran en respetar el original, sanándole sus deterioros.
Antonio Custodio es natural de Andújar, donde se ha realizado la intervención justamente en la misma ciudad que la última sobre la Virgen de Zocueca, hace veinte años por José Luis Ojeda Navío. Licenciado en Bellas Artes, especialidad de Conservación y Restauración de Obras de Arte por la Universidad de Sevilla. Ha colaborado para diversas empresas del sector, hermandades, particulares; así como organismos públicos y privados como Fundación Casa Ducal de Medinaceli, Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Delegación de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía e Instituto Andaluz de Patrimonio (IAPH). En su trayectoria profesional ha realizado intervenciones para diferentes puntos de España (Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha) destacando obras de los grandes maestros como Pedro Roldán, Juan de Mesa, Pedro de Mena, José Montes de Oca, Cornelio Schut, Gaspar de Crayer o Domingo Sánchez Mesa. Actualmente colabora con el IAPH en el proyecto de conservación y restauración de la Capilla del Santo Cristo de la Salud de Málaga. Ha intervenido imágenes de gran devoción en su aun corta vida profesional en el ámbito jiennense como el Cristo de Chircales o la Virgen de la Alharilla o una pila bautismal de los pocos ejemplos mudéjares que existen en esta provincia, en concreto en Torres lo que nos advierte la mano del párroco Don Manuel Sánchez en el asesoramiento. En Sevilla colaboró en la restauración de la Virgen del Valle de la homónima cofradía del Jueves Santo hispalense.
Extraídos de su web, podemos leer el proceso realizado sobre la imagen de la Virgen de Zocueca:
“Previamente a esta intervención y con el objetivo de conocer su realidad técnica y material se llevaron a cabo distintos estudios de carácter científico como radiografías, análisis con lupa binocular, observación con luz natural y ultravioleta y análisis de algunas muestras polícromas. El estado de conservación reflejaba ciertos deterioros sobre todo a nivel de policromía: levantamientos y pérdidas de estrato, desgastes, suciedad y repintes de purpurina alterados en la peana entre otros restos ajenos a la propia imagen. En relación al soporte tan sólo se advirtieron grietas estructurales en algunas zonas, así como el cambio de posición de una de las borlas. Para asegurar los diversos estratos polícromos y facilitar los tratamientos posteriores se llevó a cabo la fijación de la policromía con cola orgánica hidratada. La limpieza se limitó a eliminar el polvo, la grasa y ciertos repintes alterados en la peana que fueron aplicados por un aficionado. Las grietas que afectaban al soporte fueron consolidadas y la borla reinsertada buscando su posición original con una nueva espiga. Los tratamientos finalizaron con la reintegración de la policromía en las zonas pérdidas y la colocación de nuevos sistemas de sujeción para la corona y la media luna”.
Las comparativas nos hablan de la fiabilidad de su trabajo, fotografías que a algunos les podría chocar, aunque en esta imagen hay poco que esconder, pero que evidentemente nos muestra la realidad y la verdad de los trabajos, sobre todo en temas de limpieza, instantáneas que hay que ver desde una óptica artística despojándonos en lo máximo de lo posible de la divinidad que desprenden, motivo para lo que son creadas. Así tenemos todo el lujo de ver la veracidad de los procedimientos y también aprender un poco más sobre estos menesteres, así no tendríamos que escuchar barbaridades como las que aún se siguen vertiendo en este mundo, como por ejemplo, que la imagen de nuestro San Dimas fue cambiada por una nueva.
Igualmente ya aprovecho para felicitar a la Archicofradía por su gestiones con similares connotaciones conservadoras de su patrimonio, más si cabe si se trata de una pieza de profundo calado histórico como es el manto rojo que le regaló la Reina Isabel II, una pieza que tal vez se pudo elaborar en la Real Fábrica de Tapices y que se encuentra en manos del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) en Sevilla donde se está llevando a cabo el diagnóstico de los daños, así como las medidas de conservación, lo que entiendo que puede ser el instituto el que acometa su restauración, allí donde han pasado de los mejores ejemplos artísticos más importantes de la historia de Andalucía.
Y a Ella que ha vuelto tan bella y lozana, sabe que me encomiendo para que me guíe en mis misiones más verdaderas como lo que es…. Capitana y Generala y me guíe con su bastón perpetuo en el pregón y en la vida, porque en el fondo de su mirada es donde más encuentro mis raíces.
jueves, 19 de marzo de 2015
¿A QUIEN BUSCAS EN EL CIELO?
Es inevitable que estés en mi mente en estos días que quedan. Ya fui a tu encuentro, sé que voy poco pero sabes que no tengo que explicártelo. Pero Tú y yo sabemos que no te he borrado de mi corazón, ¿esas cosas se pueden borrar? Yo por lo menos no lo quiero, ni me hace falta. Gracias a tu Padre sigues ahí, sigues recibiendo y sigues saliendo al encuentro de los que no saben visitarte, gracias a Dios noto que no me necesitas para ello, pero sé que me entiendes, que no me reprochas nada, siempre te alegras cuando nos vemos, aunque sea en la vacía habitación donde ya solo reinas Tú en un plano retrato de quien te enmarcó como su mayor símbolo en la tierra de lo que es del cielo. Quizás él era el que más te quiso y por eso lo igualaste en tu cuadrilla de ángeles costaleros. Yo sé porque miras tanto al cielo, sé que te hubiese gustado bajar la mirada y guiñarme el ojo, darme tranquilidad, darme sosiego y decirme que si algo falla Tú tomarás el mando. Sé que lo dejarás bajar para que me acompañe, que por un momento dejaras de buscarlo allí en tu reino, que aguantarás y lo dejarás que se aposte a mi lado, a él no le hará falta asiento, nadie podrá verlo, aunque seguro que habrá momentos en que las lágrimas nos dirán que está allí…
Cuanto tiempo ha pasado ya Mostrenco… Tú que eres el Dios de mi cuna, Tú que eras como ese familiar que estaba siempre ahí, el que nos emocionabas cuando te alzabas sobre tu joyero del maestro Roncero. ¿Recuerdas aquella noche que me subí con el Calvario a tu morada mientras Tú esperabas a Juan y a Maria Dolores? Recuerdas mi mirada entusiasmada cuando te abrías entre las tinieblas, con paso ligero de quien fueron tus mejores costaleros subiendo la calle que llaman como nuestro escudo, el que fue tu trono del martirio. Cuanta alegría y emoción despertaste en mi alma. Sabes que después no te reprochamos nada, algún enfadillo, pero poca cosa, sabes que cuando escuché aquella letra que decía… “al encuentro voy con el Dios de la vida” rompí a llorar, porque siendo un niño, sin saberlo ya entendía que quien cree en Ti, aunque muera, vivirá para siempre. Fuiste la esperanza de nuestras almas, sigues siéndola aunque ya te haya puesto un montón de caras, pero yo sé que es la tuya la que contempla tu costalero más bailenero, allá en cada eterno amanecer de tu reino. Llegará y pasará, y tu seguirás quedando… te hubiese escrito un pregón entero para ti solo, pero hay que repartir, ya sabes cómo funciona esto… hay que ver como lo dispones todo, quien me lo diría hace tantos años cuando… ¿con cuál de los cientos fogonazos de nuestra historia me quedaría? Con cuál de ellos para pensar como me tocaría hablarle a los demás de ti y de tu santa semana… lo demás seguirá quedando como desde hace tantos años, entre Tú y yo… porque yo sé a quién buscas en el cielo.
Cuanto tiempo ha pasado ya Mostrenco… Tú que eres el Dios de mi cuna, Tú que eras como ese familiar que estaba siempre ahí, el que nos emocionabas cuando te alzabas sobre tu joyero del maestro Roncero. ¿Recuerdas aquella noche que me subí con el Calvario a tu morada mientras Tú esperabas a Juan y a Maria Dolores? Recuerdas mi mirada entusiasmada cuando te abrías entre las tinieblas, con paso ligero de quien fueron tus mejores costaleros subiendo la calle que llaman como nuestro escudo, el que fue tu trono del martirio. Cuanta alegría y emoción despertaste en mi alma. Sabes que después no te reprochamos nada, algún enfadillo, pero poca cosa, sabes que cuando escuché aquella letra que decía… “al encuentro voy con el Dios de la vida” rompí a llorar, porque siendo un niño, sin saberlo ya entendía que quien cree en Ti, aunque muera, vivirá para siempre. Fuiste la esperanza de nuestras almas, sigues siéndola aunque ya te haya puesto un montón de caras, pero yo sé que es la tuya la que contempla tu costalero más bailenero, allá en cada eterno amanecer de tu reino. Llegará y pasará, y tu seguirás quedando… te hubiese escrito un pregón entero para ti solo, pero hay que repartir, ya sabes cómo funciona esto… hay que ver como lo dispones todo, quien me lo diría hace tantos años cuando… ¿con cuál de los cientos fogonazos de nuestra historia me quedaría? Con cuál de ellos para pensar como me tocaría hablarle a los demás de ti y de tu santa semana… lo demás seguirá quedando como desde hace tantos años, entre Tú y yo… porque yo sé a quién buscas en el cielo.
martes, 17 de marzo de 2015
EL GRAN PODER EN LA VIDA DE ILLANES.
Tiene la inmensa fortuna la provincia de Jaén por contar en su catálogo artístico-religioso con una de las más portentosas obras que el siglo XX legó a las tierras del Santo Reino y más en concreto en la ciudad de Andújar. Siglo marcado por la destrucción iconoclasta del mucho material artístico creado durante siglos al servicio de la fe, no sería en esta ocasión el motivo para que uno de aquellos imagineros activos de posguerra, el umbreteño Antonio Illanes Rodríguez, gubiase la imagen que rinde culto en la iglesia de San Miguel, la cofradía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Extraña circunstancia en el campo artístico que ocupó el artista sevillano, ya que la escuela sevillana no asomó hasta entonces en demasía por el oriente andaluz, siendo de las primeras incursiones de los artistas hispalenses por Jaén. Un artista como tantos otros que reconvirtió su ideario artístico, más afín al movimiento contemporáneo al que vivió en su época –incentivado a la creación imaginera por su amigo Antonio Castillo Lastrucci-, llevado por la necesidad de reconstruir lo que la Guerra Civil se había llevado, aunque anteriormente a la contienda bélica ya había realizado el crucificado de la Lanzada (1929) de Sevilla, dejando en nuestra tierra otra muestra de su arte con la reconstrucción de la Virgen del Castillo (1939), patrona de la localidad de Vilches.
Una de las facetas personales del artista fue la profunda veneración que sintió por la imagen hispalense de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, la cual conoció hasta el último rincón de sus detalles, ya que tuvo el privilegio de poder estudiar la talla, algo inusual que nadie, dicen, no ha vuelto a repetir. El año 1950 iba a ser un año crucial en la vida de Illanes junto a la advocación que surge de la Epifanía donde el Hijo de Dios manifestó por vez primera su Gran Poder. En aquel año realizaría dos nazarenos que siguen la advocación del Nazareno Mesino de la plaza de San Lorenzo, uno para Andújar y otro para Tacna (Perú). La imagen sudamericana, pedazo de continente donde por cierto desde el siglo XVII se le viene rindiendo culto a esta devoción surgida en Sevilla se trata de una de las más conseguidas copias de la imagen sevillana y a su vez de las más desconocidas obras de Antonio Illanes. El motivo para tan genial obra se debe a dos versiones. Una cuenta que Illanes compartían una gran amistad con el hijo del hermano mayor de entonces y este le permitía entrar de noche, cuando todos dormían en San Lorenzo, extasiado por la genialidad de sus grafismos artísticos y examinaba la imagen palmo a palmo, incluso se apunta que esto fue debido a una restauración que no está contrastada a cargo de nuestro protagonista, solo en las imágenes de la dolorosa y San Juan Evangelista.
La otra, nos habla de que la imagen fue un encargo del Excmo. Sr. Obispo de Tacna, en aquel entonces Mons. Carlos Alberto Arce Masías, primer Obispo de la Diócesis tacneña, con ocasión del Año Santo, tratando de enriquecer el patrimonio religioso de su Iglesia Catedral próxima a inaugurarse. Por esta razón, Antonio Illanes, según esta versión fue elegido por su amigo el doctor José Morón, hermano mayor entonces, para que realizara la copia exacta mediante sacado de puntos y moldes, para lo cual tuvo acceso directo a la imagen original gracias a la intervención previa del Gobierno del estado franquista, que hizo que la propietaria de la imagen, la Hermandad sevillana, permitiera que el artista acudiera cada noche a estudiar y trabajar sobre la efigie que Juan de Mesa elaborase en 1620. Fruto de aquel trabajo fue la talla que se expuso durante tres días en la casa de la Hermandad y que después se viajó a Tacna llegando en el año de 1954, coincidiendo con la inauguración de la Catedral. Para esto se contó con el apoyo del Excmo. Señor Embajador de España en Lima, doctor Tomas Suñer Ferrer, quien asumió la mitad del costo de la hechura de la imagen, y la otra mitad lo hizo el Excmo. Mons. Carlos Alberto Arce Masías mientras que el Gobierno del General Francisco Franco costeó su conducción al Perú. La Hermandad del Gran Poder de Sevilla obsequió la túnica, las potencias y los casquetes de plata.
Cuentan los descendientes de Illanes con un interesante álbum fotográfico donde aparecen varias fotografías sobre el proceso de ejecución de la copia del Gran Poder para Perú, donde podemos intuir el gran parentesco con la imagen sevillana tal como estaba en aquel periodo, defiriendo sin duda al aspecto actual tras la última restauración donde la limpieza de la pátina del tiempo nos mostró un “nuevo” rostro del Gran Poder. Resulta curioso que Illanes, en el mismo año realizase una talla del Gran Poder que serviría para suplir la ausencia en la distancia, de una familia devota del Cristo sevillano en Andújar y tras haber estudiado al icono primigenio apostara por insuflar su impronta y estética artística más personal, aunque dotando magistralmente a la imagen andujareña del “alma” del Cristo de Juan de Mesa. El giro de cabeza, las proporciones faciales y sobre todo el dibujo en el peinado de cabellera y barba, amén de la inconfundible corona de espinas serpenteante, fueron plasmadas en la hechura del Gran Poder de Andújar, obviando detalles como la espina que atraviesa la ceja izquierda de la que cuentan los eruditos podría tratarse de una especie de firma del cordobés en sus imágenes tras la coronación de espinas, quizás motivado por una posible veneración a la Reliquia de la Santa Espina que se veneraba en la iglesia y collación donde descansa el sueño eterno y a su vez tenía su obrador, San Martín. Por ello se apunta a su parentesco con otros Cristos del imaginero de Umbrete, sobre todo con sus Nazarenos de las Penas de Sevilla –hermandad de San Roque- o el Nazareno de Ciudad Real, pero con la particularidad de llevar sobre si, como apunté, el “alma” del devoto Cristo del Gran Poder. Particularidades que igualmente se diferencian en la ejecución de manos y pies, en la disposición de los brazos para agarrar la cruz, la inclinación del cuerpo, algo más erguido, de más compostura y solemnidad, sin alcanzar el desgarrado caminar que se acentúa en la larga zancada que hace tan particular al Cristo hispalense, siendo la del Cristo iliturgitano algo más corta, más cercana quizás a la del otro gran Nazareno de la capital de Andalucía salido de las manos del maestro, Juan Martínez Montañés, el Señor de Pasión de la homónima cofradía establecida en la Colegiata del Divino Salvador.
Anecdóticamente, la esposa e incluso modelo de dolorosas de Antonio Illanes, Isabel Salcedo, donó los bocetos al entonces presidente del Real Betis Balompié, Manuel Ruiz de Lopera, reconocido devoto del Cristo sevillano y ella reconocida seguidora del equipo verdiblanco. Es curioso que el imaginero José Antonio Navarro Arteaga realizara para el Betis otra de las más conseguidas copias del Gran Poder y coetáneamente otra para la hermandad de Almería, quien sabe si no fue basándose en aquellos bocetos de Illanes, de unos trabajos que llegaron a hacer pensar a la junta de gobierno de la hermandad hispalense que alguien había permitido nuevamente que la imagen se estudiase palmo a palmo. He aquí la historia de Antonio Illanes con el Gran Poder de Dios, que significó el Señor de Sevilla en su vida y las significativas circunstancias que se dieron en él, en el año de 1950 en que gubió dos simulacros tan cercanos y a la vez distintos, que convivirían en el obrador y que incluso tuvieron que esperar hasta el año 1954 para poder ser venerados públicamente en Tacna y en Andújar.
JUAN PEDRO LENDÍNEZ PADILLA.
Artículo publicado en el boletín cuaresmal 2015 de la hermandad del Gran Poder de Andújar.
jueves, 12 de marzo de 2015
MOMENTOS COFRADES 2014. Parte II
Como ya hiciera en la primera parte, hoy les invitaré igualmente a disfrutar de lo que ya mismo acariciaremos con las manos disfrutando de la segunda parte de los Momentos Cofrades de la Semana Santa de Sevilla. Los dos primeros DVD´s nos alegraron los reyes y estos nos inyectarán la gracia para saborear escenas grabadas dignas del mejor arte de la filmación para poder ver la Semana Santa desde otra perspectiva también muy enriquecedora. Como podrán ver en el tráiler de esta segunda parte, en el primer DVD, que es el tercero en la obra completa de lo que fue la Semana Santa de 2014 tenemos al Dios de la sonrisa entrecortada, el Cristo triunfante de la ilusión, el Señor de la Sagrada Entrada subiendo la Cuesta del Bacalao con el clasicismo de sus hechuras por bandera, con un emocionante homenaje al que fuera su capataz, que el próximo Domingo de Ramos se asomará a los palcos del cielo con la ilusión de un niño a contemplar el galeón dorado del delirio sevillano. Magnifica grabación de la hermandad del Cautivo del Polígono de San Pablo en su saludo ante la sede canónica de los Gitanos, con el alarde trianero que de vez en cuando saca la cuadrilla del misterio, al compás de “Enmanuelle” y con un magnífico trabajo de sonido escuchándose la galera costalera del paso. La Virgen del Rosario llegando al compás de “Valle de Sevilla”, al que otrora fue convento del Valle y antigua casa, de la hermandad que le da nombre a la marcha de José de la Vega.
Este año volverá a repetirse, si así lo ve conveniente el Señor, lo que el año pasado fue un momento novedoso, las Siete Palabras por la Puerta Real, en la revirá de la capilla de las Mercedes de la Puerta Real donde pasa el silente Nazareno, donde Esencia dibuja la estampa decimonónica del gran misterio y la marcha “Hosanna in Excelsis” llena de su magia el caminar de la Virgen de la Cabeza bajo su nuevo palio. Magnifica revirá, famosa por la muchas grabaciones de esta casa en ese enclave, Rioja con Velázquez del “Jorobaito” de Triana con una sentía “Santa Marta” y un solo de “Rocío” de esos que aprietan el nudo cuando pasa el galeón de la Virgen de la O. El último momento de este DVD es para paladares exquisitos. Plaza del Cristo de Burgos, en su noche más mágica cuando llega de vuelta el Cristo que le da nombre, en silencio y su Santísima Madre de Dios de la Palma con la elegancia de su palio, andar y música. Tejera lo borda con “Ione” pero lo mejor de este momento es la voz de Manuel Cuevas que no deja a nadie indiferente con sus dos saetas.
En el último DVD comenzamos con una de mis cofradías favoritas, con la Sagrada Cena, viniendo de su salida en busca de la estrechez de Gerona, a los pies de un bar que me sigue sorprendiendo que viene abierto desde 1600… “la perla negra” sostenido al cenáculo sevillano, con ese magnetismo rozando la calle del gran Manolo Santiago, ese buen hacer de los hombres de los “Palacios”, y es que con la revirá que se marcan, al son de Cigarreras, parecen que van diciendo que ya no pasaría como contaba aquel chiste, aquí ya ningún costalero pide que “el que termine de cenar que se vaya bajando”. Se masca en el segundo paso ese segundo plano del que esta cuaresma se ha venido hablando que se lleva el genial y coqueto paso del Señor de la Humildad y Paciencia y al final llega la Señora del Subterráneo con esa alegría que desprende cuando el sol ansiado del Domingo de Ramos ilumina y aprieta. “Un cielo para mi Virgen” suena por el Alcázar para la decisión que hace famoso el andar de las cuadrillas de Villanueva mientras el palio regionalista de los Remedios rememora aquella extraordinaria que la hizo aún más grande, al son de Cebrián, la Virgen de la Victoria de las Cigarreras. Impresionante la recogía de los Gitanos, como consiguen grabar nuevamente cosas ya muy vistas pero desde otras perspectivas. Como ocurre con el Cachorro traspasando la plaza de San Pablo, tomando por dosel la iglesia más “granaia” de Sevilla, la Magdalena. El crucificado con sus marchas más clásicas dedicadas y la “Señorita” rindiendo honores a la Quinta Angustia. Igualmente se repite el recurso con el último momento, donde desde nuevas perspectivas y un gran trabajo nos trasportan al paladar de lo rancio con la recogía de la hermandad de San Isidoro, imponente paso de cristo y singular y grandioso paso de la Reina dorada de la aviación.
jueves, 5 de marzo de 2015
LA DEDICATORIA DEL PREGÓN...
Como ya está en la calle y ya está llegando a las casas de los cofrades bailenenses, otra “tradición” o señal bailenera que nos anuncia la llegada de la semana grande, como es el cobro del recibo de hermano y la entrega del programa de actos, cultos y procesiones de la inminente Semana Santa, les dejaré con la humilde aportación a los textos del mismo que he escrito por ser el que como ya sabrán muchos, el próximo Pregonero de la Semana Santa de Bailén. Siguiendo el hilo al que les tengo acostumbrados cuento una historia de mi vida, seguramente el primer día que vestí una túnica y salí en una procesión de “penitente”, y con ello aprovecho para saludar al pueblo que supongo que espera ya mi “discurso” como me suelen decir ellos por las calles. En esta ocasión, les dejo el articulo para aquellos que quizás no puedan acceder a un ejemplar y con ello dar públicamente las gracias a la Agrupación de Cofradías de la ciudad por elevarme a este “altar” donde seguramente, lo haga bien o mal, me llevaré el cariño de todos los vecinos que me han visto crecer y de esos amigos, tanto de aquí como de fuera que quieren estar esa noche conmigo. Espero estar a la altura de la circunstancia y así dejar bien alto la apuesta que en mi persona ha realizado el gran impulsor de que el simplemente capillita, dé el Pregón de Semana Santa, como es José Cisneros Chica, actual presidente de la cofradía que como bailenense llevo en el corazón, la de la Santa Vera Cruz, persona pues que conocemos mi familia desde que tengo uso de razón, seguramente, al siguiente día de la historia que leerán seguidamente, el Martes Santo, él ya fuera bajo los varales del Señor de Medinaceli y por consiguiente de todos los pasos que procesionamos, él que se siente ante todo “crucero” y devoto de Dios a través de su cofradía.
El pregón va dedicado a muchísimas personas que han forjado mi personalidad, pienso que hasta los que me han hecho daño, pero sobre todo los que fueron un hombro donde apoyarme en la vida, desde mis padres, mis hermanos, familia, amigos, cofrades, capillitas… todos, a los que os llevaré aquella noche en mi corazón, pero como siempre solía decir mi madre cada vez que salía por la puerta con flores hacia el cementerio, ese era ya el único regalo que le podía dar a mi hermano… quizás hay más regalos, curiosamente hace tantos años, él sufrió una accidente de moto donde salió ileso, tan solo con unos moratones por los golpes. Aquel día, curiosamente fue el actual presidente de “La Cruz” el que pasando por el lugar, los conoció, los socorrió y los bajó a mi casa, eran dos simples niños. No creo que haya sido casualidad, que sea ahora José el que me suba al atril del “bailenensismo” y como ya pocas cosas materiales le podemos regalar a mi hermano, este pregón, que es texto escrito con el alma, supongo que se lo debía, e íntegramente muchos iréis en él, pero todo irá dedicado a su memoria… y a Dios no hace falta, es el protagonista de todo.
EN EL GÉNESIS DE LA VIDA
No calzaría muchas primaveras a las espalditas que cubrían aquella primera y pequeña inmaculada capa con cruz negra remendada sobre el hombro izquierdo. No poseía años suficientes para entender aquel “disfraz” que cobijaba la inocencia de un niño que había nacido en un entorno, que como mandan los cánones de la sangre lo llevarían hasta ese irrazonable lugar que lo envolvía. La prisión negra de la penitencia lo encarcelaba bajo aquellos ropajes, que lo asfixiaban y lo sumergían en el escalofrío del temor que invade a cualquier niño. La masa se apostaba entres las aceras mientras él era introducido en un pasillo de fantasmagóricas figuras cogido de la mano de sus hermanos, vestidos como él, sus protectores aquel día. Es curioso, uno de ellos se marchó a donde no podemos ir los ¿vivos? y aun siente, treinta y tres años después que sigue cogiéndolo de la mano y lo guía allá por donde sus pasos se encaminan. Aquellos seres de puntiagudas cabezas negras podrían haberlo asustado, pero no, tan solo le invadía el temor a sentirse desamparado cuando lo hicieron coger aquel largo lienzo de algodón blanco que se desplomaba por la espalda mientras la lecciones de la vida le anunciaban que aquello era un “penitente”, y que él era otro, quien sabe si el más chico de aquel lunes. Un nazareno que cogía una extraña bandera donde volvía a aparecer nuevamente los dos travesaños entrecruzados… la cruz, ¿pero que era todo aquello? Otros chavales de su misma edad seguían los pasos de aquel penitente con estandarte en mano, cogidos de su cándida capa que parecía abrir la senda de algo, porque dos hileras de otros tantos, muchísimos la verdad, comenzaban a atravesar la ciudad que lo vio nacer derramando un patente perfume a cera derretida.
Miraba para atrás, no sé si más asustado por verse solo, intentando adivinar cuál de esos “cipreses” anónimos eran sus hermanos –los cuales aún no me lo explico, llegó a identificar, cuando el llanto apareció entre los huecos que daban luz e imagen a sus marrones ojos bajo el caperuz y lo tuvieron que llevar junto a ellos- o que era aquello que los tambores y las cornetas anunciaban, esos mismos que tal vez, un año antes, le daban miedo escuchar, taponándose los oídos con sus pequeños dedos, entre la bulla cogido siempre de la mano de sus padres. Aquel temor ya lo había superado, pero veía salir algo de aquella que parecía como una segunda casa de su familia y que le habían enseñado a llamar “El Cristo”. Salía apresurado, unas ruedas como de un coche, como el que tenía su papa lo movía por el frio asfalto, seguramente él iría debajo conduciéndolo. Flores rojas, “claveles” con el tiempo aprendió, emanaban como de aquel portátil huerto donde surgía un pequeño olivo. Su ignorancia le hacía preguntarse cómo es que no se caía, sin llegar a entender cualquier tipo de proceso de sujeción. Giraba aquello y alguien extraño, como petrificado, parecía vivo pero sin poder moverse y se abatía con rodilla en tierra y miraba fijamente a otro ser semejante a Él, algo más pequeño, como si fuera un niño, aunque algo más mayor, que tenía algo que lo hacia destacar poderosamente, incluso diferente al que lo acompañaba en aquel extraño carruaje… tenia alas.
Aquel niño se preguntaba tantas cosas… ¿Por qué se formaba todo aquello? ¿Quiénes eran aquellas personas? ¿Por qué llevaba una vela que todos llamaban blandón? Solo sabía por su madre que aquel que iba de rodillas y “con cara triste” se llamaba Jesús, y que “era muy bueno y los hombres malos le hacían daño”. ¿Pero por qué? Si a los mayores aun nos cuesta entenderlo, imagínense a los niños que comienzan a empaparse del mundo, que empiezan a forjar y afrontar la nueva vida a la que han llegado. Pero así comenzó a sentirse hijo de Dios, a recibir la gratificación de conocer “La Verdad” que aquellos hombres malos no entendieron y lo llevaron al peor de los tormentos, por eso tenía cara triste, de agonía humana, el Hijo de Dios más hombre que nunca, despojado de toda autoridad divina, para que siendo más humano que cualquiera de nosotros nos diera la lección precisa para vivir en paz en este mundo y cuando acabase esta travesía, vivir, de verdad, para siempre. Aquello era una cofradía, fue la suya como lo pudo ser cualquier otra y para cualquier otro llamado a las filas de la gloria. Pero aquello tenía que estar guardado en el corazón, fue la primera lección de esta escuela de evangelización, que algunos llaman “Biblia de los sencillos”. Esa sencillez con la que creció intentando absorber todo aquello que le decían que servía para catequizar… y lo enganchó, a sus mañas y maneras para poder vivir en la confianza de que todo lo que vivimos pasa ante Él y por Él. La travesía ya se hace extensa, me pregunto si solo habrá sido casualidad y si puede simbolizar algo que justamente con la misma edad que tenía Jesús cuando vivió su Pasión, Muerte y Resurrección le toque a aquel asustado niño explicarle a todo su pueblo que era todo aquello, quien es Jesús o más bien quién es Él para él. Si les digo la verdad aquel niño se conforma tan solo con estar anónimamente entre la bulla o recubierto por aquello que se llamaba túnica y que por supuesto nunca había que tratar como un disfraz. Nunca ha aspirado a mucho más, su único sueño en esta vida y que paradoja es poder vivir cada año aquello que no entendía y que se alzaba con majestuosidad, porque les digo el último secreto, aquello, sin saber por qué, le dislocaba el alma, sabia ya que había nacido para formar parte de aquello, que ya su vida no tendría sentido sin esa semana en la que cada año vivía la vida entera, en la que le sobraban el resto de los días cuando sentía que un año más se marchaba por el callejón de los recuerdos. Pero aquellos señores pensaron que ese amor serviría para transmitírselo a los demás, y pensaron que aquel niño, que es quien suscribe estas palabras, podría pregonar aquello que es para él algo más que dos simples palabras formando un título… Semana Santa, allá en la tierra que lo vio nacer y crecer y donde se forjó su amor con aquel hombre de pelo largo y barba y manos traspasadas hasta convertirse en el referente, en la guía, en el modelo de vida que ojalá algún día pudiese ser digno de llegarle a desatar las sandalias.
Para alguien que nunca ha sospechado que podría enfrentarse a tal encomienda, es ciertamente un honor la oportunidad que me brinda la Agrupación de Cofradías de Bailén, una responsabilidad que afronto con la satisfacción de subirme al balcón del bailenensismo para hacer simplemente lo que más me gusta, hablarles de Semana Santa. No sé si haberlo afrontado con más años sobre las espaldas -que se volvieron costaleras- hubiese sido lo correcto, pero mirando a Dios a los ojos, ese que tiene que tener la cara del Cristo de la Expiración, siento que así lo habrá querido, que quiere que sea ahora aun con todos los prejuicios que me puedan encontrar por el camino y como no, que aquel que lleva ya veinte años viviendo y disfrutando de la luz de su rostro, el que nunca me soltó de la mano como en aquel Lunes Santo, y que ocupó su hueco en los varales eternos, sigue empujándome como aquel día entre las filas a alcanzar estas cosas que ni me podía permitir soñar. Este es el segundo pregón que pronunciaré en mi vida si nuestro Dios lo ve conveniente, aquel día me di cuenta que ellos dos me buscan todo esto, y le prometí que si algún día llegaba al de Bailén, mi pregón iría dedicado a su memoria, él lo tomó en cuenta, movió sus cartas y aquí estoy deshojando la margarita morada que nos llevará a la Semana de Dios, porque yo querré llevarlos simplemente… a la gloria.
…a la memoria de mi hermano Cristóbal, que como su nombre significa fue y sigue siendo en el cielo… un portador de Cristo.
Juan Pedro Lendínez Padilla,
Pregonero de la Semana Santa de Bailén del año del Señor de 2015.
martes, 3 de marzo de 2015
LA LUZ QUE ILUMINA A LAS TINIEBLAS... (II)
Uno año más elijo el primer fin de semana de cuaresma para visitar Sevilla, aunque la verdad es que suele coincidir con mis “findes” libres de ensayos, por ese motivo la crónica parecerá en muchas ocasiones un calco de los dos años anteriores, ya que algunas hermandades tendrán en sus reglas el desarrollar sus cultos en el primer fin de semana de cuaresma. La mañana del sábado se abrió como no me gusta ver a la vieja Híspalis, mojada por la lluvia de la noche, aunque ella sea bella en todas las caras que nos la muestre la madre naturaleza. El cielo gris sin duda no es su mayor reclamo aunque me hizo coger el paraguas que al final solo fue un lastre toda la mañana. Me gusta esa tranquilidad mañanera de los fines de semana de la capital de Andalucía, esa tranquilidad que se rompe al medio día. El día empezó fuerte, ya que subí al cielo, primeramente a pie, buscando las alcobas divinas, pasando por el barrio de San Vicente (Vera Cruz cerrada) para llegar a San Lorenzo donde la tostada sevillana que tanto le gusta a mi amigo Óscar cargó las energías para el largo día y el Gran Poder de Dios se enmarcaba entre una gran almeja de mármol donde en el silencio parece escucharse sus lamentos. La limpieza del San Juan en el directo chocaba menos que en fotografía, pero nada que objetar suelo entender el sentido de estas limpiezas a fondo, creo que la gran mayoría son profesionales aunque el tiempo nos dirá si fueron lo más correcto o borramos algo esencial de la vida. En San Lorenzo se alzaba en su pirámide de cera la Señora de la soledad y en la capilla del Dulce Nombre esperaba vacía la hornacina al Dios de la Bofetá que volvería a levantar la disconformidad de los amantes de la solera días después.
Subí al cielo andando a visitar al Dios de la ciudad y para seguir viviendo en la gloria buscaría nuevamente el urbano, aunque antes, por San Andrés un universo de cirios esperando el encendido de las estrellas abrazaban el siempre sobrecogedor misterio de Santa Marta, la visita a la tumba del maestro que obró el portento y para la despedida, contemplar como a Araceli le sienta bien eso de salir a la calle que hasta en su templo destaca más. Buscando el Duque para coger el bus, en un cartel de un establecimiento en Trajano, Silvio Melgarejo me recordaba su éxito más cofradiero y es que a ritmo de swing me fui buscando a “la más pura Concepción”, que como dice la canción, “su Sevilla, antes que Roma proclamó”. No se puede pensar otra cosa cuando ante el arco macareno te plantas y vuelves a entrar en el cielo, y esta vez ha sido una de las veces más místicas de las que he entrado, porque en el equipo de sonido de la basílica sonaba unas piezas sagradas que te hacían perderte en los ojos de la Esperanza, vestida como a mí me gusta que sea la cuaresma, de hebrea, y con el estilo primigenio siempre más o menos respetado. Hubo tanta suerte que pude volver a verle la cara, aunque fuese en un espejo, bien cerca en su joyero que tiene por camarín. Costaba marchase de la paz que se mascaba por los cielos de San Gil, dejándole esa luz para que Ella siga iluminándonos.
De San Gil a San Julián donde la Hiniesta extendía su mano, buen gusto el de su hermandad para los montajes donde destacaba extraordinariamente el besapiés del Cristo de la Buena Muerte, el cual mostraba a mi entender el magnífico trabajo de limpieza sobre su policromía en la reciente restauración, otro que parecerá del norte recién llegado a una playa cuando el sol lo ilumine, así lo quiera Dios, el próximo Domingo de Ramos. Los callejones de San Julián me llevaron por el laberinto “sin minotauro”, como diría Bunbury, a Santa Isabel, donde la Piedad Servita tendría su igualá, era la hora pero allí no había ni un alma. San Marcos, Mortaja y Terceros cerrados a cal y canto. Santa Catalina pareciendo resucitar poco a poco, ojalá por aquí nos moviéramos como en Sevilla para que gobierno e iglesia restaurasen las joyas que se nos caen a pedazos. San Ildefonso una vez más cerrada, ya sé que no tengo que ir un sábado por la mañana. La calle Imperial sonaba a lágrimas de cera de la Virgen de San Roque de vuelta, en San Esteban, su antiquísimo Cristo estaba de cultos, pero una boda hacia inaccesible el paso. La cera encendida… supongo que los novios serian de la hermandad y eligieron esta fecha para casarse con el mejor de los testigos delante. Luego llegó uno de esos momentos en los que echas a andar pensando que te vas a equivocar y al final aciertas. San Benito estaba abierta y por fin entraba sin ser un nefasto Martes Santo y podía colocar a las imágenes de la hermandad en este bello templo. El Presentado, parecía presentarse a Sevilla como su marcha nos indica entre una nueva cascada de cera, entre San Juan y la “Palomita de Triana” que mostraba igualmente su despojo del moreno de los siglos. Me encantó las capillas de la hermandad, sobre todo el recurso de los azulejos de las paredes, con iconografía queriendo siempre evangelizar con todo lo que le pongamos alrededor al Señor y María, un detalle que cada vez pasa más inadvertido en las cofradías que solo buscan volutas barrocas y poco mensaje. Soberbio el nuevo altar del Cristo de la Sangre, que se presentaba en besapiés pero no en ese momento, había que esperar a las horas de misa y cultos. De vuelta a Sevilla por los caños de Carmona, en San Esteban, el sochantre me miraba como un perro rabioso adivinando mis intenciones para entrar a morder mientras barría el arroz del enlace matrimonial, por ello, no molesté y la judería se abrió paso, ya sabiendo por donde había que tirar en ese nuevo laberinto y llegó el reencuentro con San Nicolás y el pequeño Nazareno de la Salud que ahora le tocaba estar en besapiés. Un placer contemplar los grafismos tan cercanamente de este Nazareno que nació para retablo y acabó paseándose por Sevilla recordando en el barrio el tormento de un Dios gitano. Es curioso, cuando te vas de allí, me suelo ir tarareando la marcha “Candelería” de Marvizón… de repente, se abre una puerta a escasos metros de la iglesia, buscando la Alfalfa, y sale el compositor, su esposa, la periodista cofradiera Charo Padilla y supongo que su hijo, que por su edad me recordó como Carlos Herrera anunció en su pregón el embarazo del mismo, ese pregón donde se estrenó “Candelaria”, porque al genio que nos llevó a la gloria aquel año y los de después, se empeñó en que sonara una marcha dedicada a su Virgen y supongo que escrita por su amigo. Fugazmente observé al joven, y pensé…. Como pasa el tiempo. Ayer mismo ensaye el pregón de Bailén y mi amigo Pedro Soriano me dijo, te sale el eco de Herrera… no es a caso hecho, pero la inspiración parte siempre de lo ya creado.
Se acercaba la hora de la comida y en la Plaza del Pan hice carga de incienso casi para todo el año, aunque a este ritmo no llego a Semana Santa, ahora mismo echo la mente a volar oliendo a canela y clavo, incienso de los Gitanos, curioso, sin hacerlo adrede, me pongo a recordar viniendo de visitar a un nazareno que se llamó de la Salud en recuerdo del Dios calé sevillano. Pensé en ir a dejar las cosas al hotel y comer y con ello descansar para la tarde, que empezaría en el Salvador, pero fue antes… uno de los portentos de la ciudad nos acercaba su taladrado pie para regalarle lo que Él nos da cada día… Amor. Ese “primer orden”, como dirían unos amigos lucia por los cuatros costados de la nave de la epístola donde esta cofradía tiene su morada en tan suntuosa casa. El pelicano del amor parecía recibir a los devotos mientras el Cristo de Mesa sobrecogía como en la mañana en el camarín de San Lorenzo. Retablos que te hacían no querer irte, Pasión al fondo levantando el pellizco y San Cristóbal, portento documentado a Montañés recordándome que será protagonista de mi pregón, así que aconsejo a todo el que me lea y vaya a escucharlo busquen su historia para comprender una de las partes más “gongorinas” –salvando las eternas distancias- de la exaltación del día 21 de marzo.
En la plaza le daba un abrazo a Joaquín “el negro”, de Linares, del Prendimiento por pasión y devoción y corredor –allí estaba por la maratón- por afición, que quien me lo iba decir a esas horas que días después le envío los mejores deseos para que siga con esos mismos valores, pasión, devoción y afición al frente del paso palio de la Virgen del Rosario de Linares junto a mi capataz David Parra, que ha cogido el timón de los pasos de nuestra hermandad. El día podría haber sido intenso, por la plaza de San Francisco un costalero de la Candelaria me indicaba por donde ensayarían en apenas una hora, comí y deguste por primera vez una rica Cruzcampo en el mismo sitio e incluso pensé en visitar la galería de arte del museo de Bellas Artes, pero el postre me esperó en la campana y para que la cosa bajase me fui a visitar lo que habría que visitar siempre cuando se va a Sevilla… la Giralda. Pero había que descansar, tras esto, para eso había cama, que la tarde había que echarla.
Tras el descanso programé ir a Triana, volver al centro y acabar nuevamente en Triana… no salió lo planificado. Antes por la Magdalena el rancio abolengo se alzaba para abrazar al Cristo del Calvario y por san Buenaventura le besaba los pies a la Salvación del mundo hecho cristo crucificado queriendo bañarse del sol del Viernes Santo algún año. Reyes Católicos, el puente, Triana hervía, se llenaba de gloria de vísperas. San Jacinto enterita, un día más para visitar al Soberano que lo llenaba todo en su pequeñita iglesia de San Gonzalo, que gusto visitar así, sin nadie, yo desde el banco y el indicándome con su escozo a la peana, diciéndome... YO SOY. En la Estrella se esperaba casi como si fuera un Domingo de Ramos, pero la espera se alargaba, si se anuncia que se sale a las 19:30, ¿para que salió cerca de las nueve? Se desmantelaban los planes y me marchaba, con otra caminata a la capilla de la fábrica de tabacos donde el “Amarrao” sevillano igualmente recibía el rezo del Santo Rosario elevado sobre una pirámide morada. De vuelta a la Estrella, por la calle Larga me cruzaba a músicos en territorio “enemigo”, nunca más lejos de la gran realidad, la música convertían a Triana y Macarena en una sola Esperanza. Pero antes en San Jacinto el zapatero ya imponía sobre las andas, camino de Santa Ana, con la genialidad del flamenco Arce sobrecogiendo a todo el arrabal que colapsaba la arteria trianera. Pepe Luna mandando al Señor, el capataz de la que venía por detrás la cual comandada Manolo Vizcaya, capataz del Penas de Triana. Llegaba la Estrella, con su suntuosa sobriedad y detenía el tiempo, y es que como le digo a Miguelillo, amigo y su costalero, pocas dolorosas hay como el “Lucero de San Jacinto”. A mi vera se apostaba medio programa del Llamador, Javi Blanco, López de Paz, Cattoni y José Manuel de la Linde al que pude estrechar la mano y darle las gracias por el trocito de gloria que me brindo hace unos años.
Era tarde y el Arenal había hervido de vía crucis o traslados, pensaba acabar en la calle Feria y escuchar a Esencia en el Gran Poder. Pero parece ser que la Esperanza de Triana quiso que viviera una noche histórica, así que me fui para su casa que se colapsaba de los amantes de la música y es que la Centuria Macarena tocaba en el territorio de la “otra” Señora de Sevilla. La capilla a rebosar, en la santa misa, seguramente por muchos que no escuchan una en años, pero bueno, si rezan tocando nos podemos conformar. Parecía que iba a salir la cofradía, pero solo era un concierto. Intenté ya que iba a vivir la experiencia, entrar dentro pero solo me quede apretujado en el recibidor de la capilla de los Marineros. El eco inconfundible de la Centuria llenó la calle Pureza de Triana y en fila india se fueron apostando bajo la Señora de verde, llenando más si cabe del color de la esperanza el entorno con tintado de sus uniformes que tanto recuerdan a la madre y maestra del estilo en Sevilla. La presentación a cargo de Juan Miguel Vega, fue pues como son estos genios sevillanos, justa pero perfecta, para seguir aprendiendo, y es que la memoria y la emoción viajaron en el templo mientras lo escuchaba hablar y aprendía de Sevilla, hace veinte años, escuchando su voz en aquellos videos de la Campana del periódico del Correo, yo era un niño soñador y ahora un menos niño metido en el sueño. Sonó Centuria, derrochando buen hacer, me sorprendieron, suenan a “reventar”, pero a mí me sigue gustando más las bandas que siguieron la evolución emprendida por Cigarreras, es decir con bajos, aunque me quito el sombrero con la cantidad de matices que han conseguido solo con cornetas en el viento. Sones que levantan la polémica hoy en día sobre si se debería llevar más instrumentación o ser fieles, como ellos, a la corneta y el tambor. La verdad, tocaron dos marchas más actuales de otras bandas, que no son de su filosofía y me di cuenta que la polémica es una auténtica tontería, “Sobre los pies te lleva Sevilla” y “Tres Caídas de Esperanza” me siguen sonando a cornetas y tambores, con más instrumentación y con menos.
En fin, que yo podré contarle a las generaciones futuras: “yo estuve en el día en que los macarenos y los trianeros solo fueron de la Esperanza”, Ella tan guapa y sublime observándolo todo desde su camarín. Ya solo me quedaba buscar el ensayo de la cuadrilla de su Hijo de las Tres Caídas, pero antes me pasé por el Bar Santa Ana a cenar algo donde me encontré que el cortejo de la Estrella aún no se había recogido, por lo que pude contemplar la entrada en la “Señá Santana” del Señor de las Penas y la Virgen de la Estrella. Por cierto, en Sevilla suelo encontrarme los camareros más profesionales, pero lo son aún más cuando tiras de carta… con el estómago lleno me marché otra vez al Tardón que es por donde ensaya la cuadrillas del “Caballo de Triana”, con una primera incertidumbre de “a ver dónde carajo está esto”. Me metí por una calle por donde los vi el año pasado, a los pies de unos pisos donde un azulejo me indicaba que ahí nació Isabel Pantoja. A esas horas aparecía por la puerta en la solitaria calle una señora y no tenía a más nadie a quien preguntar. “Perdón, ¿ha visto por aquí un ensayo de costaleros?”. “¿el Tres Caídas no?”. “Si señora”. “Pasó hace un rato hacia allá”, y en esa dirección me fui pensando que solo podía estar en Sevilla ante su respuesta… otra curiosidad es que al final se abría una plaza, estaba en la calle Juan Díaz de Solís (buscada por google mapas) y había un casi solitario bar, con pocas personas y se imponía en presencia y voz el capataz Rafael Díaz Talaverón conversando con el resto… pensé, “como para buscarlo por toda la ciudad”, y es que allí ya solo había tranquilidad. Al volver la esquina, esa tranquilidad cambió, la bulla abrazaba el ensayo de Triana embutido en su esencia y estilo, fijándome en algunas cosas y en otras obviándolas, “esto es Triana” como dicen allí… pasaron a las puertas de la “Lola”, una confitería donde muchos de algunos amigos de Linares han vivido grandes momentos cada Lunes Santo antes de empezar a saborear a San Gonzalo. Hasta allí marchó el ensayo al compás de la banda blanca de la madrugá en el cassette. En San Jacinto veía caras de toda Andalucía, no era yo el único “loco”, pero la locura acabó con el cansancio y como estaba solo para decidir conmigo mismo, comencé a darle paso a la trasera hasta el Museo y a descansar para el último día que sería sólo la mañana…
CONTINUARÁ…
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