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miércoles, 8 de abril de 2020

JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ Y RAMÓN EN LA SEMANA SANTA DE 1916

Hoy les voy a dejar una historia sacada de los papeles viejos. Tal vez no les apasione, pero creo que es un pequeño documento sobre la personalidad de un mítico bailenense (autor de la letra del Himno de Bailén), del que aún se ha escrito muy poco. Me refiero a D. José María Martínez y Ramon, una figura nacional en muchas facetas y en Bailén uno de los “Martínez” que vivió en la Calle del Oro. Una familia hacendada (que vino desde la cantábrica Torrelavega) que tuvo por cabeza de familia a D. Juan Martínez Duro y Dª Amalia Ramón Palacio. Estirpe de fuertes lazos religiosos, como era lo común en estas elites familiares, José María antes de estudiar abogacía intentó ser cura, algo que sin duda tuvo que marcar su personalidad creyente. En Bailén nos dejaron muestra material de sus convicciones con la iglesia y sus cofradías, donando túnica a Nuestro Padre Jesús (con escudo de Bailén y Torrelavega incluidos), manto a la Virgen de Zocueca, el primer Cristo de la Expiración y el actual o el crucificado que presidió el testero vacío (tras la destrucción en la Guerra Civil del retablo mayor) de la iglesia de la Encarnación hasta que se reemplazó por el actual retablo del barcelonés Carulla. La imagen se encuentra hoy encima del camarín del santuario de Zocueca. Si a todo esto le añadimos su prestigiosa fama con la pluma, podemos encontrar este curioso recorte que les adjunto.
Pertenece a la prensa de su época, en concreto al especial de semana santa del año 1916 que editaba el diario “El Pueblo Católico”[1]. Son curiosos estos especiales. Aunque es lógico que un diario con ese nombre sacara estos especiales, es cierto, que durante todo el año le dedicaba especial atención al mundo religioso y al cofradiero (en el documenté el antiguo Resucitado de Baeza). Es más, mi sorpresa fue ver la gran cobertura que se le daba entonces, cuando pensaba que sería muy diferente. El lunes (santo), escuchando desde mi mesa de trabajo la serie televisiva “Amar es para siempre”, que se “tragan” mis padres todos los días (serie ambientada en tiempos pasados) me hizo gracia como una de los personajes se quejaba leyendo la prensa: “como se nota que estamos en semana santa, solo hablan de procesiones”. Me reí recordando mis investigaciones porque era cierto, estaba bien documentado el momento, porque leer aquella prensa en semana santa, puedo ratificar que cubría en su gran parte la semana santa.
Son bastantes famosos en el mundo de la investigación giennense aquellos periódicos y especiales, aunque nunca nadie le ha ocupado un gran estudio a los mismos. Investigando en ellos en la hemeroteca que conserva el Instituto de Estudios Giennenses pude prácticamente leer casi todos. Aquellos especiales nos hablan antropológicamente de la época. Se destacaba mucho más lo espiritual que lo material si los comparamos con las publicaciones actuales. Es decir, se escribía más de Dios y mucho menos de procesiones, entonces hablar de estrenos y las demás cosas de las que más se habla hoy en día, no entraba en aquella mentalidad de la época (aunque también lo había y son fuente importante de documentación). Buscaban firmas prestigiosas o la de sacerdotes provinciales para exaltar la Pasión, Muerte y Resurrección desde sus cualificadas y más doctas plumas. Como es el caso en la que José María Martínez y Ramón colaboró con una columna llamada “un clavo de la cruz” firmada el 5 de abril de 1916, justamente en la antesala de la (tardía, 15 de abril) semana santa en la que tal vez se estrenó el Cristo de la Expiración que su clan familiar donó para Bailén.



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/El_Pueblo_Cat%C3%B3lico

martes, 7 de abril de 2020

30 AÑOS DE BUEN MORIR EN LA SOLEDAD


Me gusta que empecemos a preocuparnos por la historia. Sin ella no somos nada, sin ella no podemos aprender para mejorar y no equivocarnos. Sin historia estamos condenados a tropezar en la misma piedra. Hoy la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores (y del Cristo de la Soledad) de Bailén nos ha recordado un día feliz de su historia en estos históricos días tristes de la Semana Santa. Hoy su titular cristífero, el Cristo del Buen Morir (entonces), poco después el Cristo de la Soledad fue bendecido en su vieja y primitiva ermita de Santiago, San Marcos, San Nicasio y hoy (y entonces también) de la Soledad. Treinta años de aquel 7 de abril de 1990. 30 años cumple el crucificado muerto de Bailén. Quién lo iba a decir, que parece que fue ayer. ¿No es cierto que a todos los que vivimos aquello aún nos parece nuevo? Hoy hay hombres y mujeres hechas y derechas que nacieron con Él ya entre nosotros. Pensar en esas cosas son las que me hacen sentir con cierta pátina sobre los hombros.
En la historia, está la que se cuenta a través de los documentos y la que se cuenta de forma oral. Yo también tengo mi historia de forma oral, la que se guarda en la memoria. Por ello, en felicitaciones por esos treinta años entre nosotros del “crucificado de la Virgen” (otra de las formas de referirnos a Él), como no podemos estar donde deberíamos estar, les dejo esta entrada por si les sirve de entretenimiento. Entonces tenía 8 años recién cumplidos y la víspera de la llegada de la mágica semana se reducía a escuchar en la lejanía desde mi azotea, los ensayos de las bandas del pueblo. Pero mi alma no despertaba del letargo hasta que llegaba el Saludo. Para aquel día ya había pasado y seguramente en casa no pararíamos de jugar a las procesiones. Aquella jornada de la bendición era sábado de pasión (¿puede que lluvioso?), al día siguiente un nazareno, perdón, un penitente rojiblanco con una palma despertaría la mayor ilusión de la vida a este niño que hoy calza 38 primaveras. Ya había pasado un saludo salpicado por la llovizna de la mano de mi abuela Isabel tras el manto de la Virgen.
Me sorprendo al comprobar como hoy es la vida de un niño de 8 años (super protegidos por los padres) y como lo era entonces, porque éste salía a jugar a la calle y se alejaba en cierto modo de los confines de su casa sin ningún miedo. En una de esas aún recuerdo por sombras el apresurado traslado de la Virgen en su trono hacia la ermita, cuando no es lo normal. La Virgen de los Dolores tras el septenario se queda en la iglesia desde donde emprende sus procesiones de Semana Santa. Lo que no se, es cuando volvería, porque el Jueves Santo ya salió de la iglesia. La Virgen iba a recibir a su hijo.
Desde 1661 la Virgen había estado siempre como la llamaban, la Soledad, aunque en su casa ya hubiese estado el Santo Sepulcro (pero ahí podemos decir que dejó de ser suyo) y San Juan. Aunque también hubiese estado un enigmático Cristo de la Paz… ya que estamos y aún no hay título oficial, ¿rescatamos esta advocación…? Ahí lo dejo… La Virgen estaba para ocupar su lugar en la escenografía procesional que conformaban todas las cofradías. Sus cristos eran los de la cofradía de Jesús, y para la cofradía de Jesús, su Virgen era Ella.
Pero continuamos, que quiero hablar desde la memoria, no desde los papeles viejos. La guinda del pastel de aquella revolución juvenil que llegó a la cofradía y con ella a toda la Semana Santa, fue precisamente cambiar aquella tónica, la Virgen ya no estaría sola en su dieciochesco camarín. Que por cierto, de forma oral me contaron que la idea primigenia es que ambos estuviesen en el camarín creando un Stábat Mater, luego en el lugar de la bendición y después donde está, recibiendo al fiel nada más entrar… pero es relato oral, no digo que sea verdad.
Aquel sábado de pasión, salimos de casa como cualquier sábado pensando que acabaríamos en “La Tinaja” saboreando un rico mosto del Puntal con las mejores gambas rebozadas que mi paladar haya degustado. Y tal vez acabar como siempre en un bar del Cojo que ya rezumaría pasión por los cuatros costados con la cartelería inundando el bar mientras con otro mosto caería ese rico pan aceite con bacalao “del que no para” (esta expresión es solo apta para mis allegados). Pero no, íbamos por la calle de Baeza en busca de la Soledad, como cuando íbamos por allí nada más que para la velada de septiembre.
Aun recuerdo entrar por la rampa del legendario atrio rodeado de aquellas cruces que tanto encanto de otra época rezumaban y rezuman. Yo diría que cuando llegamos ya terminó la bendición, aunque se que lo bendijo don Manuel (que con alguien lo admiraba y comentaba a sus pies), el cura que forma parte de mis recuerdos en aquel tiempo, el que me dio la primera comunión. La ermita aún tenía gente, que se notaba que estaba como en los momentos de ser un día importante. Aquel trono de plata me imponía en mi pequeñez. Entonces aquel paso de palio marcó el antes y el después en la semana santa, donde reinaba una Virgen que cosas del destino, Romero Tena (Romero Tene entonces) nos la regaló extremadamente bella, pero más que guapa, lo que esa Virgen tiene es un pellizco espiritual o llámenlo como quieran, que nunca deja indiferente a nadie, aun así a como se vestía entonces.
A su lado se mostraba imponente el crucificado. Le pregunté a mi padre que era eso (vamos toda la situación) y me dijo que la cofradía iba a sacar un Cristo nuevo. Desde entonces ese Cristo, para mi familia y creo que muchos bailenenses era “el cristo nuevo”. Como los cofrades somos tan nacionalistas y guerrilleros, rápidamente los empezamos a comparar con el otro crucificado de Bailén, que encima era el nuestro: “el enclavao nuestro es mejor, a qué sí, papá?”. Mi padre me dijo, “pero este está muerto, el nuestro está vivo”. Así me explicaba la idea que la cofradía tuvo para aportar algo nuevo, algo que no había en Bailén pues prácticamente desde que al Santo Entierro, cuando estaba en esta ermita, saldría así, crucificado, para posteriormente realizar el descendimiento y convertirlo en el Santo Sepulcro. Quedándose así su “Cruz sola” en las andas… y dando lugar a la escuadra de nuestra cofradía. ¡Vaya hombre!, ya he vuelto otra vez a los papeles viejos.
No se me olvida el silencio ante la nueva talla. La verdad nunca había visto un Cristo de estas características. Entonces llamó tanto la atención el mechón de pelo que caía por efecto de la gravedad, al inclinar hacia delante su cabeza en muestra de la muerte. Fue uno de los grandes “peros” que le puso el pueblo, hasta el punto, como también me contaron, que la cofradía llegó a pedirle a Arjona Navarro que se lo quitase. El imaginero, como celoso artista se negó y se quedó, y ya nadie ve extraño ese mechón, incluso me pregunto ahora qué le veíamos de extraño, si es lo más normal. Arjona Navarro les explicaba que era lo que se hubiese formado entre sus cabellos al estar empapados de sangre semiseca.
1990-2020

Stabat Mater 2020

La presidenta (hija del presidente que lo trajo) entrega en los pasado cultos un recuerdo al sobrino de Arjona Navarro que falleció en 2012.
Llegó el Cristo y salió en la jornada vacía de entonces, el Miércoles Santo (que acabaría siendo su jornada y su día) en un vía crucis que realizaba la parroquia del Salvador hasta la otra parroquia sin cofradías, la de San José Obrero. Fue un vía crucis parroquial en conjunto con la cofradía, pero sin nazarenos. Pero de eso luego me enteraría al verlo en el video Beta que mi padre nos compró tras la Semana Santa. Con el tiempo descubrí que entonces la agrupación de cofradías (ahora que se ha ido el ideólogo de Bailén, puedo decir que no me gusta nada eso de UNIÓN) los encargaba todos los años. Esos mismos que he buscado recientemente y colgué en la red para que todo el mundo los viera. Me resulta gracioso cuando aún me llega cualquiera y me dice: “Juan Pedro he visto en internet unos videos antiguos de Bailén que te tienen que encantar” y pienso… “¡anda ya!”.
Via crucis de 1990 por el barrio del Salvador
Después salió el Viernes Santo en la procesión del Viernes Santo (1990-91), integrado en aquella mítica procesión general del Santo Entierro, sobre el viejo trono de madera de la Virgen. Es curioso que no tengo recuerdos en mi mente de ese trono llevando a la Virgen, para que vean que no soy una máquina para todo. Pero ahí apenas lo disfruté porque iba con mi Cristo de la Expiración, solo lo llegué a ver cuando pasó ante Él en el cruce de despedida, calle Isabel la Católica y García Lorca. La historia de después, fue buscar su sitio en Bailén. En 1991 pasó a la procesión del medio día del Viernes Santo, junto al Calvario y la Piedad (os dejo el video de 1990 y 1991). Incluso su nombre, que si era del Buen Morir, pero luego de la Soledad, y luego el Miércoles Santo se llenó de una procesión sin música, de respeto, de algo que sin saberlo se convirtió en la procesión que seguramente todo bailenense más valora (más desde que es más rápida andando), y es que el silencio, el respeto, lo bien hecho le puede a todo populismo, y a el acudiremos, tal vez, para salvarlo todo algún día…

lunes, 6 de abril de 2020

AQUELLOS LUNES DE ORACIÓN Y LA SAETA DEL CAUTIVO...


Esto del internet ya le ha quitado el encanto a muchas cosas. Se pensaba mi padre que iba yo a estar en la semana santa del confinamiento viendo las retransmisiones repetidas de años atrás del Canal Sur cuando por esto de la red ya está uno borracho todo el año de ver videos. No sabe que a estas alturas ya llegamos hartos. Pero hace un rato he escuchado el sonido de la campana, y parece que el de la túnica blanca me ha llamado. Estaba el Canal Sur echando una retransmisión del Cautivo de Málaga de hace unos años, y sentados en el sofá hemos rememorado los Lunes Santo de nuestra infancia.
Corría los primeros años de los 90. Entonces todo era muy distinto. El lunes era día grande. Nos estrenábamos en la semana santa enarbolando al aire la blanca capa de la túnica de “penitente” de nuestra amada cofradía. Qué nacionalistas somos los cofrades. La cofradía es como la misma patria de nuestra vida. Aquellos años que vivía tan intensamente cuando aquel Cristo dibujaba la curiosa estampa orante ante el pequeño ángel que bajaba del cielo a reconfortalo junto a una rama de olivo, que dice mi padre traía siempre el hermano de “Nofre”. Siempre me llamaba la atención aquel sistema de sujeción a un pequeño tronco de oliva. Recursos genuinos de la gente del campo que aún entendían poco de troncos realizados por tallistas. Fue el día de mi estreno siendo muy pequeño, el de mis hermanos, el de tantos niños que soñaban ser penitentes “de la que más salía”, populismo puro que va desapareciendo…. Era una fiesta. Estrenábamos el “blandón” que había comprando en “Mari Pepa” (nos traía la ilusión de los regalos de navidad y el cirio de semana santa) o en la casa del “Cojo”, auténtica “sacristía” de la ermita en aquellos años. Yo prácticamente ya recuerdo la época de los floristas, con esos centros de claveles más perfectos que sustituía a las pellas de barro liadas en papel Albal que les llevaba mi padre. Que olor a flores más inolvidable… aún cuando voy por el campo y veo ese “monte” silvestre, lo corto y lo huelo para viajar a esos momentos.
Lunes del viejo barrio del Santo Cristo, por los confines de Vista Alegre y las viejas hazas de Costilla donde se levantaron en la segunda mitad del siglo XIX las calles de los Campos (Casas del Campo), Jardines, Cervantes, Costilla y esa calle que la memoria histórica de unos universitarios situaba en 1936… la calle Ancha, 19 de julio (pero de 1808) en los papeles. Por ahí subía y bajaba el Cristo a ruedas en su pequeño trono y la antigua Virgen bajo esa inolvidable estampa del palio negro de algo así como de cajón. Olores de la cera de aquellos días inundan mis sentires cada vez que paso por esas calles y el estruendo de los tambores que llenaban de “ruido” los días de la pasión. La procesión del Lunes Santo ha sido siempre, como en una norma no escrita, la procesión algo menor que antecedía al gran Martes Santo cuando repetíamos (como se sigue repitiendo) con el Señor de Medinaceli. Por eso era más corta, más rápida y se recogía antes, sobre las once de la noche.
La vuelta a casa, aquella primera, rememoraba el rito esperado cada año, de la vuelta cansada de cada jornada juntos a otros penitentes que vivían por nuestro barrio. Y en la televisión nos esperaba el Señor de la túnica blanca “que parecía que andaba” …
Todo eso ha venido a mi mente sentando en el sofá viendo al Cautivo de Málaga por la calle Larios. Me ha hecho ver a mis hermanos pequeños, despeinados por el capirote viendo como la túnica del Cautivo se balanceaba al viento (ahora me he enterado que hay una leyenda malagueña que afirma que lleva un ventilador debajo…) y nos dejaba boquiabiertos. Mi padre ha vuelto a repetir por enésima vez que el trono era como el nuestro (el que tuvimos hasta hace pocos años) y yo por enésima vez le he dicho que no tienen nada que ver. La mirada dulce y resignada del Cautivo me ha llevado al día que me encontré frente a Él en San Pablo hace pocos años y me he preguntado ¿algún año seré capaz de bajar a verlo? Que cosas del confinamiento, que nos haga volar a aquellas anécdotas en las que nos embobamos de la grandiosidad de esas semanas santas que nos mostraba el naciente Canal Sur, pero que aún así, no podíamos dejar nunca de salir con la nuestra. Teníamos menos recursos, y todo cambió, hasta las promesas de fidelidad…
Gracias al internet eso sí, hace unos meses pude por fin encontrar algo que se nos clavaba en el alma aquellos Lunes Santo terminando con el Cautivo malagueño. Esa saeta que el cantaor y saetero malagueño Pepe Campillo le lanzaba al Dios del barrio de la “Triniá”. Esa saeta que nos tirábamos canturreando varios días después… rememorando aquellos días (la saeta suena en el min. 1:01:10) le pido al Cautivo malagueño, del barrio de la Triniá, que nos libre de este cautiverio… y nos de la libertad.
Foto: https://andaluciainformacion.es/andalucia/820808/una-semana-santa-en-la-que-las-criticas-siguen-tras-su-fin/
Video: Nostalgia Cofrade

domingo, 5 de abril de 2020

MI DOMINGO DE RAMOS FUE EN BETFAGÉ...


Con tanto tiempo para reflexionar, creo que he llegado a una conclusión para entender por qué fui a Tierra Santa las pasadas navidades. Nadie se piense que lo estuve preparando durante meses. Eso lo hicieron el resto de compañeros de la peregrinación. Por si alguien quiere saber más datos, el viaje lo organizó una parroquia de Madrid, la del Buen Suceso, donde está como en una especie de coadjutor un bailenense, un viejo amigo desde la guardería, el sacerdote Alfonso Puche Rubio. Pues bien, en ese viaje no solo fueron los feligreses del Buen Suceso, sino otros muchos pues que se enteraron por estos mismos feligreses, la mayoría familiares de ellos.
Como el cura era de Bailén, pues sus padres cumplieron el sueño de visitar lo lugares donde caminó y vivió el Hijo de Dios. Y por ellos fueron dos familias más de Bailén. Por cierto, como uno era Zagalaz, quien lo diría, de su padre y mi abuelo y de la Santa Vera Cruz de Bailén estuvimos hablando mientras comíamos espagueti a eso de las 12 de la mañana (en frente) tras visitar la basílica de la Anunciación de Nazaret…
Volviendo a la historia, para entonces ya había comenzado a trabajar la mano del de allí arriba y yo no lo sabía... hay que advertir que este tiempo no suelo trabajar, por eso yo estaba en mis cosas, investigado y de repente mi madre entró a interrumpirme y me dijo que el hermano de la vecina (gracias por todo Juan Angel y Rosa) se iba a Tierra Santa el sábado (era lunes) con un viaje organizado por Puche, "¿quieres que pregunte si puedes ir? ¿te atreves a ir?" Sin mucho para pensar, dije que sí. Tras informarse me dijo que había dos problemas, yo no tenía pasaporte y ya era demasiado tarde para hacer las gestiones. Una pequeña decepción, que respondí con: “pues me lo busco por otro lado, pero yo me voy a Tierra Santa”.
Viendo el problema que suponía no tener pasaporte para un imprevisto de este tipo, fui a pedir cita, que pensaría me la darían para tres semanas, pero no, podía ir al día siguiente, y al otro, y al otro... y que como yo seguía con mi investigación me la cogí para el jueves, que ponía lluvia y no iba a viajar a investigar mientras por Internet buscaba alguna oferta que me interesase, pero para enero o febrero… nada más llegar, me llamó una agencia para ir en enero, pero más por Jordania que Israel… “um esperen que lo tengo que pensar” les dije. Nada más colgar, al medio día, mi madre emocionada me buscaba diciéndome que la había llamado Candi, la madre de Puche, que había un hueco, pero ella pensaba que ¡no tenía pasaporte!, ¡lo tenían bien fresco!. hay que ver, se organiza el viaje cuando estoy libre de trabajo. Además, iba una madre con su hijo y una amiga de la madre, dejando el muchacho la triple para irse conmigo a la doble… todo así se fue cocinando en apenas dos días…
Juzguen ustedes mismos, algo estaba amasando aquel al que iba a visitar su tierra. En un día tuve que prepararlo todo, pasé de ni pensarlo a estar sobrevolando en la noche de Tel-Aviv en una experiencia única en mi vida, hablando con una media sevillana-israelí que visitaba su medio país (madre sevillana [de la Macarena] y padre de Haifa) por ser un capillita y que su otra media ciudad tenía mucha culpa... qué cosas, llegué a Israel hablando con una judía sevillana…
En fin, no vengo a contarles nada de la peregrinación. Pero me detendré en el día 28 de diciembre, que junto a la mañana del día 29 se condensó sin saberlo mi semana santa, dejémoslo en la de 2020. Fue la mañana donde por fin podía pisar y conocer cómo fue aquel caminar del rabí de Galilea. Había estado en su portal de Belén y en su casa de Nazaret. Navegué el mar por el que Él caminó, me bauticé en las mismas aguas (bautizado por mi primer amigo capillita) donde se echó todos los pecados del mundo, subí a la cima llena de calma donde se transfiguró, en fin tantos lugares… pero la ciudad santa se abría ante mis sentidos. Aquel día 28 caminamos por una larga y pendiente cuesta, una calle que desilusionaría a cualquiera y llegamos a un lugar donde había una iglesia. He de decir que la mayoría son iglesias modernas que tal vez a muchos no impactarán. Pero es que ir allí, más que a ver… es a sentir.

Salve Regina...


La casa de María

Hablando de Zagalaz, Lendinez y la Cruz....
Buscando el pesebre



En el lugar había dinero...

El Tabor

¿Pedro me amas?¿Pedro me amas?¿Pedro me amas?
No solo fue el bautizo... si no que lo hiciera mi amigo
Aquella iglesia estaba llena de motivos decorativos a Jesús a lomos de una borriquita. Obviamente estábamos en el lugar donde Jesús eligió su humilde “vehículo” real para entrar en la ciudad donde se consumaría la entrega por la salvación de los hombres. Aquel día sentí que la chispa se había encendido como nunca antes, empezaba la Pasión, Muerte y Resurrección, ¡empezaba la Semana Santa! aquello por lo que había soñado tantos años. Mosaicos, pinturas (las iglesias no son como las de aquí, o más bien como algunas modernas) algún vestigio de las iglesias bizantinas que nos recuerdan que los primitivos cristianos señalaron esos lugares como los “Lugares Santos” y una imagen en bronce, curiosamente realizada en España y regalada por españoles (no estaba mal, pero pensé que se podían haber pasado por un taller andaluz), que tantos recuerdos a un día como hoy nos trae una imagen de Jesús a lomos de una mula en su entrada en Jerusalén. Como dije había que sentir, la vista no te podía decir mucho. Pero pronto en mi mente vi esas colinas vacías de edificios, de ese campo tosco de Israel y sobre todo la orografía del terreno. Pude ver y entender por dónde venía Jesús con sus discípulos y qué dirección tomó, y vi aquellos hombres del siglo I subiendo esa misma cuesta que luego a todos nos destrozó al volver. Sentí a Jesús subiendo a la cima para volver a descender hasta Getsemaní (con un río Cedrón seco). Me pregunté qué sentiría Jesús al ver la magnificencia de la ciudad antigua que se asomaba ante mi para que nos bombardeáramos de fotografías. La imagen que vi no era la que Él vio (Él vio el templo y yo la mezquita de la cúpula dorada, la de "Omar" o de la "Roca"), pero como digo, es un viaje para ver maravillas, pero sobre todo para sentir dónde estás pisando. A cada paso había un lugar donde ocurrió esto o aquello, hasta que terminamos en el famoso huerto de los olivos.
Hoy en este triste Domingo de Ramos para los capillitas, he llegado a la conclusión, de que ese improvisado viaje a Tierra Santa era porque Él sabía que esa iba a ser mi Semana Santa. No cogí las riendas de la mulica de bronce en un mero postureo, quería sentir que yo era uno de los doce y llevar al Rey de Reyes una vez más a su entrega de amor por donde todo ocurrió… quise caminar tirando de su burra aquellas pendientes, fue un nuevo Domingo de Ramos, pero el más diferente. Dios me lo concedió. Me dio respuesta a los sinsabores del año, a los sinsabores de la vida cuando a veces la mente se apodera del ser y te hace lamentarte porque crees que no lo tienes todo. Solo se, que justamente lo contrario pudo hacer realidad ese viaje en un solo día… mi Domingo de Ramos fue el 28 de diciembre en la misma Betfagé tirando de la burra del Señor en busca de la Jerusalén eterna…





¡venga de frente... Señor!


domingo, 29 de marzo de 2020

EN UNA CUARESMA MUY LEJANA...



Dicen que la Semana Santa no se ha suspendido. Lo dicen porque la Semana Santa no son o no solo son las procesiones. Dicen que los que nos tiramos de los pelos por que no hay procesiones no nos acordamos de ellas nada más que cuando florece la primavera… es curioso. No pisamos una iglesia en todo el año. Ni vamos a misa nunca. No voy a decir que no yo no sea así… aunque dudo que ellos puedan corroborarlo de que no lo hago…
Nos quedamos primero sin cuaresma, y nos quedaremos sin Semana Santa (y Dios sepa ya). La gente reza en casa o asisten a los cultos a través de retransmisiones de un cura que solo mira a una cámara porque lo bancos están vacíos. Y en Semana Santa qué haremos, ¿ver más videos? Hace pocos días mi padre me dijo: “¿pondrá el Canal Sur la Madrugá del año pasado?” Y le dije: “papá, eso lo soluciono en un segundo”, y la Smart tv lo trasladó como si de una máquina del tiempo fuese, a la noche santa del pasado año. ¿pero eso es Semana Santa si no sentimos los relentes de la gloria a la vera de un paso?
Es curioso, nos invitan a la Semana Santa interior, y este no sabia que el Dios del calvario me la dio aquella madrugada navideña caminando por las oscuras y calladas calles de la Jerusalén vieja. En el roce de la piedra donde pusieron su cruz, en el perfume (parecía azahar) de la losa donde Dios durmió la antesala de las aperturas de la gloria. Amaneció en Jerusalén con esa misma luz de una mañana de Viernes Santo. No les exagero. La guía, religiosa ella, nos anunciaba que el sepulcro estaba vacío, que Jesús ¡había resucitado! Aún recuerdo que una mujer de la peregrinación me dijo, ¿porque has venido? Le dije: “estoy muy unido a Dios por su pasión y muerte, las cofradías andaluzas crean tipos como yo”. Ella lo entendió perfectamente, aunque me dijo que se quedaba con la resurrección. Curioso, me recordó algunos pasajes de mi pregón, cuando les hablaba a aquellos que no entienden la pasión y la muerte, que solo querían al Jesús que caminó la mar… esa mar que Él me concedió tocar y hasta navegar… ahí entre tantas cosas de cofradías hay una piedra del mar de Galilea.
Muchos me preguntaron si es lo más especial del mundo y yo me contestaba: nada como mi Semana Santa, ni el sobrecogedor vía crucis por esas callejas. Me pregunto, ¿me llevaste allí porque este año sabías que para mí no sería Semana Santa, aunque siempre podamos recordar aquellos momentos, como cada año bajo la luna del mes Nissan? Es curioso que no vamos a misa y ni tenemos vocación cristiana los capillitas, eso van diciendo desde esos lugares (como diría Carlos Herrera) “los que creen que un hogar solo es un sitio del que se puede salir sin fianza”. No ha habido cuaresma, o sí hubo algo.  No sé si os pasa, pero para mi ya me perece del año pasado como mínimo. Como cuando me asenté por San Nicolás, la devoción del maestro Herrera viendo la maravilla que es una casada de cera, con la misma explosión de los sentidos como si el domingo que viene no hubiera nada de pandemias. Me parece tan lejano aquel caminar hasta San Marcos y extasiarme en la sobriedad de la meditación en la penumbra de unas tinieblas gloriosas ante el Señor de los Servitas. El placer de paladear como allí se hace todo, hasta la misa… y eso que no vamos. No vamos a misa, pero una semana antes el Dios de la cruz de Triana me hablaba desde lo alto del madero. Había un concierto, que mejor que prepararlo con la palabra. La palabra hecha música de una madre cigarrera enmarcándome a ese Jesús de mis fantasías con la misma cara del gitano de la cava. ¡Por Dios!, me parece casi hace un año, cuando por Granada andaba envuelto entre papeles viejos (buscando historia cofrade) y a mi vuelta a la cama me pasé por los cultos de Jesús Nazareno en la refulgente luz de las hechuras más granainas. Y es verdad, la iglesia no estaba llena, pero por una simple razón, aún no hemos enseñado a saborear el éxtasis de la liturgia. Todo no quedó ahí, al día siguiente me apresuré a recibir la cuarentena más ansiada (esta no ). Aquella que se recibe con ceniza, como en la que se convertirán muchos más de los que nos esperábamos en esta triste cuarentena. Comenzaba la ilusión bajo las naves catedralicias de la casa del Santo Rostro. Allí estaba presidiendo junto a la imagen del que ostenta el poder y el imperio. Nazareno del nuevo Jaén que caminó aquella nave que tantas veces veo cuando hurgo en la historia. Junto a la capilla donde estaban las imágenes que pocos días antes había descubierto su paternidad en Pasión y Gloria. Para entonces la gente evitaba darse la paz… no tardé mucho en dar nuevamente la paz, porque seguí investigando, y viajando (en Granada otra vez, el miedo se palpaba ante el desgarrador caminar del Gran Poder y la desgarradora caída de parpados de la Esperanza). Y una noche por el Jaén de la noche de los tiempos me dirigí a las profundidades de naranjos y piedra de San Bartolomé para ver a Dios morirse sobre una pirámide de luz. Y Dios se hizo presente entre el incienso y el organillo me adentró “en manos de Jesús”. Así, la Expiración del maestro Medina llenó el pan de Él mientras las viejas coplas de una época transcendían a la levedad de la vida rememorando esos tiempos que esperemos, nunca se marchen…
Me parece tan lejano todo aquello como cuando el moreno de mi cuna me volvió hacer levemente hueco bajo sus pies, después de 20 años, lo llevamos en vía crucis por su barrio porque cumplía años, y que satisfacción que algunos de la puerta me los llevase para adentro para que lo escucharan hablar en el evangelio. Cogimos la cruz pesada que abriría el camino, pero la cruz que vino después fue tan pesada que el ensayo de San Gonzalo por la carretera de Coria, me parece ya de por lo menos hace tres años…
Y es que los capillitas ni nos acordamos de Dios en todo el año… pero que lo que pretenden hacer esos que dicen eso, eso, es lo que hacemos durante todo el año… una vez, una amiga en Linares nos preguntó por whatsapp que estábamos haciendo en aquel momento de aquel Domingo de Ramos en Sevilla. Le dijimos: “vamos a ver a la Estrella”. Y nos contestó: “acabo de verla en la Campana” … nuestra contestación es el resumen de lo que será esta Semana Santa… “tú no has visto la Estrella, tú has visto la tele”.





jueves, 26 de marzo de 2020

RECEMOS COMO EN 1769...



No corren psicológicamente hablando buenos tiempos para por lo menos mostrar un ritmo de la vida normal, dentro de lo que cabe. Tras pasar la indignación y la pena de toda suspensión de las cosas cotidianas que nos esperaban e inmersos en ese mar de dudas en la que nos tienen los de arriba, uno se pregunta qué deparará el mañana. Mi reclusión, haciendo caso a los facultativos, la estoy llevando con la lectura atrasada y el trabajo en la documentación que he venido recogiendo.
Cuando comenzó esta odisea, confiado como tantos de lo que nos decían, pensaba que esto no era para tanto. Pero las noticias nos han ido llevando a la gravedad del asunto, en la que tenemos que hacer lo que antes nadie hizo en la historia para salvar vidas: casi parar la vida. Quien me iba a decir a mi que en pleno siglo XXI, en España iba a vivir una epidemia como esas que eran el día a día (aliñadas con guerras) en las gentes y culturas del antiguo régimen. Está claro, que los avances médicos aún no han sido capaces de eliminar estas situaciones. Muchos se desgarran las vestiduras porque la iglesia ha cerrado los lugares donde antaño se creía que eran los únicos lugares para poder buscar una solución a una pandemia: los templos. Pero hoy, hemos crecido y la mejor oración como cristiano debemos hacerla en nuestras casas. En un principio, me negaba a tener que pedirle nada de este error (culpa de los humanos) a Dios, pero con el paso del tiempo, creo que en verdad deberíamos encomendarnos al que todo lo puede como hicieron nuestros antepasados para que sea lo que Él quiera. Y como no, pedir a la mediadora por antonomasia, la Virgen Santísima.
Por ello, les dejo una oración un tanto especial. Una oración que he encontrado entre los papeles viejos. Entre los protocolos notariales de la villa de Linares me encontré un papel con un texto que me llamó la atención… era, parece ser, una salve, sobre todo dedicada a la Virgen en sus tormentos dolorosos por la pasión y muerte del Redentor, su hijo. Se encontraba entre las páginas del testamento de Dª María de Monleón Ramiro, otorgado el día 1 de abril de 1769 ante el escribano de villa de Linares, Rodrigo José Alaminos.[1]
No sabemos quién lo escribió, no parece coincidir con la lera del escribano y por qué se encuentra ahí. Si se usó de separata por alguna razón. La testadora residente en Linares (natural de Granada, soltera y mayor de 60 años) y fallecida al día siguiente del otorgamiento (que lo hizo convaleciente de un accidente) no deja entrever en sus mandas ninguna devoción especial a una dolorosa. En aquel tiempo sobresalía la devoción a la imagen de la Virgen de los Dolores del convento de San Juan Bautista de la Penitencia. Pero no, sus misas van dedicadas a otras devociones de gloria (Linarejos, Cabeza…) y no deja nada a cualquier dolorosa linarense.
Sea lo que sea, ahí encontré un ejemplo de cómo rezaban en el siglo XVIII, y cómo afrontaban las penas de la vida con muchos menos adelantos que los nuestros (de los testamentos me suele impactar frases como: “me hallo en cama con el accidente que Dios Nuestro Señor ha sido servido de darme, más por su divina misericordia, estoy en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural…”). Como dije al principio, es hora de aguantar, seguir en casa, buscando entretenimiento y rezar por que esto acabe, porque mueran los menos posibles y por la situación económica que nos podamos encontrar. Yo lo hago con la historia y mi pasión religiosa, y no se me ocurría otra cosa mejor que poder compartir con todos vosotros que esta oración de 1769.
Transcripción:
Dios te salve mar de angustias
dolorosísima reina
Madre llena de aflicciones
de misericordia y pena
vida que al pie de la cruz
aunque de amarguras llena
¿fuiste? Dulzura del nombre
suave esperanza nuestra
Dios te salve dolorosa
a ti los suspiros vuelvan
como madre te llamamos
compadeciendo tus penas
los miseros desterrados
por las culpas hijos de Eva
a ti tórtola afligida
suspiros de tristeza
gimiendo nuestros pecados
y llorando culpas feas
en este valle infiel
[frase perdida]
constante abogada nuestra
vuelve a nosotros benigna
esos tus ojos que perlas
vierten misericordiosos
Por nosotros que finezas
y después de tantos halles
que en este destierro suenan
en vuestro oído piadoso
muéstranos por dulce prenda
a Jesús fruto y bendito
de tu vientre, oh de pureza
oh clementísima madre
oh piadosa entre mil penas
oh dulce entre amarguras
siempre Virgen Madre y Reina
oh María inmenso mal
de dolores y grandezas
ruega por nosotros Santa Madre
de Dios hombre halla en su diestra
para que seamos dignos de alcanzar por vuestras penas
los prometimientos de Nuestro Señor que reina
por los siglos y edades eternas.
Amen.”



[1] AHPJ, legajo 15152, fol. 59r- 65v.

martes, 10 de marzo de 2020

EL CIRINEO DE GONZÁLEZ OREA. (Programa de Semana Santa de Bailén 2020)


La llegada a los domicilios de los cofrades bailenenses del Programa de Semana Santa es la señal inequívoca de que la añeja y antigua Semana Santa bailenense volverá a resurgir cuando esa cuenta atrás lleve a los capillitas a estallar en sus sentidos aquello con lo que finalicé mi pregón de hace 5 años… “hágase la semana santa…”. Un año más he seguido fiel a la cita desde que me enganché a contar cada año cualquier página de la historia de las cofradías bailenenses. Este año sigo quedándome en el siglo XX, en aquella década de los 80 que tanto cambió la anquilosada celebración. Aquel viejo régimen que ya a un viejo cronista de los años 20 desesperaba porque no se igualaba con la de los pueblos limítrofes, pero eso será otra historia, ¿quién dice si no es la del año que viene…?
Este año me paro en dos figuras que tuvieron su protagonismo y que pasaron al olvido. Ya en los inicios de este blog publiqué la primera foto sobre una imagen de la que solo me hablaban pero no lograba conocer. Posteriormente afiné la vista y lo encasillé y atribui a un artista, y con ello la historia de su vida cambió, diría que radicalmente. Después lo conocimos en la magia del video ayudando a Jesús Nazareno bajo la luz que daba las masas populares, al son del tambor “machacón” y la marcial corneta, cuando no era la música tan televisiva en aquella década que le metía a los “beta” José Luis López. Ahora con la ayuda de la fuente primordial, los archivos, hemos podido documentar que aquel cirineo que a nadie gustó era una obra de arte contemporáneo salida de la mano del andujareño Antonio González Orea. Podremos conocer desde quien pudo ser aquel hombre de Cirene, hasta su presencia en el arte, su aportación en nuestra área de influencia pasando por los avatares de su adquisición para culminar conociendo un poco al artista que lo creó e incluso que más obras tiene en Bailén. Sin duda, como pasara con Palma Burgos, pongo en el panorama historiográfico la obra de González Orea en Bailén.
Pinche aquí para su lectura y descarga.